Barrancón es una tierra encerrada entre montañas de roca y lomas cubiertas de verdor. Es un pueblo atravesado por un río de piedras pulidas y afiladas por los años, que deposita su caudal en el Océano Atlántico por el distrito de La Isabela Histórica (El Castillo), lugar de la llegada de Cristóbal Colón en 1492. Por allá, en mis años de niñez, el agua del río Baja Bonito corría viva y caudalosa. Estaba repleta de peces diversos que me hacían pasar horas observándolos. Hoy en día es apenas una vena explotada por el sistema depredador que todos conocemos.
En aquellos años yo era muy pequeño; aún no había adquirido la pasión por la pesca. Por eso solo me entretenía mirando los grandes peces que crecían libremente en las profundas aguas del río. Todo lo que soy comenzó en ese pequeño pueblo rural que pertenece al municipio de Luperón, en la provincia de Puerto Plata.
Recuerdo, como si fuera ahora, cuando los hombres llegaban de trabajar y, al caer la noche, sin tener las distracciones tecnológicas de hoy, reunían a todos los niños del barrio para contarnos historias heredadas de sus antepasados. Yo siempre fui un niño solitario, y eso me permitía encerrarme a escribir mientras los demás niños jugaban. Por eso, a la edad de más o menos once años, ya había comenzado a escribir pequeñas historias inspiradas en lo que narraban los mayores de la comunidad.
Casi todas aquellas historias eran de terror: relatos de terribles apariciones en la zona, de muertos que se manifestaban, de presencias extrañas, de criaturas del folklor dominicano. Las recuerdo todas. Con el tiempo, esas historias se convertirían en mis primeros cuentos. Los escribí en un cuaderno que tomé de mis útiles de estudiante de primaria. Llené aquel cuaderno de relatos y también escribí algunos textos que, en ese momento, consideré poemas… con el paso del tiempo perdería para siempre mis borradores iniciales.

Todo escritor tiene un comienzo, una influencia. Yo me atrevo a decir que la mía fueron esas historias contadas por los mayores de la comunidad: mi abuelo paterno, mi padre, mis tíos y algunos amigos cercanos. Más adelante, gracias a la recomendación de un excelente maestro durante mis años de secundaria, empecé a leer literatura con mayor profundidad. Fue entonces cuando también comencé a escribir con más seriedad.
Lo cierto es que Barrancón —esa zona que parece haber quedado, de algún modo, congelada en el tiempo— siempre ha influido en mí como joven escritor. Hace unos meses comencé a escribir una novela biográfica sobre mis vivencias en ese lugar. Sin embargo, considero que no hay nada más difícil que escribir sobre uno mismo. Por ahora el proyecto está en pausa, en ese reposo que suelo darle a todo lo que escribo. Estoy seguro de que, tarde o temprano, la terminaré y terminarán conociendo al tipo de niño distante y solitario que fui.
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