Estamos ante un libro amoroso, o como el autor lo describe, como un "Prosopoesario amoroso" dedicado a doña Cándida Rosa Veras, su esposa. Se lo dedica a ella, al cumplir su cincuenta (50) aniversario de casados y "hoy celebramos el camino que estamos construyendo juntos", desde aquí, le dice el poeta a su amada.
La portada de la obra fue diseñada por Arlenys Altagracia Acosta Marte. Santiago de los Caballeros. La impresión de esta obra fue realizada en USA, Columbia, 5/6/2026. La obra contiene ciento dieciséis (116) págs.
En su estructura temática, consta de una dedicatoria (Carta a Cándida Rosa Veras) (Ver págs. 7/9, obra citada); una introducción (Ver págs. 11/14, obra citada) y un prólogo, realizado por Ramón Peralta Domínguez. (Ver págs. 15/17, obra citada).
Este libro está dividido en siete (7) partes. La primera parte, bajo el título de "La forma visible del amor", la cual abarca las páginas 19/30; la segunda parte, bajo el título de "La esencia que no se ve", abarca de la página 31/48. La tercera parte, bajo el título de "Cuando el cuerpo revela el alma", va de la pág. 49/62; la cuarta parte, bajo el título de "Lo irrepetible de tu ser", abarca de la pág. 63/77.
La quinta parte, con el título de "El nosotros invisible", va de la pág. 79/90; la sexta parte, titulada "El tiempo como testigo", abarca de la pág. 91/102, mientras que la séptima y última parte de este libro, bajo el título de "La imposibilidad de decirte", abarca de la pág. 103/116.
Aunque el autor ha dividido su obra en siete (7) partes, el lector o la lectora, con mirada crítica y reflexiva, no debe seguir la línea escritural del autor, sino que, de manera obligatoria, si quiere dar un juicio objetivo y de cierta validez académica, debe ver la obra en su totalidad, como el producto de un todo, a nivel general, no como un producto creativo parcelado, sino que debe asumir la obra en su totalidad discursiva.
Estamos ante una expresión estético-poética lírica, amorosa, desde la cual el poeta se abre ante el ser amado, en este caso, ante su amada, su esposa, al cumplir sus 50 años de casados.
Aquí, en estos versos, el amor no es ciego, sino que ve con claridad y precisión lo que busca y a quien busca. Es la expresión del amado agradecido, más no arrodillado, ante su amada.
Las siete (7) partes del libro se integran en el concepto de una manifestación lírica y/o la expresión de amor que trasciende el piropo, para representar tributo a quien se le agradece su amor, alrededor de toda una vida juntos, construyendo caminos.
El autor, a estos poemas, los ha calificado como "Prosopoesario amoroso", y desde ellos enfoca su lirismo de manera estética, procurando poner en evidencia su amor incondicional a su esposa.
Es esta una lírica irrenunciable en homenaje a la mujer que ha sabido convertir su voz en ternura sobre lo amado. Es esta una declaración pública del poeta ante la mujer que ha atrapado su añoranza.
Tan profunda es su declaración de amor ante ella, la amada, que, en la introducción, le dice: "A ti, Cándida Rosa Veras: He buscado muchas formas de comenzar esta carta y en todas ocurre lo mismo: las palabras llegan… pero no alcanzan" (Ver pág. #7, obra citada).
Y es que se trata de una obra poética desde la cual el poeta se pone frente a su propio espejo, desnuda su amor y lo ofrenda a su amada. Aquí escuchamos el tono amoroso de un militante de la vida que, desde el amor intimista, proyecta su respeto y su entrega a lo humano.
Desde aquí se desprende una confesión de amor, donde el amado se expone de manera abierta ante la amada, aunque las palabras sean insuficientes para expresarle su amor y su estima espiritual.
Hay aquí algo más que una declaración de principios, porque cada palabra, aquí, constituye la raíz de un referente amatorio y una ofrenda a la mujer amada, en este caso, a su esposa.
Y como dice el prologuista, Ramón Peralta Domínguez, en "Ella y los 18,250 días después" (pág. #15, obra citada): "Ella cuatro. Él cinco. Ella octubre. Él diciembre. Ella miércoles. Él jueves. Ella y él tan distintos. Pero de repente se miran y descubren que ambos son otoño. Y que juntos pueden inventar la primavera. Por eso ella y él se unen un veinte de mayo. De eso hace 18,250 días; es decir, cincuenta (50) años". (Ver pág. 15, obra citada).
Hay un claro reconocimiento a los valores éticos y humanos de su pareja, por lo que ve en ella acciones de solidaridad, en constante hacer por el prójimo. Veamos:
"No esperas que te pidan
Llegas antes
Hay en ti una sensibilidad
que percibe necesidad
como si fuera propia". (Ver pág. 42, obra citada).
El amado, en este caso el poeta, reconoce "el desvelo que construye la familia". (…) "Y en ese desvelo constante, fuiste construyendo lo que hoy somos: familia". (Ver pág. 48, obra citada).
En esta obra, el homenaje a la amada es el centro temático, representado desde unos versos que se encaminan hacia el reconocimiento público a la amada, desde un poetizar fundamentado en el ritmo, no en la rima, y en la expresión amorosa, desde el verso libre.
El poeta resalta los sentidos de las manos de su amada. Y, desde un decir melancólico, reconoce la magnitud del toque o del roce de las manos de su amada. Ve y siente que sus manos, cuando tocan, atraviesan la piel y se convierten en presencia sobre el cuerpo del amado.
La mira y ve que su mirada le revela lo invisible, y que penetra en su alma, como procurando auscultarla, más allá del espíritu. El poeta describe la mirada misteriosa de su amada que atraviesa sus deseos. Porque, según el poeta o el amado, su mirada es comprensión.
El poeta fija su atención en la sonrisa de la amada para poetizar su fluidez y captar la dimensión de luz y de amor que de allí fluye. Hay aquí un discurso poético trillando la cobertura de amor que la amada le profesa, desde su sonreír. Son proyecciones humanas del enamorado ante la mujer de sus ilusiones.
Su abrazo queda plasmado sobre su cuerpo y, desde sus versos, edifica su entrega. Son poemas convertidos en piropos que fluyen como símbolo de su querer ante la imagen del ser que es mitad de su existencia. Son poemas convertidos en abiertas declaraciones de amor y agradecimiento ante su vivir junto a ella.
La voz de la amada es aquí motivo de esperanza para el vuelo espiritual del poeta, frente al eco de aquellas palabras que se anidan en los sueños del amado.
Los labios y la piel de la mujer amada, en esta obra, son razones que motivan al poeta a idealizar la figura de su musa terrenal y, desde la metáfora, convertirla en su razón vital. Aquí el lirismo fluye desde la palabra para hacer del poema la ofrenda que sirva de confesión del amor prometido, más allá de la muerte.
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