Buenas noches, Mesa de Honor:
BRUNO ROSARIO CANDELIER,
Director de la Academia Dominicana de la Lengua.
MANUEL GARCÍA ARÉVALO,
Presidente del Voluntariado de la Biblioteca Nacional.
JULIO CUEVAS,
Profesor de Literatura en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
AMERFI CÁCERES,
Directora de la Biblioteca Infantil y Juvenil República Dominicana.
ELEANOR GRIMALDI SILIÉ,
Premio Biblioteca Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2025.
RAFAEL PERALTA ROMERO,
Director de la BNPHU.

Buenas noches, escritores de literatura infantil y juvenil, amigos y familia; hermanos todos.
Recibo este honor con profunda gratitud y humildad, en el pleno convencimiento de que se lo debo al Creador, para quien deben ser la gloria y la honra.
Hoy tengo el privilegio de recibir el Premio Biblioteca Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2026, y sumar mi modesto quehacer a la labor meritoria de los escritores Lucía Amelia Cabral, Margarita Luciano López, Miguel Phipps Cueto, Brunilda Contreras y Eleanor Grimaldi Silié.
Un reconocimiento que me honra… y que también me compromete.
Quiero expresar mi agradecimiento al jurado que ha hecho posible este galardón: don Bruno Rosario Candelier, don Manuel García Arévalo, profesor Julio Cuevas, Amerfi Cáceres, Eleanor Grimaldi Silié y don Rafael Peralta Romero.
Gracias a ellos por su mirada a mis textos, por su confianza y por valorar mi compromiso con la palabra.
Lo que nació como un acto paterno —escribir para mis hijos y sus amiguitos de colegio— fue tomando forma hasta convertirse en un libro de décimas infantiles llamado Sapito Azul.
Y desde ese instante asumí, con conciencia de oficio, rigor y disciplina, los temas, las historias, los géneros y los distintos formatos que conforman el vasto y maravilloso universo de la literatura infantil.
La escritora Gloria Fuertes afirma:
"Es importante que los niños lean poesía. Y es más que importante, es necesario. Que aprendan a leer en libros poéticos escritos por poetas con gracia… los niños son poesía y hay que darle poesía a la poesía, como hay que dar amor al amor."
Para este servidor de ustedes, que llega desde la literatura destinada al lector adulto, fue una verdadera revelación adentrarme en este universo que es la literatura infantil.
Desde 1995, la literatura infantil y juvenil se convirtió en el centro de una pasión y en la razón de un compromiso.
El intento constante de escribir desde la mente de quien lee, respetando su identidad, su cultura, su imaginación, su creatividad y su intelecto en permanente crecimiento.
Tratando de construir una literatura que conecte con ellos, no solo en la lengua común, sino también en una forma de ser, de sentir y de comprender el mundo.
La literatura infantil y juvenil no es una expresión menor ni una antesala de la literatura escrita para adultos.
Es, quizás, una de las formas más delicadas y trascendentes de la creación literaria. Porque es allí donde se forman la sensibilidad, la imaginación y la conciencia cultural de los pueblos.
La literatura para adultos dialoga con la experiencia vivida; la infantil y juvenil, en cambio, ayuda a construirla.
La primera interpela al ser humano que ya conoce el mundo; la segunda acompaña al niño y al joven mientras descubre quién es, cuál es su identidad y cómo aprende a mirar la vida.
Por eso, defender la literatura infantil es también defender la memoria cultural, los valores humanos y el futuro espiritual de una nación.
Escribir, y quienes lo hacen lo saben, es, en esencia, un acto de fe en el porvenir.
Y en el caso de la literatura que nos ocupa, esa fe está depositada en el ser humano que empieza a descubrir el mundo a través de las palabras.
Aunque este reconocimiento se hace a mi persona, en realidad pertenece —en gran medida— a toda una comunidad que sostiene la literatura infantil y juvenil: escritores, ilustradores, cuentacuentos, titiriteros, diagramadores, editores, traductores, bibliotecarios, promotores de lectura y maestros.
Ellos son los verdaderos sembradores de nuestra imaginación; los artesanos de la sensibilidad; los guardianes de la esperanza.
Son quienes mantienen encendida la llama de la lectura y de los sueños.
Son quienes, desde las aulas, las bibliotecas y los espacios culturales, luchan día tras día para que el mundo sea más humano, llevando nuestro mensaje en forma de libros y educando desde el amor y la bondad.
Extiendo también mi gratitud al poeta Mateo Morrison, por su empatía y solidaridad; a Bismar Galán, Virginia Read y Avelino Stanley, por tantas veces señalarme el camino; a Mercedes Cabral y Apolinar Sánchez, por el soporte de siempre.
A mis editores: León Félix Batista, Yanitzia Canetti, Ruth Herrera, Luis Beiro, Jorge Zamora, José Alcántara Almánzar, Reynaldo Pérez y Rafael Rodríguez.
Gracias a la Editora Nacional, Editora Río de Oro, Editora Luna Insomne, al Departamento Cultural del Banco Central, al Voluntariado del Banco de Reservas y a Arte Público Press de la Universidad de Houston.
Gracias a Rhina Espaillat y Elizabeth Balaguer por traducir mis libros al inglés, y a Ennio Marchetti y Geraldine De Santis por traducirme al italiano.
Al equipo que ha trabajado para que este evento sea posible:
Leibi Ng, Denis Mota, Josanny Moni, Ramón Saba y Carmen Rosa Estrada.
A los ilustradores Kilia Llano, Rafael Hutchinson, José Amado Polanco, Baltazar Ali, Guillermo Pérez, Tulio Matos, Adela Dore, Irina Miolán y Carlos Bruzón, por compartir su talento con mis textos.
Gracias por creer y acompañar; por ayudar a dar forma a los sueños que hoy ustedes, generosamente, premian con este regalo.
Este momento es único en la vida de un escritor.
Y por eso quiero que se me permita un sueño más.
Una quimera hermosa y, tal vez, posible.
Quiero soñar que, en cada barrio, en cada pueblo y en cada provincia de nuestro país existirá una biblioteca… y una escuela de música.
Que a través del arte se ilumine la conciencia.
Y que por la vía del conocimiento lleguemos a la libertad.
Este premio es una suerte de arriesgada profecía, de inusitada clarividencia.
Se me premia por la trayectoria de toda una vida, y es precisamente ahora cuando estoy empezando el camino y aprendiendo a escribir para la infancia.
Porque la infancia es un territorio infinito, y cada libro es apenas un nuevo intento de comprenderla. Mientras exista un niño dispuesto a abrir un libro, seguirá existiendo esperanza para nuestra nación.
Pero, como dijo el aeda:
"No se trata de llegar solo y pronto, sino con todos ustedes y a tiempo."
Muchas gracias.
Dios los bendiga a todos.
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