Después de cierta edad, las curvas se aplanan. Se ralentizan los desagravios y las indiferencias, el silencio se hace más vital y presente, como balón de oxígeno en cama de hospital.

Las supuestas fatalidades -que solo estaban en tu cabeza- se evaporan en tu hueco maduro y elástico.

Ahora lo que importa es que intentes lograr tu propio centro, a lo que le llaman tu paz interior, que no es otra vaina que resignación y castración de lo deseos más sabrosos e impuros. Diazepam para tus concupiscencias

Tu level moderado a fuerza de heridas, ausencias y duelos resecos y porosos como los antiguos árboles del Mirador Sur.

Después de cierta edad…

Nuestra generación supo  ir borrachos  detrás de una carroza de carnaval en el Malecón, sudados e inmortales,  pagarle a Wendy en la Pista 3 del  Bonsuá con una cajetilla de cigarrillos Montecarlo, cruzar la tablita entre rocas para luego sumergirnos en el río subterráneo frente a lo que es ahora Colaíto del Mirador, abrir los brazos por orden del cabo grasoso del Servicio Secreto que nos encañona la sien  con su 45  en los años Listos para Matar de Don Elito, el vencedor de aquella adolescencia de la izquierda,  descuartizada en mil pedazos entre ellos mismos, como si todos se   hubieran repartido   el  bizcocho de la Revolución Dominicana.

Al final, el abuelito satánico dio la estocada final, el tiro de gracia en la nuca de cada uno de ellos.

Ahora que todas te dejaron sentado en el banco más incómodo del parque, manito, ahora posiciona tu doble seis en el centro de la mesa, tu obelisco macho maltrecho, pero siempre erecto hasta donde le dicen Cirilo.

Más que hurgar en carnes ajenas, lo que va es escribir las historias que pueblan tu cabeza, tu alma de prófugo de sistemas establecidos, rubricados por actas notariales que otros pendejos se inventaron hace miles de años.

Es desdoblar el idioma y hacerlo más tuyo, más cerca de lo que finalmente eres. No morir sin adormecer tus horas nalgas (le robé la frase a Rey Andújar) frente a la Olivetti , la tableta o el computador .

Solo nos queda escribir y dejar a los que vienen algunas cuartillas de esperanzas o desilusiones. Camus y Cioran supieron de eso.

Navegar lo que queda con buenos remos de inteligencia emocional, la intelectual se la dejamos a los intelectuales, expertos en masturbaciones teóricas, huecas.

Después de cierta edad…

En mi caso, doy gracias al Universo que me regaló a mi nieta Miranda, la que hace reírme solo endulzándome con una ricura interior nunca vista ni vivida por este Baby Boomers ya Dinousarius.

A mi padre le pedí que me contara sobre la muerte y no me trae noticias. Él, que murió escribiendo desde su silla de ruedas y decidió que lo dejaran morir, que ya , que está bueno. Fermín ¿Qué se mueve por dónde estás?

Así que reduce cada vez más tus curvas. Vale la pena levantarse por las mañanas con la mente en blanco mirando por la ventana, sin más, una delicia, te lo aseguro, el café, déjalo para luego.

José Arias

Periodista y escritor

Periodista y escritor

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