Nosotros somos las palabras, somos la música, somos la cosa en sí.
Virginia Woolf
Valentín Amaro.

Cada escritor tiene una sensibilidad propia. En esa manera de sentir la vida se desarrolla su estilo, el cual se va combinando y enriqueciendo con los años.

Valentín Amaro es de los poetas que, con la lluvia, transforman la noche en melodía porque los hilos y los colores de la vida nos muestran su poesía de otra manera. La palabra pincha y quema en el decir un diálogo de la existencia que tiene un alcance ilimitado. A todo escritor le toca el desafío de extender ese decir hasta una profunda verdad comunicada. La naturaleza nos describe en el hábito de nuestras vivencias cotidianas.

Valentín nos conduce en su poesía a disfrutar una realidad más rica, y su palabra dibuja un sentimiento de sustancialidad y hondura de la existencia:

La noche traga mi voz
y solo brillan los ojos de mi oscuridad.

Su esposa y sus dos hijas son las tres lunas que iluminan los latidos de Valentín:

Ajenas al mundo
mis lunas duermen
cual lagartas abren sus bocas.
Las miro como un náufrago a su isla.
Exhausta
la noche traga mi voz
y solo brillan los ojos de mi oscuridad
mi elegido búho andar inefable
escarabajo mudo en sórdido aleteo
duermo abrazado a mis lunas
y sueño.

Y es que las huellas de la vida nos marcan en nuestro hacer y son la inspiración de nuestras conductas. Así lo vemos en estos versos dedicados a su abuela:

Hoy
al recordarle me reconocí en sus ojos
en las manchas de sus arrugas
en los tibios bostezos
y en las hojas tibias de mi frente pálida.

En ese vivo decir hay un sentimiento de sustancialidad de la existencia, el cual es común a todos nosotros. Para Valentín Amaro, escribir y respirar son sentidos rítmicos que nos marcan a todos, en los que el alma y la vida necesitan de la poesía. La expresión de formas en Valentín dibuja una aprehensión de esencias en sus palabras en las que la sencillez es diáfana como su forma de ser.

Por el sonido y las imágenes contemplamos los ideales que acompañan su literatura. Y en el aire de la idea hilvana Valentín sus mocedades, y la palabra crea esa música que se deshace en el instante para dar vida a los sueños. Hay vida y frescura en la luz y en el color de su palabra porque su canto viene de las raíces de su ser, de un alma henchida de virtudes.

Valentín Amaro traza temas que aúllan sobre las rocas ante el encuentro de la palabra con la vida. Su felicidad verbal estimula el ritmo de un verso inflamado en el fuego de las vivencias por las que transitamos en el día a día.

Valentín revela su interioridad espiritual en su poesía desde la intensidad de un decir que plasma la existencia. La voluntad marca el deseo en la energía que con furia canta la vida, y en ella la palabra interroga al lenguaje por su discurso y su esencia. Sus recursos verbales dan como fruto una hondura rítmica en cada verso. Caminando hacia el amanecer, el poeta presenta su alba en lo que sueña, y el aire familiar que su palabra adquiere en lo cotidiano nos lleva a la sencillez y a la hermandad de un contenido que nos transforma y nos revela el poema que deseamos. El poeta tiene un trazo muy preciso con el que dibuja su tiempo y su poesía. Riguroso con el enigma de su página, va buscando su noche en el argumento de su canto.

Sus ideas marcan el rumbo de una dedicación en comunidad y de un compromiso con la calidad del discurso y la seguridad de la palabra que promueve la dignidad de su literatura; en la consciencia de su voz, la palabra insiste en ser de todos, en el amor a los demás:

Reclamo las horas de hastío
cuando el mundo era mi pequeña casa
y un juego la vida
con sus misterios invasión de alas verdes
y la poesía enredado temblor de luciérnaga
cuando la eternidad descendía pavorosa hasta mí
en que aprendí a interrogar la sombra y miedos
en los rumores de la noche.

El poeta Amaro hila la noche de un recuerdo en las circunstancias de un horizonte de luces donde su consciencia prima y su saber actúa.

En la poesía de Valentín, el silencio y la conversación se funden en pensamientos que revelan la voz de un poeta que encarna el espíritu de su pueblo y la esperanza de una primavera para el mundo. Su obra busca expresar la vida, la libertad y la felicidad de los seres humanos.

Las luces del poeta Valentín Amaro descansan en el rigor del texto: conducen el lenguaje en el vigor de la palabra, corporizan la intensidad textual y acentúan en las ideas el diáfano sentir de lo humano y la proyección hacia el porvenir.

Miguel Antonio Jiménez

Poeta

Miguel Antonio Jiménez Alcántara (Hato Mayor, 1955) es un destacado poeta, ensayista y educador dominicano, reconocido como un estelar representante de la Generación de los '80. Es licenciado en Educación por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, casa de estudios donde también cursó un postgrado en Lengua Española y Literatura y una maestría en Literatura. Durante su trayectoria, ha ejercido la docencia y se ha desempeñado como director y miembro fundador del Taller Literario César Vallejo. Su labor literaria incluye colaboraciones en diversos medios escritos nacionales, como los suplementos Aquí y Ventanas, Artes y Letras. Asimismo, su obra ha sido incluida en numerosas enciclopedias y antologías nacionales e internacionales. Entre sus publicaciones de poesía destacan títulos como Temblor de pasos (1995), Amante del amor (1999), El laberinto terrestre (2003), Nervio de lo oscuro (2004), Caída agonizante (2008) y Entre el ser y el otoño (2011), además de su antología esencial La Magia de lo fluyente (1983-2013). El poeta Miguel Antonio Jiménez ha sido traducido al francés, italiano, inglés, portugués, árabe, mandarín, entre otras lenguas.

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