Anaka-O-Na. Alba y Ocaso es una cantata de excepción que integra elementos actorales, visuales, pictóricos e históricos; sonidos originales del ancestro taíno; y un ejercicio singular de antropología teatral en la escena dominicana.
Es arte como inversión sensorial, cultura taína dialogando con la modernidad inmersiva digital; fiesta de luces simbólicas, danza, cantata y vestuario, una dimensión que se coloca muy lejos de lo ordinario. Aquí no hay aplausos convencionales, ni flores ni críticas complacientes.
Al concluir la función —todavía bajo el efecto de unos aplausos de una tonalidad distinta a los que suelen sellar cualquier representación teatral— surge una pregunta inevitable, casi inquietante: ¿qué acaba de pasar? ¿Qué hemos presenciado realmente? ¿Hacia dónde conduce este dispositivo escénico, histórico y sensorial que se nos ha impuesto como experiencia total?
Lo visto no es el teatro al que estamos acostumbrados. Lo experimentado se distancia del afán teatral recreativo —sin dudas necesario para expandir el alma, relajar los ánimos o conducir la risa hacia la reflexión dramática o la emoción— y se instala en otro territorio: el de la evocación profunda, el del rito escénico que interpela más de lo que complace.

Anacaona fue una líder femenina dentro de una compleja sociedad precolombina; artista y guardiana de la tradición oral, vinculada a rituales, música y memoria colectiva; símbolo, además, de las profundas transformaciones culturales que vivieron los pueblos indígenas del Caribe tras 1492, según los historiadores de mirada crítica. Esa densidad histórica y simbólica es la que el montaje se propone restituir.
Frente a un trabajo de esta naturaleza no caben elogios personales ni gestos protocolarios al cierre de la función, ni siquiera crónicas periodísticas que pretendan “pagar” la experiencia.
Es un montaje que merecería el más alto reconocimiento y el más simbólico y respetable de los premios, aun cuando sus creadores solo persigan dejar una palabra que trascienda el presente.
Tras este despliegue artístico, la diferencia la marca la idea, el concepto y la actitud de quienes, desde sus diversos talentos —lo actoral, lo antropológico, la dirección escénica, la destreza técnica, especialmente en luces y sonido, y la construcción audiovisual inmersiva— sostienen una propuesta que no es teatro recreativo. Lo que deja, en cambio, son interrogantes que reclaman respuesta: ¿por qué un planteamiento artístico de este nivel no cuenta ya con un calendario de presentaciones en escuelas y colegios?
Anaka-O-Na. Alba y Ocaso tiene como eje el poder interpretativo de Nileny Dippton, artista que hace tiempo decidió asumir lo socialmente trascendente como núcleo de su trabajo creativo, reuniendo talentos afines, consecuentes y admirados.
La unidad artística del Teatro Talassa —con Dippton, Cristian Martínez y Fausto Rojas— tiene una historia reconocible: Isla de sangre, drama teatral escrito por Cristian Martínez y dirigido por Fausto Rojas, con Mileny Dippton como protagonista y productora general, marcó además la inauguración del Teatro Talassa, su propio espacio escénico en Crismar RD. A ello se suma su protagónico en El último personaje de Cecilia B., de Giovanny Cruz, bajo la dirección de Rojas. La próxima obra de este equipo, también de temática aborigen, es original de Giovanny Cruz y contará nuevamente con Dippton como figura central: Ecos de sangre, a estrenarse el 10 de abril en la Sala Ravelo del Teatro Nacional.
El impacto artístico del montaje resulta lúdicamente abrumador por la cantidad de recursos y talentos armónicamente dispuestos, hasta conformar una experiencia que reivindica a quien puede considerarse la primera gran mujer sobresaliente de nuestra historia, entretejiendo múltiples episodios y personajes.
Mileny Dippton logra una representación arrolladora: una memoria extraordinaria para manejar el lenguaje arahuaco, los nombres de personajes, regiones, alimentos, ofrendas e incidencias, todo ello asumido con una expresividad impecable, discurrente, penetrante y seductora, encarnando catorce personajes. A ello se suma la actuación de Nefer Galaxia, ambas respaldadas por un trabajo de vestuario y utilería de notable rigor histórico.

Opiniones críticas
Carlos Castro, crítico y director teatral, sostiene en Acento:
“La obra propone una experiencia teatral distinta, en la que el público se sumerge en un viaje sensorial que mezcla actuación, proyecciones digitales, música indígena y efectos especiales… y busca acercar la figura de Anacaona a las nuevas generaciones desde una perspectiva actual”.
Carmen Heredia, una de las voces más rigurosas y constantes de la crítica teatral dominicana, afirma en el diario Hoy:
“La creatividad del director Fausto Rojas convierte la puesta en escena en un caleidoscopio de imágenes de gran belleza y colorido, en que destaca la iluminación de Ernesto López, el bellísimo vestuario de época, los diseños de Bautista Sierra, las proyecciones de pantalla de Bill Gil y el maquillaje de Francis de la Cruz”.
Anaka-O-Na no es el teatro de costumbre. Es una de las experiencias escénicas más intensas y visualmente definidas del año 2025 —con reposición en febrero de 2026—, marcada por su estética simbólica e inmersiva, por su estructura de cantata en idioma original (con la debida orientación en castellano) y por un claro aporte educativo que debería ser incorporado por el Estado en sus programas de formación escolar, como vía para reubicar la memoria indígena caribeña.
Insistimos: esta obra artística multidisciplinaria, centrada en un tema crucial y aún desconocido para buena parte de la juventud, debe escapar del circuito tradicional que se limita a lograr buenas críticas, nominaciones o premios —sin restar valor a estos— y trascender hacia un compromiso institucional más amplio.
El proyecto debe figurar en los programas educativos oficiales. Esa es la verdadera tarea pendiente. Alguien tiene que tomar nota y colocarlo, con urgencia y sentido histórico, en la agenda de prioridades de los Ministerios de Educación y Cultura.
Ficha técnica
Anaka-O-Na. Alba y Ocaso
Producción general, autoría y diseño de imágenes: Cristian Martínez
Producción general, dramaturgia y actuación principal: Mileny Dippton
Producción ejecutiva: Nolandia Estévez
Dirección escénica: Fausto Rojas
Actriz invitada: Nefer Galaxia
Proyecciones: Bill Gil
Universo lumínico: Ernesto López
Vestuario: Bautista Sierra
Maquillaje: Francis de la Cruz
Utilería: Saúl Molina
Medios digitales: Felipe Blonda
Programa de mano: Claudia Lizardo
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