Stuart Ortiz, en Cuerpos de barro, de Haffe Serulle.

Cuando Danilo Ginebra dio sus primeros pasos en el teatro, Stuart Ortiz aún no había nacido; su llegada al mundo ocurriría muchos años después, tiempo en el cual Danilo ya era un reconocido director teatral y activista cultural a carta cabal.

De niño, Stuart fue osado y arriesgado, siempre desafiando sus propios límites. Danilo debió ser igual, pero con una osadía distinta: mientras Stuart desafiaba al vacío sumando centímetros a sus saltos, Danilo desafiaba al infinito sumando centímetros a las páginas de los libros.

Para Stuart Ortiz, la vida era un riesgo; para Danilo Ginebra es una meta que debe ser enfrentada con responsabilidad y coraje, sin violentar nunca sus propias leyes a no ser que estas pretendan hacer del hombre un ente inferior.

Pasado un buen tiempo,

Danilo Ginebra.

hizo una pausa en el teatro e incursionó en nuevos horizontes. Su poder escritural empezó a sentirse en el aire, y su voz, a estremecer nuestros oídos. Quizá sin darse cuenta, se estaba convirtiendo en una voz colectiva, pues asumía como suyo el dolor de los creadores al sentirse abandonados por el Estado y los gobiernos de turno.

La voz de Stuart, por su parte, había adquirido ya la grandeza de los grandes actores: voz única en el teatro dominicano. Una voz poderosa y elocuente, capaz de articular palabras sin abrir los labios y de estremecernos hasta con su silencio

Así las cosas, dos vidas con raíces infantiles diferentes y con edades distanciadas se juntarían una noche en la Sala Ravelo del Teatro Nacional, en un estreno privado de mi obra “Cuerpos de barro”. Esa noche, Danilo Ginebra acudió en calidad de público, mientras que Stuart Ortiz se desempeñó como actor protagónico, compartiendo escenario junto a Lissette Jimnez y Saúl Rodríguez, jóvenes promesas del teatro dominicano. Al terminar, Danilo me confesó que Stuart lo había estremecido profundamente, ignorando que meses después de aquel evento, Stuart moriría ahogado en la Cueva del Huevo, de donde su cuerpo sería trasladado al INACIF.

Stuart Ortiz.

Esta partida a destiempo de Stuart Ortiz nos ha dejado un vacío demasiado hondo. Un dolor que se ha hecho eco entre los teatristas dominicanos, que trasciende el llanto individual y se vuelve mar; el mismo mar que ahora se lo lleva

Debió ser solo eso, el dolor de la pérdida del gran creador, del hacedor de teatro. Debió ser solo eso, digo, pero al ser trasladado al INACIF, a ese dolor se sumó otro muy distinto. Allí, su cuerpo fue dejado en el piso, como si se tratara de un animal sin dueño. A las pocas horas, al no funcionar el cuarto frío de la institución y ante la indolencia de sus cuidadores,  el cuerpo de Stuart Ortiz empezó a descomponerse. Fue una experiencia de mucho drama y dolor a la vez. Quienes vieron el cuerpo no daban crédito a lo que presenciaban. Al momento de ser trasladado a la funeraria, el cadáver se encontraba en avanzado estado de descomposición. La angustia aumentó cuando el establecimiento se negó a recibirlo. Finalmente, ya entrada la noche, llegaron a un acuerdo y hubo comprensión.

Velamos a Stuart Ortiz en un ataúd sellado y envuelto en plástico. A la mañana siguiente, hubo que llevarlo de emergencia al cementerio porque las condiciones eran impropias

Stuart Ortiz.

¿Quién le iba a decir a Danilo Ginebra que a él le tocaría escribir, como a otros, sobre este episodio y denunciar, con la valentía que le caracteriza, el abandono y descuido de una institución pública que debería ser ejemplo de dignidad y pulcritud? Pero Danilo Ginebra va más lejos y pone en claro la indiferencia de los estamentos educativos y culturales de nuestro país. Para ellos, los creadores de arte carecen de importancia, ignorando que el arte es lo único que perdura de la vida; pues sin él, no hay desarrollo social y los pueblos mueren.

Se nos ha ido Stuart Ortiz, un valor artístico extraordinario, pero queda la voz, hecha palabra, de Danilo Ginebra: una voz inteligente, defensora del desarrollo del arte y del respeto que merecen sus hacedores.

Stuart Ortiz.

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Nota: Ver el artículo de Danilo Ginebra en Acento, "Stuart Ortiz y la deuda del Estado con los artistas dominicanos”.

Stuart Ortiz.

Haffe Serulle

Escritor

Haffe Serulle es un escritor y director teatral. Estudió dirección e interpretación teatral en la reconocida Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, y Sociología Laboral, en la Escuela de Sociología, igualmente de Madrid, España. Autor de más de 20 obras teatrales, cuatro libros de poesia y dos de ensayo, es autor de las novelas: Voy a matar al Presidente, Las Tinieblas del Dictador, El vuelo de los imperios, El tránsito del reloj, Los Manuscritos de Alginatho, El plan perfecto de Poncio Pilá, y Plagas y predicciones de la familia Vick-Aux.

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