Una palabra se considera disponible si, en una situación particular, se presenta fácilmente y de forma inmediata a la mente del hablante.
En el pasado existía la creencia de que la frecuencia con que aparecía una palabra era un reflejo seguro de su utilidad o de su importancia. Sin embargo, resulta fácil descubrir que la medición exclusiva de este factor no es suficiente, porque una palabra puede aparecer con frecuencia en un determinado tipo de texto y no aparecer nunca en otros textos. Por eso, se hacía necesario añadir el análisis de la dispersión, es decir, de la presencia de la palabra en diferentes áreas semánticas. Para ello, se divide el corpus en campos léxicos. La ponderación de la frecuencia con la dispersión permite descubrir el índice de uso de cada palabra. De esa manera se determinan los términos que pertenecen al léxico básico de la lengua.
Pero, a pesar del rigor seguido en los estudios sobre léxico básico, con la utilización de muestras muy amplias y con la aplicación de la medida de la dispersión, se escapan de los recuentos palabras comunes conocidas y usadas por todos los hablantes en determinadas circunstancias. Son palabras que presentan frecuencias muy bajas y, según este criterio, no califican para formar parte de la lengua básica, lo cual no parece sensato si en verdad se trata de vocablos conocidos y usados por todos o por la mayoría de los hablantes. Este hecho sirve para demostrar que, efectivamente, no hay una correlación entre la frecuencia y la utilidad de un término. Muchos elementos léxicos útiles pueden tener una frecuencia muy baja. Varias investigaciones ilustran este fenómeno. En el Léxico Básico del Español de Puerto Rico están ausentes las palabras bicicleta, correa, mecedora, lápiz, queso. Asimismo, en el Diccionario básico del español de México no aparecen cabello, enfermera, helicóptero, melón, salchicha. Lo mismo sucede con bombillo, costilla, cuchara, lechuga, mochila, por ejemplo, que no figuran en el Léxico básico de la lengua escrita en la República Dominicana. Este tipo de limitación de los estudios de frecuencia llevó a algunos investigadores a elaborar el concepto de léxico disponible.
Se entiende por léxico disponible el vocabulario utilizable en una situación comunicativa determinada. Se trata de las palabras que surgen en torno al tema o centro de interés al que se refiere una conversación. Dicho de otra manera, una palabra se considera disponible si, en una situación particular, se presenta fácilmente y de forma inmediata a la mente del hablante.
Son abundantes en el mundo hispánico las investigaciones sobre este interesante tema, promovidas por la labor desarrollada por Humberto López Morales. Ha sido precisamente el léxico de Puerto Rico el que primero fue objeto de los análisis de disponibilidad.
En la República Dominicana, se cuenta con varios trabajos de Orlando Alba. Estos estudios incluyen el diccionario sobre el léxico disponible dominicano (1995) y análisis sobre la densidad de los anglicismos, y de aspectos sociolingüísticos de la disponibilidad.
En una investigación más reciente, se analiza el cambio del léxico disponible en tiempo real. El propósito central del trabajo consistió en examinar el cambio lingüístico en tiempo real dentro del léxico disponible de los dominicanos. Con ese fin, se hizo un estudio longitudinal de tendencia en el que se comparan los datos reunidos durante el invierno de 2008 con los recogidos unos 20 años antes, en 1990, que fueron presentados tiempo después en un libro publicado en 1995.
Como el léxico disponible se compone de las unidades que afluyen de manera espontánea a la memoria del hablante dentro de un campo semántico o centro de interés determinado, los datos fueron recogidos mediante la técnica de asociación de palabras. Los informantes debían escribir durante un período de dos minutos las palabras que acudían a su mente relacionadas con el tema sugerido en cada caso.
A manera de ilustración, el siguiente cuadro presenta el índice de disponibilidad de las primeras 20 palabras en una de las áreas léxicas estudiadas (alimentos o comida) en dos épocas separadas por 18 años.
Los resultados de la investigación confirman que, a través de los años, arroz y habichuela se han mantenido como las palabras que acuden primero a la mente de los dominicanos cuando piensan en alimentación. Sin embargo, el término carne, que junto a los dos anteriores conforma el trío que tradicionalmente integra el plato conocido como la bandera, en la última encuesta baja a la cuarta posición, desplazado por jugo, que aumenta su grado de disponibilidad, y pasa de la posición 17 a la 3. Lo contrario ocurre con la palabra leche que, de la posición 4 en 1990, baja a la 19, con un índice de disponibilidad de apenas 0.16830 en 2008. De su lado, podría señalar un cambio en los hábitos alimenticios del país el ascenso a los primeros lugares en la última encuesta de refresco, pizza, hamburguesa, con el consecuente descenso de huevo, guineo, naranja, zanahoria, batata y maíz, que en un lapso de 18 años han sido excluidas del selecto grupo de las primeras 20 palabras disponibles del vocabulario de los dominicanos.
El trabajo permite observar también las diferencias motivadas por el nivel social de los sujetos a través de los años. En el corpus recogido en 1990, el promedio de palabras diferentes producidas por los hablantes del nivel alto fue de 293, es decir, 18 por cada centro de interés; los del nivel medio promediaron 258 (16 por cada centro de interés); los del nivel bajo, por su parte, alcanzaron en conjunto 208, lo que equivale a un promedio de 13 palabras por sujeto en cada centro. Al comparar los dos extremos de la escala social, se descubre que los jóvenes del grupo alto aventajan a los del bajo en una proporción de 4 a 3: por cada 4 palabras disponibles en el sociolecto alto, el bajo solo cuenta con 3.
Los resultados de la segunda investigación dibujan el mismo patrón regular generado por el factor sociocultural. Los estudiantes de nivel social alto promedian 315 palabras (19.68 por cada centro de interés); los del nivel medio producen una media de 275 términos (17 por cada centro); y los del grupo social bajo apenas promedian 202 palabras (poco más de 12 en cada centro de interés). En consecuencia, los datos anteriores manifiestan una profundización de la diferencia entre los dos grupos extremos al cabo de poco menos de 20 años. Ahora el promedio de palabras disponibles por sujeto en cada centro de interés no arroja como antes una relación de 4 a 3 (18 frente a 13 palabras por centro) a favor de los hablantes del grupo más alto, sino de casi 5 a 3, ya que en tanto estos manejan un promedio de 19.68 unidades léxicas por centro (315.25 ÷ 16), los otros solo tienen a su alcance 12.6 (201.92 ÷ 16).
En otras palabras, la distancia entre ambos grupos se aleja de 5 a 7 palabras por cada centro de interés. De acuerdo con esto, los jóvenes del grupo bajo solamente disponen del 64% del léxico con el que cuentan los del grupo alto. Tales resultados representan un reflejo bastante fiel de la progresiva desigualdad socioeconómica que divide a la población del país. En este sentido, así como con el paso del tiempo parece haberse ampliado la brecha social en la República Dominicana, de forma que los sectores privilegiados de la sociedad se han hecho cada vez más ricos y los grupos desfavorecidos económicamente han llegado a ser aún más pobres, por lo visto también ha ocurrido algo similar en el terreno de la competencia léxica de los ciudadanos.
El cuadro siguiente recoge las primeras 20 palabras disponibles en el centro de interés de los alimentos de acuerdo con el nivel social de los estudiantes. Resaltan varios hechos importantes. En primer lugar, se comprueba que los nombres de los dos alimentos más populares y tradicionales de los dominicanos (arroz y habichuela) no tienen fronteras sociales, y ocupan los primeros dos lugares de disponibilidad en todos los grupos. Se destaca, sin embargo, que palabras como pizza, hamburger, jamón y vodka, que están muy al alcance de los hablantes del grupo social medio, y especialmente del alto, no tienen un alto grado de disponibilidad entre los sujetos del grupo bajo. A estos, en cambio, les llegan pronto a la memoria las unidades léxicas guineo, pescado, huevo y ensalada, que no ocupan una posición dentro de los primeros 20 lugares en las listas de los demás grupos.
Información más detallada se encuentra en el libro Observación del cambio lingüístico en tiempo real: el nuevo léxico disponible de los dominicanos (2014), que puede leerse en Internet siguiendo este enlace.
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