Un acorde es la cópula sonora de dos sonidos que se odian, la unión de los contrarios, anhelo de armonía, conjunción del misterio tremendum y fascinans, que según Rudolf Otto, en su libro Lo santo, argumenta que estas dos columnas son las fuerzas que propician lo Numinoso, concepto que él utiliza para denominar lo indecible, lo irreductible, lo que no se puede expresar con palabras, el Misterio, el Reino de la Poesía, máscaras de Dios, balbuceo de lo sagrado.

Lezama Lima afirma que lo peor que se puede decir de un poeta es que no tiene misterio y concluye que la esencia de todo arte es la de ser “el Misterio que siempre nos acompaña”.

El misterio sonoro que es el acorde de la siesta del fauno, de Claude Debussy, es el hermano gemelo del acorde de Tristán e Isolda creado por Richard Wagner: acordes disminuidos que resuelven de una manera irregular y, por primera vez oída, un acorde de séptima dominante.

Este acorde es el primer verso sonoro de lo que se considera del Impresionismo sinfónico.

Es la respuesta francesa al sinfonismo wagneriano, mediante soluciones sonoras esencialmente francesas.

La traducción sonora de Debussy, más cerca del Simbolismo francés que del impresionismo, parte del poema La siesta del fauno, donde en un lenguaje que danza entre el símbolo y la sinestesia, Mallarmé nos cuenta las aventuras de un fauno, sucesos que ocurren en la mañana cerca del mediodía, y sus juegos eróticos con las ninfas, el rechazo de estas y la siesta húmeda y lujuriosa del fauno al mediodía.

En un acorde de séptima disminuida fluye la sensualidad como aguas de un río que desembocan en el sueño sonoro de quien lo escribe.

En la música de Debussy, los acordes no son, como en el Tristán de Wagner, eslabones de un contrapunto dramático y cromático, sino una atmósfera, un espacio neblinoso en el que flotan los acordes como si fueran un perfume leve, las escalas, las melodías y los colores orquestales.

«No, mas el alma vacía de palabras y este cuerpo aturdido, sucumben a la calma del mediodía y es preciso dominar el blasfemo olvido en la sedienta arena yaciente… Como me gusta abrir la boca al astro eficaz del Vino».

Los acordes se relacionan de una manera aleatoria y no causal, se atraen y se rechazan delicadamente como lo realizan los vanguardistas rusos, Mussorgsky y Rimsky-Korsakov.

En palabras de Arnold Schoenberg: «Las armonías en Debussy, carentes de sentido constructivo, a menudo sirven para el propósito colorista de expresar estados de ánimo, aun sean extramusicales, convirtiéndose en elementos constructivos, incorporados a la función musical, ocasionando una suerte de complementariedad emotiva. De esta forma la tonalidad se ve completamente destronada en la práctica sino en la teoría». (El estilo y la vida, 1950).

La paleta armónica se ciñe a cuatro tipos de acordes: mayores, tríadas con sexta o séptima mayor añadida, dominantes de séptimas con novena o treceava mayor, semidominantes en terceras y quintas en tonos multisonoros.

Las líneas melódicas son de carácter ambiguo y sinuoso, se unen y se entrelazan basándose en las imágenes sonoras y poéticas, fluyendo en relación con el desarrollo del poema de Mallarmé:

La melodía del fauno. El fauno entona su melodía en la flauta.

Los juegos amorosos del fauno. El fauno persigue a las ninfas intentando seducirlas; sección agitada en la que podemos reconocer un desarrollo con variaciones de los motivos principales de la melodía del fauno.

El éxtasis del fauno frustrado. El fauno está a punto de seducir a una ninfa, pero fracasa en su intento. Una extática melodía en Re mayor con estructuras binarias ofrece el clímax de la obra que se desvanece suavemente.

La siesta del fauno. Cansado de los juegos eróticos, el fauno se duerme. Melodía de flauta sensual y misteriosa que hace referencia sonora al acorde en Si bemol disminuido, ejecutado por una siringa, zampoña o flauta pastoril: «Que yo cortaba aquí huecos juncos por el talento domado, cuando sobre los lejanos y dorados pastos, consagrado a su viña a las fuentes, ondula una blancura de animal en reposo, y que, al preludio lento de donde nacen las flautas el vuelo de los cisnes, no de Náyades, huye o se hunde»…

La melodía del fauno salta y fluye de Do sostenido a Sol menor y una fuga construida sobre el arpegio de Mi mayor y la nota final en La sostenido.

Los juegos amorosos… «Las durmientes entre sus casuales brazos ya son desenlazados, las arrebata y vuela hasta el macizo, odiado por la frívola sombra de rosas que desecan todo su perfume al sol donde nuestro ardor se consume como el día»….

La transición breve de la flauta se convierte en un acorde de La bemol mutando en dominante, conduciendo a la segunda parte del éxtasis del fauno, en el mismísimo corazón sonoro del poema: «No, mas el alma vacía de palabras y este cuerpo aturdido, sucumben a la calma del mediodía y es preciso dominar el blasfemo olvido en la sedienta arena yaciente… Como me gusta abrir la boca al astro eficaz del Vino».

Las trompas con sordina realizarán un recuerdo del motivo principal, en un delicadísimo final en el que flota el acorde del fauno, sugerente, melodioso y misterioso, temblor y espasmo de la belleza erótica de las ninfas, en el sueño del fauno más hermosas y generosas que las ninfas reales, abiertas y perfumadas en los versos de todos los que lean el poema de Mallarmé o escuchen el acorde del fauno en el Preludio de Claude Debussy.

Ángel Concepción Lajara (Yeyé)

Escritor y crítico

Escritor, teatrista, crítico de arte.

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