El dramaturgo, publicista y gestor cultural Danilo Ginebra presentó este martes 25 su más reciente obra, La escena alterada: el impacto de Gratey en la evolución del teatro dominicano, en un acto celebrado en Casa de Teatro.

La puesta en circulación del volumen reunió a actores, escritores y amigos del autor, quienes acompañaron al homenajeado en la velada dedicada a este aporte a la historia y el análisis del teatro en la República Dominicana.

Con este libro, Ginebra examina la influencia de Gratey en el desarrollo de la escena teatral dominicana, consolidando su trayectoria como creador y estudioso de las artes escénicas nacionales.

A juicio del periodista y escritor Fausto Rosario Adames, que tuvo a su cargo la presentación de la obra, "Gratey fue la más alta expresión del teatro dominicano en su historia. Es mi criterio y me arriesgo a decirlo, respetando a todos los que, antes que ellos, hicieron teatro, se esforzaron y crearon el sentido de continuidad en una obra y en una disciplina artística que es colectiva, aunque también creativa, personal, artística y política".

Resaltó que al leer La escena alterada: el impacto de Gratey en la evolución del teatro dominicano se hallarán los esfuerzos de un grupo de hombres y mujeres sin afán de logros individuales, sin afán de lucro, "que abandonaron todo lo que podrían obtener en cada una de sus extraordinarias habilidades, para crear una propuesta de conciencia, de amor a la patria y de entrega a la cultura".

Por su lado, Danilo Ginebra, el autor, expresó que La escena alterada lleva su nombre en la portada, pero es una historia que no le pertenece de manera exclusiva, porque pertenece también a sus compañeros de Teatro Gratey.

"A quienes estuvieron desde el comienzo y a quienes se fueron incorporando en el camino. A los actores, directores, técnicos, escenógrafos, músicos y colaboradores que entregaron talento, tiempo, entusiasmo y sacrificios. Con ustedes compartí ensayos interminables, viajes, escenarios improvisados, dificultades, incertidumbres, alegrías y aplausos. Pero, sobre todo, compartimos una manera de entender el teatro", indicó.

Explicó que para los integrantes de Gratey hacer teatro no era únicamente montar una obra. Era preguntarse qué estaba ocurriendo en nuestro país. Era mirar la historia dominicana, y era discutir sobre la identidad.

Danillo Ginebra junto a su herman Freddy Ginebra, y los actores y amigos que le acompañaron en el acto celebrado en Casa de Teatro.

A continuación las palabras de presentación, de Fausto Rosario Adames:

Presentación del libro ‘La escena alterada: el impacto de Gratey en la evolución del teatro dominicano’, de Danilo Ginebra

 Agradezco la confianza que Danilo Ginebra ha depositado en mí, un advenedizo del teatro, para venir a hablar sobre su libro LA ESCENA ALTERADA: EL IMPACTO DE GRATEY EN LA EVOLUCIÓN DEL TEATRO DOMINICANO.

Honestamente, de teatro sé que uno se prepara para disfrutarlo y asistir a una presentación que puede implicarte, pero que en general tratará de comunicarte con una situación, el desarrollo de un tema, conflictos, comedias, y que al final tendrá un desenlace que te dejará pensando y reflexionando por algún tiempo, o por toda tu existencia.

Soy y he sido consumidor de teatro desde muy temprano, en mi pueblo, Bonao, en donde disfruté y conocí las obras que presentaba una agrupación denominada Juventud Ardiente, y posteriormente de otra agrupación, a la que pertenecí, que se identificaba como LA PIPA. Las obras eran clásicos de nuestra literatura, algunos cuentos del profesor Juan Bosch. Recuerdo los cuentos Todo un hombre y La Nochebuena de Encarnación Mendoza.

Eran obras de teatro de contenido social, desafiantes del estatus político, y que despertaban, o eso pretendían, las conciencias dormidas de jóvenes que mirábamos con cierta pasión hacia la izquierda política, más que hacia la derecha. Eran también obras de teatro para desafiar las capacidades inventivas de una generación afectada por la represión política, por las estrecheces económicas y por los desafíos de una educación que no llegaba a satisfacer nuestras inquietudes.

Los textos en las escuelas y liceos eran conservadores. Los maestros, aunque tuvieran pensamientos revolucionarios, iban comprometidos con el cumplimiento de un currículo educativo igualmente diseñado para controlar las ambiciones sociales y revolucionarias que despertaban la revolución cubana y los partidos de la izquierda, que vivían en la clandestinidad y estimulaban a leer literatura izquierdista, incluyendo novelas como La madre, de Gorki; Cien años de soledad, de García Márquez; Los de abajo, de Mariano Azuela; El mundo es ancho y ajeno, de Ciro Alegría, o El reino de este mundo, de Alejo Carpentier.

El teatro estaba presente en la capital y en cada provincia y municipio del país. Por más rudimentario que fuera, había siempre una propuesta, una iniciativa de los clubes culturales y deportivos. Esos clubes eran más culturales que deportivos. Y eran más políticos que culturales, porque en el fondo el teatro que se proponía, con limitaciones técnicas, sin mucha base teórica y con serias incapacidades económicas, realizaba su labor “por amor al arte”, prácticamente sin cobrar un centavo por las presentaciones, sin compensar a los y las artistas, con la terrible realidad de que esa labor implicaba persecución política. Lo recuerdo perfectamente.

Las presentaciones de Juventud Ardiente terminaban porque las dispersaban la Policía y La Banda. Las presentaciones al aire libre eran foros para potenciales piquetes sorpresivos de los partidos de izquierda, y para la distribución de volantes, algo muy común en aquellos años.

Pido dispensas, porque me han pedido comentar este libro maravilloso sobre los 11 años del Teatro Gratey, con todos los detalles que se exponen en 155 páginas, y he optado por comenzar hablando del teatro que recuerdo y viví en un pequeño pueblo del Cibao central, y que fue una emoción muy grande para mí, porque lo admiré y llegué a amarlo tanto, que acudía a los ensayos, ayudaba en las tramoyas y estaba siempre pendiente de apoyar y poner de mi parte para que la gente acudiera a las presentaciones. Siempre que pude, y me permitieron, estuve sentado entre los primeros espectadores.

Lo de la capital fue diferente, potenciado con creces porque aquí la represión de los 12 años de Balaguer fue más estructurada. Aquí hubo saña contra los clubes culturales, donde el teatro era siempre una señal de identidad. Aparte de ello, como bien queda establecido en este libro, había un teatro de espectáculos comerciales, para los que se utilizaban el Teatro Nacional y el Palacio de Bellas Artes, y algunos progresistas se colaban en estas suntuosas sedes, pero no eran palacios para el teatro desafiante, crítico, el que Bertolt Brecht mostraba y practicaba, como bien reseña Danilo Ginebra en esta obra. Y había un teatro artístico-social, que implicaba un compromiso crítico, un despertar de conciencia y una ruptura con el establecimiento.

Fausto Rosario Adames.

Hubo que realizar muchos esfuerzos, dar batallas, reclamar, para que el teatro crítico y social encontrara espacios dignos en los que mostrarse, porque las salas monumentales no estaban disponibles, sus administradores tenían ojerizas y el proceso político rechazaba cualquier elemento que entendiera se podría utilizar contra el gobierno o sus gobernantes.

El cuadro político cambió a la llegada al poder del PRD, en 1978, cuando Franklin Domínguez, un hombre del teatro, que había jugado un rol progresista en la revolución de abril de 1965, consiguió que Antonio Guzmán asumiera por decreto que el 27 de marzo de cada año se celebra el Día Mundial del Teatro, y aquí a partir de 1980 se asumiera esa misma fecha propuesta, y bajo manifiesto redactado por Jean Cocteau.

Ojo con esto. La liberalización política, la flexibilización de la escena represiva, fue un punto de partida para que el teatro social, progresista, se instalara, y se quedara para siempre. Las salas de las compañías de teatro en la ciudad colonial, en Gazcue y en otros puntos de la ciudad florecieron, y la política ascendió a otro escenario, de más debates y de mayor calado, en el que la represión no era un factor determinante, ni un desafío para los partidos de izquierda, ni para los jóvenes ni para el teatro y sus promotores.

Debo, en justicia, volver atrás: el surgimiento de Casa de Teatro en 1974 fue un extraordinario acontecimiento que tuvo como centro y motivación principal mostrar la cultura dominicana y las manifestaciones que de ella, y con ella, se relacionaban, teniendo al teatro como eje de vinculación principal. Por eso se llamó precisamente Casa de Teatro. Y fue del teatro, del cuento, de la pintura, de la música, de Siete Días con el Pueblo, y de las mayores expresiones culturales de la identidad e idiosincrasia dominicanas.

Y Gratey, y tantos otros agrupamientos teatrales, encontraron cobijo, apoyo, calor, acoplamiento en Casa de Teatro.

No está dicho en el libro que presentamos hoy, pero Casa de Teatro fue en gran medida lo que posibilitó que Gratey experimentara con la creación colectiva, incursionara en el teatro histórico y de autor, y que también promoviera y estableciera un teatro infantil que tuvo y entregó al país grandes aportes para la continuidad del teatro, hasta hoy día.

Este libro recoge una historia de éxitos teatrales como nunca se había expuesto en la historia dominicana. Fueron 11 años, pero al mismo tiempo fueron muchas las actividades que se realizaron. Más de 1.100 presentaciones, promediando más de 100 funciones por año. Fue un teatro que superó las fronteras de la capital, llegando a los rincones más apartados del país, a Cuba, Puerto Rico, México, y a los dominicanos en el exterior, en el caso de Nueva York.

Ya la experiencia de Rómulo Rivas, aquel venezolano que llegó al país, se estableció y encandiló con su dedicación, también fue superada. No fue sino hasta 1989 cuando Gratey dejó de operar como compañía de teatro. No olvidemos: ese fue el año de la caída del Muro de Berlín; fue también el año de mayor divulgación de la inaugurada perestroika y glasnost de Mijaíl Gorbachov. La utopía socialista se venía abajo, y un año después se desvaneció y desapareció la URSS, y la política de Ronald Reagan y Margaret Thatcher pusieron fin a la Guerra Fría e inauguraron un capitalismo unipolar, con Estados Unidos como centro del poder mundial.

Danilo Ginebra no es muy explícito en el libro, pero narra que tuvo una relación con el movimiento sindical, conoció en la cárcel a Julito de Peña Valdez, y luego fue conociendo a Fafa Taveras, a Cucuyo Báez, y consiguió apoyo de Josefina Padilla, Faruk Miguel, Pedro Catrain, Moisés Blanco Genao y otros izquierdistas.

Aunque no hicieran un compromiso político, aunque ninguno de los integrantes de Gratey tuviera militancia política, entre ellos lo sabrían, pero el desafío y el deseo de justicia, y la utopía socialista, siempre estuvieron presentes en sus sacrificios, su trabajo, los riesgos que asumieron y hasta la posibilidad de ir a la cárcel, como ocurrió en varios momentos.

Gratey fue la más alta expresión del teatro dominicano en su historia. Es mi criterio y me arriesgo a decirlo, respetando a todos los que, antes que ellos, hicieron teatro, se esforzaron y crearon el sentido de continuidad en una obra y en una disciplina artística que es colectiva, aunque también creativa, personal, artística y política.

Al leer esta obra encontrarán los esfuerzos de un grupo de hombres y mujeres sin afán de logros individuales, sin afán de lucro, que abandonaron todo lo que podrían obtener en cada una de sus extraordinarias habilidades, para crear una propuesta de conciencia, de amor a la patria y de entrega a la cultura.

Además de agradecer las orientaciones, los estudios de las obras y enseñanzas de Bertolt Brecht, Arthur Miller, del gurú del teatro ruso Konstantin Stanislavski y Jerzy Grotowski, hay que saludar y felicitar a Danilo Ginebra, Olga Bucarelli, Teófilo Terrero, Yanela Hernández, Tomás Alcántara, Máximo Sánchez, a Miguel Bucarelli y a Mario Lebrón, entre otros que han sido protagonistas de esta obra inmensa, histórica, de sostener y empujar un teatro crítico bajo las peores condiciones políticas posibles. Es una injusticia no incluir a Freddy Ginebra como protagonista también de esta historia, con su control, su sabiduría y su independencia, aunque Narciso Isa Conde y su familia hayan sido sus vecinos por tantos años en esta Casa de Teatro.

Otro maravilloso aporte de Gratey fue haber escrito y publicado un libro sobre el Panorama del Teatro Dominicano, para situar la historia del teatro en su justa dimensión, negando categóricamente la supuesta carencia de una tradición del teatro. Este libro fue también una oportunidad para definir el tipo de teatro al que apostaba Gratey. Hay que lamentar que el segundo tomo de la obra nunca viera la luz, pero que con esta puesta en circulación de Escena Alterada: El impacto de Gratey en la evolución del teatro dominicano se suple parcialmente.

Si he llegado muy lejos en estas apreciaciones, pido que dispensen a este advenedizo. Hoy existe un teatro poderoso, especialmente de autor, con talentos extraordinarios, y que han lanzado y presentado obras de gran valor, de mucho avance, y que sigue la tradición crítica de Gratey.

Es verdad que la izquierda ha fracasado en su proyecto; también es cierto que la represión fue un impedimento de muchas iniciativas y motivo de temor y hasta de algunas muertes, pero también es verdad que desde el teatro se trabajaba en función de estimular unas utopías que hoy se sienten truncadas, y que abren las puertas a un teatro más maduro, más consciente, y más artístico. Ojalá que así sea. Y gracias a Danilo por este maravilloso libro, que invitamos a leer.

Las palabras de Danilo Ginebra

Danilo Ginebra.

Puesta en circulación de La escena alterada: Historia del Teatro Gratey

Buenas noches.

Antes que nada, quiero dar gracias a Dios.

Gracias por permitirme llegar hasta esta noche y, sobre todo, por regalarme la oportunidad de regresar a una parte esencial de mi vida y compartirla con ustedes.

Porque este libro nació de la memoria, pero nació también de la gratitud.

Cuando uno mira hacia atrás y descubre cuántas personas estuvieron presentes en el camino, comprende algo fundamental: ninguna historia importante se construye en soledad.

Y esta historia tampoco.

Por eso quiero comenzar agradeciendo a quienes hicieron posible que La escena alterada llegara hasta aquí.

Al doctor Rafael Morla, por aceptar prologar este libro y acercarse a nuestra historia desde su conocimiento y sensibilidad teatral.

A Fausto Rosario, por su apoyo, por abrirnos las puertas de Acento y por ayudar a situar la experiencia de Gratey dentro del contexto social, político y cultural en que nos tocó vivir.

Al pastor Dennis Contanzo, por acompañarnos esta noche con la bendición de Dios.

A María Amalia León, gran amiga y gestora cultural, por su afecto, por sus palabras y por comprender que preservar la memoria cultural es también una forma de construir futuro. Aunque hoy no pueda acompañarnos físicamente, está presente entre nosotros.

A Wilson Rodríguez, a Sylvia Hazouri y a Banreservas, por creer en este proyecto y contribuir a que esta memoria pudiera convertirse en libro.

Y una mención muy especial para Zaza, nuestra diseñadora gráfica.

Gracias, Zaza, por tu paciencia, tu sensibilidad y tu dedicación para convertir fotografías, documentos, ideas y recuerdos en la imagen de este libro.

Danilo Ginebra pone en circulación su libro 'La escena alterada: el impacto de Gratey en la evolución del teatro dominicano'

Casa de Teatro: El regreso

Y quiero detenerme especialmente en el lugar donde estamos.

Casa de Teatro.

Aquí, hace más de cuatro décadas, Gratey encontró una casa para sus actores, sus obras y sus sueños.

Aquí presentamos trabajos que hoy forman parte de nuestra memoria.

Aquí encontramos un público que nos acompañó y que hizo posible que aquella aventura tuviera sentido.

Por eso estar nuevamente aquí tiene una enorme fuerza simbólica.

Gracias, Freddy Ginebra, mi hermano y figura fundamental de esta casa y de la vida cultural dominicana.

Gracias por recibirnos nuevamente.

Después de tantos años, Gratey regresa simbólicamente a este escenario.

Pero no regresa como nostalgia.

Regresa como memoria.

Y esa diferencia es importante.

ESTE LIBRO TAMBIÉN LES PERTENECE

La escena alterada lleva mi nombre en la portada, pero esta historia no me pertenece exclusivamente.

Pertenece también a mis compañeros de Teatro Gratey.

A quienes estuvieron desde el comienzo y a quienes se fueron incorporando en el camino.

A los actores, directores, técnicos, escenógrafos, músicos y colaboradores que entregaron talento, tiempo, entusiasmo y sacrificios.

Con ustedes compartí ensayos interminables, viajes, escenarios improvisados, dificultades, incertidumbres, alegrías y aplausos.

Pero, sobre todo, compartimos una manera de entender el teatro.

Para nosotros, hacer teatro no era únicamente montar una obra.

Era preguntarnos qué estaba ocurriendo en nuestro país.

Era mirar nuestra historia.

Era discutir nuestra identidad.

Era cuestionar nuestras certezas.

Era imaginar que las cosas podían ser diferentes.

Por eso, cuando escribía este libro, muchas veces sentía que no estaba escribiendo solo.

Detrás de cada página aparecía un rostro, una voz, una escena, una discusión, un viaje, una función.

Y comprendí que estaba escribiendo también con la memoria de todos ustedes.

Por eso esta noche quiero decirles simplemente:

Gracias por haberlo vivido conmigo.

EL PÚBLICO

Y hay otro protagonista fundamental:

nuestro público.

Los hombres y mujeres que asistieron a nuestras funciones.

Los que compraron una boleta, llenaron una sala o se sentaron a vernos en una plaza, un parque, una escuela, un club, una iglesia, un sindicato o cualquier espacio donde llevamos el teatro.

Los que rieron.

Los que se emocionaron.

Los que se indignaron.

Los que después de una función se acercaron a conversar con nosotros.

Y también quienes permanecieron en silencio, simplemente mirando.

Porque el teatro es un encuentro.

Necesita actores, autores, directores, técnicos y escenarios, pero necesita, sobre todo, a alguien dispuesto a sentarse frente a ellos y dejarse interpelar.

Por eso, una parte de este libro también les pertenece.

Danilo Ginebra pone en circulación su libro 'La escena alterada: el impacto de Gratey en la evolución del teatro dominicano'

LOS QUE ESTUVIERON Y LOS QUE YA NO ESTÁN

Esta noche también quiero recordar a quienes compartieron aquella experiencia y ya no están físicamente entre nosotros.

Algunos amigos están aquí.

Otros no pudieron venir.

Y otros partieron definitivamente.

Pero todos forman parte de estas páginas.

Porque el tiempo puede llevarse los escenarios, cambiar las ciudades y transformar nuestras vidas.

Pero no puede borrar aquello que dejó una huella profunda.

Y entre esas huellas está Gratey.

LA PROMOCIÓN LA SALLE 1973

Quiero agradecer también a mis compañeros de la Promoción La Salle 1973.

Crecimos juntos.

Compartimos aulas, juegos, inquietudes y sueños.

Después, la vida nos llevó por caminos diferentes, pero permanece algo que el tiempo no puede borrar: la memoria de haber crecido juntos.

Gracias por acompañarme esta noche.

Y gracias a la Fundación Lasallistas por mantener vivo ese espíritu de fraternidad.

TRES MOMENTOS DE UNA HISTORIA

No quiero recorrer esta noche toda la trayectoria de Gratey.

Eso está en el libro.

Pero sí quiero detenerme en tres momentos que ayudan a comprender qué fuimos y qué buscábamos.

1946, MI PRIMERA MANIFESTACIÓN

Uno de ellos fue 1946, mi primera manifestación, una obra sobre la huelga de los trabajadores de la industria azucarera de 1946 y sobre la figura de Mauricio Báez.

Gratey llevó aquella historia por distintas ciudades del país y también fuera de nuestras fronteras, hasta comunidades dominicanas en Estados Unidos y México.

Era nuestro teatro viajando con nuestra historia.

Era la memoria obrera dominicana convertida en escena.

Y hay algo que me emociona particularmente al recordarlo.

Hace aproximadamente cincuenta años, un joven actor de Gratey asumió el desafío de interpretar a Mauricio Báez.

Ese actor está aquí esta noche.

Teófilo Terrero.

Teófilo, el escenario es tuyo.

[PAUSA TEATRAL]

Teófilo Terrero interpreta el fragmento seleccionado.

[SILENCIO]

Gracias, Teófilo.

Gracias por volver esta noche a darle vida a Mauricio Báez y por ayudarnos a recuperar aquella memoria.

Un fuerte aplauso para Teófilo Terrero.

[APLAUSOS]

ALMA CRIOLLA

Otro momento fue Alma Criolla, la zarzuela de Rafael Damirón.

Para nosotros no era simplemente recuperar una obra del pasado.

Era volver a preguntarnos:

¿Quiénes somos?

¿Qué significa ser dominicano?

¿Qué ocurre con nuestra identidad cuando la historia pone a prueba nuestra conciencia nacional?

La presentamos en el Primer Festival de Teatro Popular, organizado junto a Casa de Teatro.

Fueron quince días extraordinarios.

Más de quince grupos participaron en aquella experiencia.

Y más allá de los espectáculos, aquel festival representaba algo mayor: un teatro dominicano que quería encontrarse, crecer, experimentar y llegar a nuevos públicos.

Gratey no estaba solo.

Formaba parte de un movimiento teatral que entendía que el escenario podía ser también un espacio de participación en la vida del país.

LA CHUNGA

Imágenes del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, en Casa de Teatro en los años 1998 y 2010, donde estuvo presente en las puestas en escena de sus obras " La Chunga " y Al pie del Tamesis" . En las.imagenes los artistas Yanela Hernandez,……

Y hubo otro momento que ocupa un lugar especial en nuestra memoria:

La Chunga, de Mario Vargas Llosa.

Escribimos a su casa editorial para solicitar autorización para montarla y recibimos una respuesta generosa.

Pero ocurrió algo que para nosotros parecía casi imposible.

Mario Vargas Llosa vino al estreno.

Estuvo aquí.

En Casa de Teatro.

Sentado entre nosotros.

Después de ver la puesta en escena reconoció nuestro trabajo y valoró especialmente la adaptación y las actualizaciones realizadas a los personajes de Los Inconquistables.

En aquella puesta participó un gran actor de nuestro teatro:

Ángel Mejía.

Ángel ya no está físicamente entre nosotros, pero su talento, su entrega y su presencia permanecen en nuestra memoria.

Quiero recordarlo esta noche como merece.

Un fuerte aplauso para Ángel Mejía.

[APLAUSOS]

Y junto a Ángel hubo también grandes intérpretes que hicieron de aquella puesta una experiencia que todavía permanece en nuestra memoria.

Al recordarla hoy, no estamos simplemente evocando una obra.

Estamos recuperando una época, un grupo de artistas y una manera de entender el teatro: con libertad, con rigor, con imaginación y con la voluntad permanente de hacer cada puesta mejor que la anterior.

Porque eso era Gratey.

No conformarnos.

Preguntarnos siempre:

¿Qué podemos hacer mejor?

¿Qué debemos aprender?

¿Qué debemos cambiar?

¿Cómo podemos llegar más lejos?

Y esa búsqueda permanente de superarnos a nosotros mismos fue, quizás, una de las mayores enseñanzas que nos dejó aquella experiencia.

VARGAS LLOSA: UN SEGUNDO ENCUENTRO

Mario Vargas Llosa.

Nuestra relación con Mario Vargas Llosa no terminó aquella noche.

Muchos años después, en 2012, ya convertido en Premio Nobel de Literatura, regresó a Casa de Teatro con motivo del estreno de Al pie del Támesis.

Para entonces Gratey había concluido su trayectoria.

Sin embargo, asumí personalmente la producción y dirección de aquella puesta.

Y ocurrió algo que para mí tiene un significado especial: Vargas Llosa volvió a reconocer nuestro trabajo y la calidad de aquella puesta en escena.

Tuve así el privilegio de ser distinguido en dos ocasiones por Mario Vargas Llosa con motivo del estreno de dos de sus obras.

Pero quiero decir algo importante:

Para mí aquello nunca fue solamente un reconocimiento personal.

Fue, sobre todo, la confirmación de que una experiencia construida con pasión, disciplina y compromiso puede trascender el tiempo.

LO QUE REALMENTE NOS ENSEÑÓ GRATEY

Y aquí quiero compartir algo que quizá sea más importante que cualquier anécdota.

En Gratey teníamos una dinámica muy definida.

No nos interesaba solamente superar a los demás.

Porque quien busca únicamente superar a los demás termina viviendo pendiente de la comparación.

Nos interesaba algo diferente:

superarnos a nosotros mismos.

Nos preguntábamos permanentemente:

¿Qué podemos hacer mejor?

¿Qué debemos aprender?

¿Qué debemos cambiar?

¿Cómo podemos llegar más lejos?

Esa mentalidad de crecimiento convirtió cada experiencia en una oportunidad.

Una obra nos enseñaba algo.

Una dificultad nos obligaba a buscar una solución.

Una crítica nos hacía revisar el trabajo.

Un error nos obligaba a aprender.

Y un éxito nos exigía no conformarnos.

El éxito, entonces, dejó de ser una meta definitiva y se convirtió en una responsabilidad renovada en cada puesta en escena.

Creo que esa fue una de las grandes enseñanzas de Gratey.

Y quizá sea también una de las razones por las que, tantos años después, seguimos hablando de aquella experiencia.

¿POR QUÉ ESCRIBÍ ESTE LIBRO?

Llegamos entonces a la pregunta fundamental:

¿Por qué escribir La escena alterada?

No lo hice simplemente para contar la historia de un grupo teatral.

Lo hice porque creo que una generación que trabajó, soñó, creó y luchó por hacer teatro en este país merece ser recordada.

Quise dejar constancia de aquellos nombres.

De aquellas obras.

De aquellos escenarios.

De aquella manera de entender la cultura.

Pero también quise que quienes no vivieron aquella época pudieran acercarse a ella.

Porque cuando una experiencia desaparece de la memoria colectiva, no desaparece solamente un recuerdo.

Desaparece una parte de lo que somos.

Y aquí aparece para mí una idea fundamental:

La memoria deja entonces de ser solamente recuerdo. Se convierte en presente.

Porque recordar no significa vivir atrapado en el pasado.

Recordar significa comprender de dónde venimos para poder decidir mejor hacia dónde vamos.

Y cuando una sociedad logra dialogar con su memoria, también comienza a comprender mejor su futuro.

DE LA MEMORIA A LA RESPONSABILIDAD

Después de tantos años dedicados al teatro y a la cultura, aquella historia también me deja una responsabilidad.

Gratey fue construido con pasión, creatividad y sacrificio.

Pero también fue construido enfrentando dificultades que muchas veces obligaban a comenzar prácticamente desde cero.

Por eso, cuando miro hoy aquella experiencia, no quiero limitarme a decir:

“Qué hermoso fue lo que hicimos”.

Quiero hacer una pregunta diferente:

¿Qué condiciones estamos creando para que las nuevas generaciones puedan hacer más y mejor?

La cultura dominicana no puede depender únicamente del esfuerzo individual de sus artistas y gestores.

Necesitamos políticas culturales de largo plazo.

Necesitamos planificación.

Necesitamos articulación entre el Estado, los artistas, las instituciones culturales, las universidades, las fundaciones, las empresas, los investigadores, los gestores y nuestra diáspora.

La cultura no pertenece a un gobierno ni a un ministerio.

La cultura pertenece a la Nación.

Y si algo demuestra la experiencia de Gratey es que cuando existe voluntad, creatividad, disciplina y compromiso, la cultura puede transformar vidas y contribuir también a transformar un país.

Por eso recuperar esta memoria no significa solamente mirar hacia atrás.

Significa preguntarnos qué cultura queremos construir hacia adelante.

LA MEMORIA COMO PUENTE

Cuando comencé a escribir este libro no sabía exactamente hasta dónde me llevaría este viaje.

Hoy lo sé.

Me llevó de regreso a mis compañeros.

A nuestros escenarios.

A nuestros personajes.

A nuestros viajes.

A nuestras discusiones.

A nuestras ilusiones.

A nuestras dificultades.

Pero también me permitió comprender algo que quizás siempre estuvo allí:

la memoria es un puente.

Un puente entre lo que fuimos y lo que somos.

Entre quienes hicieron teatro ayer y quienes lo hacen hoy.

Entre una generación y la siguiente.

Entre la experiencia y el futuro.

Por eso no quiero que La escena alterada sea un punto final.

Quiero que sea una conversación.

Que quien abra este libro encuentre una historia, pero también una pregunta:

¿Qué podemos aprender de aquella experiencia?

¿Qué podemos hacer mejor?

¿Qué debemos cambiar?

¿Cómo podemos llegar más lejos?

Porque esas preguntas que nos hacíamos en Gratey siguen teniendo vigencia.

Y quizá esa sea la mejor manera de honrar nuestra historia:

no repitiéndola, sino aprendiendo de ella.

CIERRE

Y esta noche ocurre algo que para mí tiene una enorme fuerza simbólica.

Casa de Teatro.

Gratey vuelve a Casa de Teatro.

Vuelve con sus actores.

Con sus personajes.

Con sus obras.

Con sus historias.

Pero, sobre todo, vuelve con su memoria.

Y ahora comprendo que una historia no permanece viva porque alguien la haya escrito.

Permanece viva cuando encuentra a alguien dispuesto a escucharla, a cuestionarla y a transmitirla.

Por eso este libro está dedicado a quienes estuvieron.

A quienes ya no están.

A quienes compartieron aquella aventura.

A nuestro público.

Y a quienes vendrán.

A las nuevas generaciones que todavía tienen por delante la maravillosa tarea de hacer del teatro una forma de mirar el mundo.

Hoy puedo decir que aquella experiencia queda escrita.

Pero también puedo decir algo más:

queda abierta.

Abierta a nuevas preguntas.

A nuevas generaciones.

A nuevos escenarios.

A nuevas maneras de hacer teatro.

Y mientras exista alguien dispuesto a recordar, a crear y a volver a subir al escenario para hablar de nuestro país, aquella historia seguirá dialogando con el presente.

Esta noche Gratey vuelve a Casa de Teatro.

Y para mí, ese regreso no es una despedida.

Es un reencuentro.

Gracias a Dios.

Gracias a Casa de Teatro.

Gracias a todos los que hicieron posible este libro y esta noche.

Gracias a mis compañeros de Gratey por haber compartido conmigo aquella hermosa y, a veces, difícil aventura.

Gracias a quienes nos acompañaron desde el público.

Y gracias a ustedes por estar aquí.

Porque después de tantos años, hoy entiendo que el verdadero escenario no termina cuando se apagan las luces.

Permanece en la memoria de quienes lo vivieron.

Y mientras exista memoria, el telón no caerá.

Muchas gracias.

[APLAUSOS]

 

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