Desde los tiempos remotos, por encima de los 2,000 años a. de C., la yuca se había iniciado como cultivo para fines comestibles en la desembocadura del río Magdalena en la Colombia de hoy, según algunos autores, y se expande en la selva tropical hacia el 1,000 a. de C. Su desplazamiento hacia los distintos grupos que habitan las orillas de los ríos la convierte en un producto de rápido uso en estas sociedades originarias.
Los grupos arahuacos de las costas venezolanas lo apropian hacia ese momento y se expande en Centroamérica hacia el 600-500 a. de C.; luego llega a las islas del Caribe Menor a principios de la e. C. y a la isla de Santo Domingo hacia el siglo III de la e. C.
Su modalidad de yuca dulce y amarga hace descubrir una selección entre aquella para alimentación y la sembrada para el casabe, cuyas fibras son más duras y, por tanto, más resistentes en el tiempo, además de que eso viene dado porque a esa yuca amarga se le extrae la leche tóxica (ácido cianhídrico, con elementos de cianuro que puede producir la muerte), y que los taínos usaban el cibucán para exprimir su pulpa y eliminar el veneno que es parte inicial para la fabricación del casabe.
Esta selección hacía del casabe un alimento que se prolongaba en el tiempo, siendo por cierto la única forma de acumulación conocida en estas culturas, con la salvedad de que esta acumulación no era de riqueza individual, sino de consumo colectivo ante huracanes y períodos de sequía.
Hoy la yuca es plato de la culinaria de muchos países, la dulce como víveres para acompañar las carnes, o procesada en burenes para obtener la torta de yuca conocida como casabe. Siendo una industria familiar pujante en parte de la Línea Noroeste, podríamos afirmar que también lo es en otros lugares de la República Dominicana.
El guayo era el medio para obtener la pulpa de la yuca y pasar a su cocción, previa extracción de la leche, previo sembrarla en los conucos. Ese guayo era, por igual, un objeto ritual cuando se hacía acompañar de cabezas de ídolos o de la ritualidad presente en una figura animal.
Esa yuca hoy ha alcanzado un nivel de comercio internacional nunca esperado y África es uno de sus diferentes destinos. Extrañamente, es la única forma en que han juntado estas dos culturas, la africana y la aborigen americana.
Su presencia en la vida de muchos pueblos sudamericanos y del Caribe explica la pervivencia de la cultura taína en nuestras sociedades a través de sus distintos legados, como el casabe y otros registrados en la vida cotidiana, así como en la producción agrícola o pesquera.
En el 2024, fue declarado el casabe como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, en una propuesta de varios países (Cuba, República Dominicana, Haití, Honduras y Venezuela). Este hecho que llenó de alegría a nuestros pueblos hizo florecer el intercambio a partir de un acontecimiento cultural que nos une.
Así mismo, es de gran valor que esta declaratoria compromete a los países involucrados a poner atención al Plan de Manejo que acompaña la propuesta y fortalezcamos mecanismos de comercialización y divulgación a través de ferias de comida, así como destacar que el casabe fue uno de los principales alimentos consumidos por nuestros antepasados, además de que su proyección en el tiempo como parte del préstamo cultural entre las culturas que residían en la isla, que también lo asumieron como suyo, finalizando con el refrán: "A falta de pan, casabe", y este es su valor patrimonial.
Noticias relacionadas
Compartir esta nota