La extensión del asentamiento de Santiago de los Caballeros en su emplazamiento actual y los factores que incidieron en su evolución hace más de 300 años fueron abordados en la conferencia “Santiago en los siglos XVIII y XIX: revelaciones sobre su configuración urbana”, presentada por el historiador Edwin Espinal Hernández, miembro de número de la Academia Dominicana de la Historia.

En su disertación, auspiciada por Cooperativa San José y el Archivo Histórico de Santiago, el orador centró su exposición en dos legajos documentales.

El primero corresponde a un conflicto entre el ayuntamiento y el convento de Nuestra Señora de la Merced, ocurrido en el siglo XVIII. El segundo trata sobre una permuta de terrenos sometida al ayuntamiento por los descendientes del inmigrante francés Francisco Espaillat, durante el siglo XIX.

El presidente del Consejo de Administración de la Cooperativa San José, Piero Espinal Estévez, explicó que la actividad forma parte de la conmemoración del 75 aniversario de esa empresa social y solidaria radicada en San José de las Matas. Indicó que la iniciativa responde a la misión de la institución de educar a la comunidad sobre aspectos esenciales de su identidad histórica.

Espinal Hernández calificó el expediente relativo a la acción posesoria promovida en 1758 por el convento mercedario de Santiago ante la Real Audiencia de Santo Domingo como un documento de valor incalculable para la historia de la ciudad.

Mediante ese proceso, los religiosos procuraban que se les reconociera la propiedad de unos solares que el ayuntamiento pretendía declarar comunales en caso de no probarse el derecho del convento.

El historiador destacó que el expediente constituye la primera referencia documentada del nombre más antiguo de la calle del Sol. También menciona lugares como Las Tres Cruces, el cerro del Castillo y el cerro de Chirí, lo que lo convierte en una pieza clave para comprender la evolución urbana de Santiago durante dos siglos.

“En efecto, de él se concluye que, todavía en el siglo XVIII, el convento de Nuestra Señora de la Merced constituía el límite este de la ciudad. A partir de ese punto se extendía una sabana en la que destacaban un cerrillo, una laguna, el llano de la Cuesta de las Piedras y un camino hacia el río —acaso la misma cuesta, la hoy calle Sánchez—”, explicó durante su conferencia.

Ese camino culminaba en el lugar conocido como Las Tres Cruces, donde en algún momento existió un asentamiento de esclavos procedentes de la colonia francesa. Desde allí se observaba el cerro del Horno, sitio donde en el siglo XX se levantó el actual Monumento a los Héroes de la Restauración.

La construcción de bohíos en los terrenos del convento y la posterior desecación de la laguna favorecieron la expansión gradual de la ciudad hacia el este.

En ese proceso fueron surgiendo, sucesivamente, las calles Duarte, San Luis, Mella, Sánchez y Cuba. De acuerdo con el historiador, esto permite inferir que los cuatro cuarteles en que estaba dividida la ciudad en el siglo XIX debieron corresponder a una delimitación propiamente decimonónica.

El segundo documento analizado por Espinal permite reconstruir el nacimiento del barrio de Los Pepines y el desarrollo del sector conocido como Pueblo Arriba.

El legajo se refiere a la permuta de media caballería de terreno localizada al este de la calle Cuba que el ayuntamiento de Santiago —con aprobación de la Real Audiencia de Santo Domingo— vendió en 1789 a Francisco Antonio Espaillat.

Espaillat, asentado en Santiago desde 1756, fue cirujano, funcionario colonial y un poderoso propietario de hatos ganaderos, estancias agrícolas e ingenios en las jurisdicciones de Santiago y Monte Cristi. Además, es considerado el tronco de la familia Espaillat en el país.

El historiador indicó que Espaillat construyó en esos terrenos un tejar. Sin embargo, el lugar fue ocupado parcialmente tras el terremoto de 1842, situación que llevó a que sus descendientes fueran compensados mediante la permuta de dos peonías de terreno situadas al este de la ciudad.

“La propiedad de Espaillat medía 377,300 metros cuadrados y, en compensación, le fueron otorgados 390,000 metros cuadrados, cuando de sus terrenos le fue ocupado algo poco más del diez por ciento”, puntualizó.

Parte de los terrenos comprendidos en las peonías permutadas incluía el cerro del Castillo, lugar donde posteriormente se erigió el Monumento.

Esos predios fueron vendidos después de 1862 a José Ramón Cordero Holguín, quien ya poseía extensas porciones colindantes que se extendían hacia el sur hasta la barranca del arroyo de Nibaje y que es considerado el tronco de la familia Cordero en Santiago.

Espinal explicó que la expansión de la ciudad sobre parte de la media caballería de terreno de Francisco Antonio Espaillat dio origen a la consolidación de Pueblo Arriba y, especialmente, del barrio de Los Pepines.

Esa evolución urbana queda confirmada por las notas de rebaja de porciones registradas en los procesos verbales de mensura y de puesta en posesión de la familia Espaillat.

El historiador señaló que esos acuerdos verbales corresponden a ventas de solares realizadas durante las dos últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del siglo XX en calles del actual barrio de Los Pepines.

Estas operaciones se sumaron a numerosas ventas de solares que los herederos de Espaillat habían realizado en el mismo sector desde la década de 1850.

Recordó además que desde 1854 el área fue sede de la parroquia de Nuestra Señora de la Altagracia, nuevamente erigida en 1874.

Espinal concluyó que la historia de la evolución urbana de Santiago encuentra en estos dos legajos documentales un material de enorme importancia por los aspectos inéditos que aportan sobre la ciudad en los siglos XVIII y XIX.

Indicó que el valor de estos documentos se acentúa aún más si se considera la pérdida de los archivos civiles y eclesiásticos de Santiago durante el incendio de 1863, ocurrido en el contexto de la Guerra de la Restauración.

José Rafael Sosa

Periodista

Escritor, periodista y animador cultural. Nació en Puerto Plata en 1950. Tiene una amplia trayectoria en el periodismo cultural dominicano. Se ha caracterizado por cultivar géneros que le faciliten una comunicación efectiva con sus lectores, como el cómic y el origami. Es el principal escritor de literatura de crecimiento personal en República Dominicana.

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