La Orden religiosa de los predicadores, conocida también como la Orden Dominica y Orden de Santo Domingo, viene de lejos. Fue fundada por Domingo Guzmán y aprobada por el papa Honorio III en 1216. Al producirse el llamado «descubrimiento» de América, llegaron a la zona colonial, ubicándose en un hermoso e imponente convento que todavía está vigente en la ciudad de Santo Domingo.
Mientras otras órdenes oficiales de la Iglesia católica priorizaban la evangelización, los dominicos se definieron por la enseñanza superior, como habían hecho durante años en Europa, y fundaron el Primer Estudio General de Santo Domingo en 1518.
El 28 de octubre de 1538, basados en la bula Apostolatus Culmine del papa Paulo III, crearon la Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino en su convento, definida como la primera universidad de América, dentro de un espectro internacional.
Por diversas razones, esta universidad fue cerrada durante la ocupación haitiana (1822-1844), siendo transformada años después, en 1947, con la construcción de la Ciudad Universitaria por la dictadura trujillista, convertida realmente en una universidad modernizada de élite, en una universidad para los ricos del país.
La «Revolución de Abril del 65» es el acontecimiento más trascendente de la historia reciente del país, cuando un pueblo, armas en la mano, enfrentó a uno de los ejércitos más poderosos del mundo, redefiniendo la soberanía y la identidad nacional.
Este glorioso movimiento político-social transformó la Universidad con las esencias de la Reforma de Córdoba, Argentina, creando el Movimiento Renovador, integrado por profesores y estudiantes progresistas como conquista de esta Revolución de Abril que la convirtió en una universidad democrática, crítica, abierta a los diversos sectores sociales, identificándose con orgullo como la «universidad del pueblo» y, por su criticidad y libertad, en «conciencia de la nación».
A pesar de los discursos y las mejores intenciones, había nuevas denominaciones, pero sin rupturas radicales en cuanto al fondo de los contenidos académicos, pedagógicos y educativos en áreas sensibles como la salud, que entraban paradójicamente en contradicción con la propia filosofía y la visión ideológica de este Movimiento Renovador.
Y esto ocurría también a nivel internacional en las universidades progresistas, al proclamarse que los profesores y los estudiantes tenían que dejar de memorizar y comenzar a pensar. ¡Las nuevas universidades debían enseñar a pensar y no a repetir!
Con el tiempo, en la década de los 70, surgió en América Latina un «movimiento de izquierda en salud», simbolizado en el médico-sociólogo revolucionario Juan César García, con diversos seguidores en Cuba, Ecuador, Nicaragua, Chile y Guatemala, entre otros países, para transformar, en especial, las carreras de Medicina y Odontología en expresiones sociales humanizadas y lograr una ruptura con la visión clínico-biologista, privado-comercial que entonces predominaba.
Con las intencionalidades del Movimiento Renovador, pero insertados en este movimiento progresista latinoamericano, en la Facultad de Ciencias Médicas de la UASD, como se denominaba entonces, el Dr. Agustín Heredía y el sociólogo Dagoberto Tejeda Ortiz comenzaron a hacer una ruptura en la Escuela de Odontología, trasladando las prácticas estudiantiles, por vez primera, del campus universitario a Las Tablas, comunidad rural de Baní, y a Miramar, un barrio popular de San P. de Macorís, en la asignatura de Odontología Preventiva.
Las asesorías de la Oficina Panamericana de la Salud (OPS), insertadas en este movimiento internacional de cambios, con el equipo dominicano, encabezado por el Dr. José García Ramírez, decano de la Facultad, y su vicedecana, la Dra. Blanca Odete García Vda. Peguero, posibilitaron un movimiento de transformación de la Facultad, a tal punto que dejó de ser la «Facultad de Ciencias Médicas» para convertirse en la «Facultad de Ciencias de la Salud»; el «Departamento de Análisis Clínico» pasó a ser el «Departamento de Bionalis»; se redefinió el Departamento de Farmacia y se crearon las carreras de Salud Pública y Enfermería, dejando de ser la Medicina el centro hegemónico del conocimiento científico de la salud.
Para la coordinación general de este proceso fue creada en la Facultad la Oficina de Educación y Planificación (ODEPLAN), todavía vigente, coordinada por el Dr. Fernando Sánchez Martínez, el sociólogo Dagoberto Tejeda Ortiz, el Dr. Diomedes Robles Cid, el Dr. Julio Ravelo Astacio, el Dr. César Mella Mejías y el Dr. Ricardo Corporán.
La extensión realizada en la Facultad de Ciencias de la Salud impactó la filosofía y la visión ideológica de la UASD, a tal punto que, en su estatuto orgánico, la extensión, junto con la docencia y la investigación, pasó a ser uno de los ejes transversales de la enseñanza universitaria; se creó la Vicerrectoría de Extensión y, como consecuencia, fueron creadas las OPLASE en todas las facultades.
El Dr. Azjana fue testigo y parte de estas transformaciones. Pero la UASD fue cayendo en manos inapropiadas, se fue adormeciendo, acomodándose al poder político, dejando de ser «conciencia de la nación», con la tentación actual del peligro de una pretendida privatización.
Cuando se proclama el bienestar actual, estamos realmente más mal que bien, por la ausencia de criticidad y el respeto estatutario. Por eso, la UASD tiene que remenearse, tiene que transformarse, actualizarse y modernizarse, romper con la complicidad del silencio para no ser de la primera, la última. ¡Ese es el desafío de Azjana como rector! ¡Mañana miércoles, 17 de junio de 2026, Azjana será el nuevo rector de la UASD!
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