Entre los escritos que han podido salvarse del pueblo Azteca, se destacan cantos que expresan la historia y el arte de los cantores mexicas. Nezahualcóyotl, el más conocido de estos poetas, era entendido como el gran sabio, por sus logros y proezas; no obstante, su mayor vergüenza está ligada a los versos de su amigo Cuacuauhtzin, conocido como el cantor de la amistad traicionada.

El relato llega a nuestros días así: «Un rey sabio codició la mujer de uno de sus más valientes guerreros y tal fue el deseo de quedarse con esta que envió al soldado al frente de la próxima batalla, para que cuando esta llegara a lo más recio, pereciera sin remedio alguno». Aunque parezca, esta no es la historia de David y Betsabé; sino de Cuacuauhtzin, el Urías del México Antiguo, un guerrero extraordinario que gastó botines en la restauración de su palacio y la búsqueda de una esposa. Con éxito, el guerrero azteca pretendió a la princesa Azcalxochitzin, quien estaba dotada de gracia, hermosura y bienes de naturaleza. Tiempo después, la joven se trasladó al palacio de Cuacuauhtzin y este esperaba pacientemente la edad adecuada para celebrar nupcias con la princesa, descrita como extremadamente joven para el gozo marital. La alegría perdura hasta que el rey Nezahualcóyotl es flechado por la belleza de la doncella y, cegado por su deseo, envía a su amigo al frente de la guerra, donde no tiene otra opción que no sea morir.

Cuacuauhtzin: Urías del David azteca

De este hecho surgen los versos tristes de ambos poetas. Por su lado, el guerrero descubre las intenciones del rey, pero se esconde en el sentimiento de traición y la melancolía de lo que ya no podía tener. Por esto, se convirtió en el soldado avisado que, por descuido, murió en guerra y solo nos queda su Canto triste como huella de la amistad traicionada.

El cantor acepta que su próximo destino sería la muerte a la que fue vilmente condenado. Bajo ninguna circunstancia podía esquivarla, aun fuera de la guerra se encontraría con ella, pues ya el corazón de su amigo había decidido acabar con él.

¿Adónde en verdad iremos
que nunca tengamos que morir?
(…)
Tú me aborreces,
tú me destinas a la muerte.

Dentro de su gran pesar, Cuacuauhtzin reconoce la victoria del rey sobre el amor de la joven princesa, pero le advierte de la tristeza que luego le invadiría al apodado «Yoyontzin».

Tu atabal de jades,
tu caracol rojo y azul así los haces ya resonar,
 tú, Yoyontzin.
 Ya ha llegado,
 ya se yergue el cantor.
Por poco tiempo alegraos,
vengan a presentarse aquí
los que tienen triste el corazón.
ya ha llegado,
ya se yergue el cantor.

Pese al dolor profundo que atravesaba el guerrero, sugirió a su amigo el rey que, tras afligirse, sanara su corazón y caminare en integridad. Declaró también que su alma en pena no sería tormento para él mientras viva.

Deja abrir la corola a tu corazón,
deja que ande por las alturas.
(…)
Acaso por mí tú tengas que llorar,
por mí tengas que afligirte,
tú, amigo mío,
pero yo ya me voy,
(…)
Sólo esto dice mi corazón,
no volveré una vez más,
jamás volveré a salir sobre la tierra,
yo ya me voy, ya me voy a su casa.

Si Urías hubiera escrito algunos salmos, probablemente coincidirían con el canto de Cuacuauhtzin, quien no solo muestra la perspectiva del corazón herido, sino del guerrero que conoce su valentía, pero se aflige en el dolor de la traición y el destino de la muerte.

Aunque fuera oro
seré yo fundido,
allá en el crisol
seré perforado.

En esta historia, también aparecen los lamentos del rey cuyo pecado es remitido por el perdón. Tal como predijo el guerrero azteca, Nezahualcóyotl pronto estaría afligido por su traición, confirmado en Estoy triste, uno de los cantos más recordados del gran rey.

Estoy triste, me aflijo,
yo, el señor Nezahualcóyotl.
Con flores y cantos
recuerdo a los príncipes,
a los que se fueron,
a Tezozomoctzin, a Cuacuauhtzin.

Para los poetas aztecas, las flores (o xochitl, en la lengua náhuatl) tenían un gran valor como centro espiritual de su cultura. La flor y el canto eran el ideal del arte verdadero. Según la tradición azteca, el cempoalxóchitl guiaba a los muertos, el ixquixóchitl se ofrecía a los guerreros caídos y el yoloxóchitl calmaba la ansiedad. No es motivo de simple simbología que el guerrero las mencione durante todo su canto como compasión de sus aflicciones y compañía para su último respirar.

Flores con ansia mi corazón desea.
Que estén en mis manos.
(…)
con ansia deseo las flores,
que estén en mis manos.
(…)
Llevaré conmigo las bellas flores,
los bellos cantos.

Cuacuauhtzin.

Aunque los poetas aztecas son considerados cantores sin una estructura lírica tan firme como la del Viejo Mundo, en los versos de Cuacuauhtzin pueden encontrarse figuras retóricas como la epífora, donde el verso final de las estrofas 1 y 2 cierra con la exclamación: «Yo soy desdichado». También está presente el estribillo, con la repetición tipo coro de los siguientes versos:

Ya ha llegado,
ya se yergue el cantor.
Ya me voy a su casa.
¿No hemos de conocer el placer, amigos nuestros?

Una de las diferencias entre Urías y Cuacuauhtzin es el origen de la traición de cada uno. La mujer de Urías es deseada por el rey David al este verla desde su terrado en el lugar donde ella se bañaba; mientras que Cuacuauhtzin es quien abre las puertas a la codicia de su amigo, al sentarlo en su mesa y pedir a su prometida que sirviese la comida en aquel día. Posiblemente, el encuentro hubiera tenido otro desenlace si no fuera por el hecho de que Nezahualcóyotl estaba afligido por no encontrar una mujer legítima que le diera un heredero al trono. El lugar de baño y la mesa se conjugan como un símbolo de la intimidad, pues ambos son esa brecha por donde el mal encontró una vía de escape.

Pese a la amistad traicionada, el valor de Cuacuauhtzin está en su don de abstinencia, liderar guerras, perdonar y aconsejar en medio del dolor, sosteniéndose de las flores y el canto. De la traición vivida por el cantor azteca se puede confirmar que la mayor precaución no debe ser del enemigo que encuentras en guerra, sino de aquel que sientas contigo en la mesa.

Referencias

Aztecas, mayas y más (19 de septiembre de 2025). Las xochitl (flores) en la época prehispánica no eran solo ornamento: eran medicina, lenguaje ritual y símbolo cósmico. Facebook. https://www.facebook.com/100068274458440/posts/-las-xochitl-flores-en-la-%C3%A9poca-prehisp%C3%A1nica-no-eran-solo-ornamento-eran-medicin/1090756996543439/

Histomex. Flores aztecas: rituales y dioses de la cultura mexica. https://histomex.org/flores-aztecas/#Contexto_historico_de_la_cultura_mexica

León de Portilla, Miguel (2006). 13 poetas del mundo azteca. Fundación editorial El perro y la rana.

Ariana Isabel Peguero Núñez

Estudiante de letras

Ariana Isabel Peguero Núñez. 25 de noviembre del 2005, Distrito Nacional, República Dominicana. Letraherida con inclinaciones hacia los cuentos, versos y el teatro. Primer lugar en el Concurso Nacional de Guiones: Escuela, Escritura y Cine (CONGUIONES) del Ministerio de Educación en el año 2023, con Teitoca. Actualmente, es estudiante de la Licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Su correo electrónico es: arianapn25@gmail.com

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