Título original: Resident Evil. Año: 2026. Género: Terror. País: USA. Dirección: Zach Cregger. Guion: Zach Cregger, Shay Hatten. Videojuego: Capcom. Elenco: Austin Abrams, Zach Cherry, Kali Reis, Paul Walter Hauser. Duración: 1 hora 35 minutos
El director Zach Cregger (Weapons, 2025) en “Resident Evil: Noche Cero” rompe con la narrativa que caracterizaron a las anteriores adaptaciones de este famoso videojuego y opta por convertir en experiencia cinematográfica la lógica del “survival horror”.
Escrita junto Shay Hatten, el relato sigue a Bryan (Austin Abrams), un mensajero médico que debe transportar un paquete hacia Raccoon City y queda atrapado en un brote provocado por Umbrella.
Precisamente el relato se construye alrededor de ese individuo ordinario que desconoce las reglas del mundo al que acaba de entrar, por tanto, la película funciona como una especie de iniciación involuntario ya que Bryan empieza siendo un trabajador que simplemente quiere cumplir una entrega y termina obligado a aprender, a través del peligro, las reglas del nuevo universo monstruoso donde queda atrapado.
Cregger organiza el recorrido de Bryan como una sucesión de obstáculos, espacios y objetivos que recuerdan las misiones del videojuego presentando carretera, viviendas aisladas, encuentros con criaturas, desplazamientos hacia Raccoon City y finalmente el entorno de Umbrella.
El procedimiento es eficaz durante buena parte del metraje porque el espectador descubre las reglas al mismo tiempo que el protagonista, sin embargo, el mecanismo tiene un costo narrativo ya que la sucesión de amenazas produce una sensación de acumulación más que de desarrollo dramático.
No obstante, lo interesante que se planeta es que cada espacio aparentemente seguro termina revelando una nueva forma de peligro lo que se entiende como uno de los principios esenciales del “survival horror” que apunta a que el espacio deja de ser un escenario neutro y se convierte en un problema que debe resolverse.
Por eso el trabajo actoral de Austin Abrams es fundamental para que esos escenarios y las situaciones resulten creíbles dentro del mecanismo de supervivencia que Bryan tiene que utilizar pues no posee las habilidades físicas ni la seguridad de los protagonistas tradicionales de la franquicia.
Austin construye la vulnerabilidad desde gestos pequeños como el desconcierto, miedo, irritación, respuestas nerviosas y una torpeza deliberadamente poco heroica. Las escenas de combate no eliminan su fragilidad, al contrario, el hecho de que dispare con inseguridad, administre sus recursos y reaccione como una persona sin entrenamiento mantiene presente el peligro.
De todas maneras, “Resident Evil: Noche Cero” no pretende ser una versión cinematográfica de un título concreto de Capcom; pretende ser una película sobre la sensación de jugar Resident Evil.
Esa diferencia explica tanto su eficacia como sus límites porque para quienes busquen fidelidad argumental, puede parecer una desviación considerable; para quienes entiendan la franquicia como un conjunto de mecánicas, atmósferas y reglas de supervivencia, la película ofrece una reinterpretación coherente de su propia naturaleza.
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