«Una vida sin examen no merece la pena ser vivida».
Esta fue una de las frases pronunciadas por Sócrates en su juicio, una que lo llevó a la muerte. Durante su apología, Sócrates aceptó la muerte bajo esta máxima. Pero que un viejo griego lo haya hecho no quiere decir que eso sea relevante para nosotros. ¿Qué significa esta frase? Esencialmente, una vida sin reflexión, sin crítica, no tiene valor.
No estoy seguro de estar de acuerdo con esto en su totalidad, pero creo que podemos encontrar algo de utilidad en la idea. Es a través de la crítica y la reflexión que encontramos las fallas, los errores que cometemos, y las soluciones a esas fallas. Es a través de ellas que asignamos valor a las cosas que nos suceden. Es gracias al análisis y la reflexión que logramos encontrar nuestro camino en la vida. Así que, tal vez la falta de ese examen no le robe todo el valor a una vida, pero su presencia definitivamente le da la oportunidad de crecer. Si esto es verdad para una vida, para un individuo, ¿no lo sería también para un conjunto de individuos, una sociedad?
Gran parte de los centros de estudio en la República Dominicana se han enfocado en las ramas médicas y gerenciales de las ciencias sociales, como la psicología, la administración y la economía. En nuestro país existe una minúscula oferta académica para las demás disciplinas, y ni hablar de la demanda. He escuchado a muchos jóvenes decir que quieren ser médicos y empresarios, pero a ninguno decir que quiere ser historiador o antropólogo. La cantidad de personas que comienza a estudiar estas carreras cada año no es ni una fracción de los que se gradúan de otras disciplinas como leyes, medicina o administración. Si Sócrates viera el estado de nuestra sociedad, exigiría la destrucción de la misma.
Pero ¿con qué se come esto? En términos prácticos, ¿qué significa todo esto para el ciudadano dominicano? Genuinamente, ¿qué importancia tienen estas disciplinas? ¿Por qué deberíamos prestarles más atención tanto a nivel social como gubernamental? Para responder estas preguntas hay un axioma que debemos aceptar sin necesidad de evidencia o discusión: que el propósito de toda sociedad debe ser la mejoría de la calidad de vida para todos sus miembros. La sociedad debe estar al servicio de las personas, no al contrario. Cuando se pone a los ciudadanos al servicio de la «sociedad», solo se crea un orden de explotación en el cual se sacrifica el bienestar de los muchos por la avaricia de los pocos. Todos podemos estar de acuerdo en esto.
Como consecuencia de esta idea, también aceptamos que una sociedad que no toma esfuerzos para asegurar la mejoría de la calidad de vida para todos sus miembros, sin importar su género, color o identidad, no solo ha fallado en alcanzar su propósito, sino que ha creado una máquina de explotación.
Las ciencias sociales son el medio que examina la sociedad. Es gracias a estas disciplinas que arrojamos luz sobre los mecanismos de la sociedad dominicana y observamos qué efecto tiene cada parte de ella. La sabiduría de estas se encuentra incluso en el aforismo «el que no conoce su historia está condenado a repetirla». Me atrevo a expandir esta sabiduría popular: el que no conoce el porqué y el cómo de su historia está condenado a sus injusticias. Estas disciplinas tienen un rol íntimo no solo con el mundo intelectual, sino también político, gubernamental y económico.
Digamos que el gobierno desea tomar acción para disminuir la violencia de género en nuestro país. ¿No sería óptimo contar con la ayuda de un equipo de sociólogos —personas que han estudiado las relaciones de género y cómo los sistemas sociales afectan de forma diferente a las personas dependiendo de su género— para formar un plan eficaz? Otro ejemplo: digamos que se encuentran fallos fundamentales en cómo funciona el sistema político que llevan a la creación de dinámicas de desigualdad y explotación. ¿No será necesario contar con un politólogo para analizar posibles cambios?
Al encontrarnos con estas realidades, nos damos cuenta de que al dominicano promedio le tiene que importar mucho cómo esto sucede. Cuando se toma la decisión de expandir una ruta de transporte público sobre otra, o de dar apoyo a un hospital en vez de otro, son las ciencias sociales las que nos informan del efecto que esto puede tener.
Pero, Lessing, dirá usted, querido lector, si esto es tan importante, ¿por qué casi nadie se interesa por ello? A lo cual puedo responder con algunas hipótesis. No puedo culpar a un niño que no tenga interés en las ciencias sociales. Su única exposición explícita a ellas es a través del currículo dominicano. Sé que no soy el único que, al pensar en la materia de Ciencias Sociales en el colegio, solo puede recordar a un profesor viejo recitando fechas y nombres de eventos históricos por horas y horas, tan aburrido que uno hasta se duerme escuchando. El currículo dominicano en Ciencias Sociales presenta un gran énfasis en la historia y geografía del país, pero neglige la importancia de otras ciencias sociales como la antropología, la sociología e incluso la arqueología (que tiene vínculos directos con la historia). ¿Qué niño quisiera convertirse en ese profesor aburrido?
Otra posible razón es que, simplemente, es más fácil no hacer caso a las ciencias sociales y a los procedimientos adecuados de investigación. Prestar atención a la evidencia que provean los expertos puede ir en contra de los intereses políticos y personales de quienes están en el poder, así que es más fácil ignorarlo y ya. Más de una vez he leído una investigación publicada por uno de nuestros ministerios, solo para encontrarme con citas que no existen o mal uso del sistema APA. En otras palabras, dar énfasis a las ciencias sociales puede convertirse en un obstáculo para aquellos que buscan el poder para sus propios fines.
Es imposible negar la función vital de estas disciplinas en la vida social. Cada ciencia social nos informa sobre cómo funciona nuestra sociedad y nos ofrece las herramientas para cambiarla. Todas las áreas del saber tienen su valor, pero al tomar todo esto en cuenta, vale la pena preguntarnos por qué disciplinas como la administración y la ingeniería suelen ser más apreciadas en nuestros roles gubernamentales. Un gobierno no es una compañía o un negocio cuyo objetivo es producir dinero, sino una organización de recursos nacionales que —supuestamente— busca el bienestar de todos, y el bienestar no se mide en producto interno bruto ni en remesas.
La sociedad dominicana no podrá crecer ni ofrecer una mejor calidad de vida a sus miembros hasta que no valoremos a las ciencias sociales. Esta es la cicuta, el amargo veneno que mata a la sociedad dominicana, así como mató a Sócrates cuando el jurado ateniense, su sociedad, lo condenó a muerte. Es nuestra responsabilidad como dominicanos exigir la presencia de estos campos del saber en la creación de nuestra vida social y política. Una sociedad sin examen no merece la pena ser salvada.
Lessing Abdias Pérez Calderón
Lcdo. en Lengua y Literatura

Lessing Abdías Pérez

Licenciado en lengua y literatura

Lessing Abdías Pérez es un egresado de la Licenciatura en Lengua y Literatura orientada a la Educación Secundaria en la Pontificia Universidad Madre y Maestra. Ha demostrado un alto interés por el arte, educación, urbanismo, y las ciencias.

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