(A Franklin Gutiérrez)

Cuando visité en 2015, París, solo me alcanzó el tiempo para visitar el cementerio Pere Lachaise, en mi turismo funerario. Así que me quedé con la ilusión de volver para visitar el cementerio de Montparnasse, lo cual hice, recientemente, en  compañía de mi esposa, que me sirvió de fotógrafa testimonial. Tomamos un Uber (en París, Madrid y Lisboa, los Uber que tomé son marca Tesla, con olor aún a nuevo) y partimos al célebre camposanto. Tenía como meta visitar las tumbas de Cortázar, Sartre, César Vallejo, en principio, pero, al llegar, quedé fascinado con la cantidad de otras celebridades que allí duermen el sueño eterno, y que me vi precisado visitar. Entramos por la puerta peatonal, pues hay otra para buses y autos. Nos prestaron un mapa y emprendimos la caminata. Fue una travesía que nos tomó casi toda la mañana, ya que, aun con el croquis, resultó complicado identificarlas, pese a que están numeradas, y a que, las calles y los lotes, tienen sus nombres. Por fortuna, y tras la idea de que nos iríamos en blanco, cruzó un anciano francés, empleado del cementerio y, al vernos con piel de  latinoamericanos, nos preguntó si buscábamos a Vallejo (gritó solo el apellido con un español casi nulo y en acento francés: “¡Vallejó!”, dijo en alta voz). Le pedimos auxilio y nos llevó al lugar. Nos preguntó de dónde éramos. Al decirle, confundió República Dominicana con Cuba. (“¡Cuba!”, nos gritó con acento francés). Antes de irse, nos dijo, arrastrando las palabras, y haciendo un gran ejercicio de memoria, que también está la tumba de Porfirio Díaz (tuve que adivinar, pues no entendía ni hostia lo que decía, y tampoco sabía que estuviera ahí. No fuimos porque esa no estaba en mi búsqueda). Cuando buscábamos la de Sartre y Simone de Beauvoir (están juntos) y la de Cortázar (junto a sus ex esposas: Carol Dunlop y Aurora Bernárdez), tuvimos que volver a pedirle ayuda, aunque él siempre se mostró hosco, esquivo, huraño, quizás porque andaba rápido, en otra tarea, o porque lo molestan mucho. Fue lo que entendí y comprendí. Sin embargo, nos ayudó a buscarlas, y dimos con ellas.  Seguimos buscando tumbas, siempre armados con el mapa, y encontramos las demás; o, al menos, las que tenía yo marcadas o como meta conocer. Visitamos la de Margarite Duras y la de Carlos Fuentes (esa nos dijo que estaba: pronunció el nombre Carlos Fuentes con dificultad): está en un lugar privilegiado, cerca de una rotonda, en un mausoleo junto a sus hijos (Carlos Fuentes Lemus y Natasha Fuentes Lemus, ambos muertos muy jóvenes) y también está el nombre de Silvia Lemus, su viuda, a la espera de su muerte. Seguimos y tampoco dábamos con la tumba de Samuel Beckett. Por suerte, dimos con otro señor, que nos ayudó a ubicarla. Continuamos la travesía, y tampoco dábamos con la tumba de Raymond Aron, que también buscaba. Tuvimos que apelar a una señora empleada del cementerio, y hasta a ella le costó trabajo  hallarla porque estaba en un rincón, y la tumba estaba abandonada y con otros nombres de la familia Aron. Así seguimos, ubicando tramos hasta dar con las que buscábamos, pese a la reticencia, el agotamiento y el aburrimiento de Marta.

Este cementerio posee más de miles de sepulturas de grandes personalidades del mundo del arte, la política, la cultura y las letras. Posee magníficas obras de arte y fue construido, en el año 1824. Sus tumbas están en orden alfabético. Al llegar te ofrecen un mapa antes de hacer el recorrido. Caminar por sus calles adoquinadas y ver a ambos lados, tumbas que son, en su mayoría, obras de arte funerario, representa una experiencia inolvidable y gratificante. Algunas tumbas, como la de Emile Durkheim, tienen hileras de piedras que forman corazones, cuando se trata de tumbas de judíos fallecidos: estos tienen la costumbre ancestral de colocar piedras, en lugar de flores, porque tienen la creencia de que las piedras son eternas e inmortales. Hay tumbas rotas, descuidadas o abandonadas, dependiendo de si aún conservan dolientes o familiares cercanos. Abundan las tumbas de mármol blanco (otras son de mármol negro) y otras son perfectos mausoleos. Mientras dábamos el paseo, pudimos ver un funeral, en el que todos iban en silencio: fue una manera de saber que este camposanto sigue vivo y recibiendo muertos.

Cuando llegamos a la tumba de Sartre y Simone de Beauvoir la encontramos cubierta de flores, objetos y muchos besos con pintalabios de color rojo. Creo que esos besos son para Simone, no para Sartre, ya que las feministas la idolatran y atesoran su memoria. También vimos así, llena de flores, la de Margarite Duras. Cuando llegamos ante la tumba de César Vallejo, vimos que está su nombre y el de su esposa francesa, Georgette. Los visitantes dejan flores, frases, poemas, piedras y hasta camisetas, y los peruanos suelen dejarle la bandera peruana. Hay un epitafio que dice: “J´ai tant neige pour que tou dormes”.

Las tumbas más célebres y que visité casi en su totalidad son las de: Raymond Aron, Charles Baudelaire (solo hay un muro construido y con una leyenda escrita por la Sociedad de Amigos de Baudelaire, cerca de la de Carlos Fuentes. Solo es un cenotafio, pues Baudelaire no está ahí enterrado). También están: Constantin Brancusi, Jacques Chirac (el ex presidente), Emil Cioran, Julio Cortázar, Jean Daniel, Robert Desnos, Porfirio Díaz, Alfred Dreyfus, Margarite Dauras, Emile Durkheim, Cesar Frank, Carlos Fuentes, Claude Lazmann, Pierre Larousse, Man Ray, Guy de Maupassant, Catulle Mendes, Pierre Proudhon, Jean Francois Revel, Eric Rohmer, Camille Saint Saens, Charles Sainte-Beuve, Jean Paul Sartre, André Bazin, Susan Sontag, Tristan Tzara, César Vallejo, entre otros. Hay otros pero no están en el mapa como: María Montez, Eugene Ionesco, Georges Scheade y Oscar Domínguez.

Este cementerio de Montparnasse (o Cimeterie du Montparnasse) es uno de los más hermosos de París. Posee un antiguo molino de viento en la esquina oeste que data del siglo XIV, pero que ha perdido sus velas. Está situado en el barrio del mismo nombre y antes se llamaba Cementerio del Sur. Es un espacio de silencio, reposo y calma, que contraste con el ruido y el movimiento de la ciudad de París. Visitarlo (como lo hice) representa un homenaje a los artistas, escritores y filósofos, que han  servido de nuestros guardianes y faros del pensamiento y la imaginación literaria. Es también una forma de tributo y diálogo imaginario con sus libros y sus palabras escritas. O con sus obras de creación artística. La mayoría forman parte de nuestra sensibilidad y de nuestra formación intelectual. Por tanto, reencontrarse con ellos, ya no en carne y cuerpo, sino en espíritu y memoria, es asistir a la cristalización de un deseo y a la realización de una voluntad viajera por encontrarse con sus influencias: su luz o su sombra. De ahí que veamos en sus lápidas, frases, poemas, objetos, prendas, piedras, notas manuscritas, discos, fotografías, libros… Algunos admiradores dialogan con ellos en secreto y aún lloran en silencio. Sucede así con Cortázar, Vallejo, Sartre y Simone. Vallejo, que murió pobre y de hambre, hoy recibe las visitas de sus fans, y los poetas que no lo olvidan; Cortázar, por igual recibe visitas de cronopios y famas del mundo, que lo veneran y llegan hasta su tumba luego de cruzar rayuelas; Beckett sigue esperando la absurda llegada de Godot, y Cioran, entre lágrimas y santos, no tiene paz, pues sigue en “las cimas de la desesperación”, maldiciendo su yo.

En fin, de aquí salimos exhaustos, buscando la estación  del tren más cercana y dejando atrás el aura fantasmal y las sombras tutelares, de estos ilustres muertos.

El cementerio de Montparnasse. Mi turismo funerario por París
El cementerio de Montparnasse. Mi turismo funerario por París
El cementerio de Montparnasse. Mi turismo funerario por París
El cementerio de Montparnasse. Mi turismo funerario por París

Basilio Belliard

Poeta, crítico

Poeta, ensayista y crítico literario. Doctor en filosofía por la Universidad del País Vasco. Es miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua y Premio Nacional de Poesía, 2002. Tiene más de una docena de libros publicados y más de 20 años como profesor de la UASD. En 2015 fue profesor invitado por la Universidad de Orleans, Francia, donde le fue publicada en edición bilingüe la antología poética Revés insulaires. Fue director-fundador de la revista País Cultural, director del Libro y la Lectura y de Gestión Literaria del Ministerio de Cultura, y director del Centro Cultural de las Telecomunicaciones.

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