En un ecosistema audiovisual cada vez más diverso, el impacto del cine dominicano trasciende la taquilla en las salas de cine del territorio nacional e incluye su circulación internacional, su presencia en múltiples ventanas de exhibición y su aporte cultural, económico e industrial.

El audiovisual se encuentra en una constante transformación a nivel global y República Dominicana no es ajena a ese proceso. Los hábitos de consumo han cambiado de manera significativa, impulsados por la expansión de las plataformas digitales, la diversificación de ventanas de exhibición y nuevas formas de acceso a los contenidos. En ese contexto, el análisis del consumo audiovisual no puede limitarse exclusivamente a la asistencia a salas de cine en el país.

Es así como el cine circula dentro de un ecosistema de múltiples ventanas que trasciende la exhibición tradicional en salas. A las salas se suman plataformas de streaming, televisión, festivales internacionales, mercados de distribución, circuitos culturales e incluso sistemas de entretenimiento a bordo en aerolíneas. Si el análisis del sector se realiza de forma agregada, considerando estas distintas ventanas, el alcance y consumo del cine dominicano es mayor que el que reflejan únicamente las cifras de taquilla locales.

A la luz de lo anterior, medir el impacto del cine únicamente a través de la taquilla equivale a observar solo una parte de un ecosistema audiovisual mucho más amplio. La taquilla continúa siendo un indicador relevante del desempeño comercial en salas de cine; sin embargo, en un entorno audiovisual cada vez más diversificado representa solo una parte del comportamiento de las audiencias y del consumo cultural.

Por esta razón, en sistemas de política audiovisual consolidados como los de Francia, España o Canadá, la evaluación del impacto de las políticas públicas cinematográficas se realiza mediante marcos más amplios que combinan indicadores industriales, económicos y culturales, como el volumen de producción, el empleo generado, la inversión movilizada y la circulación internacional de las obras.

En la misma línea, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha señalado que las industrias culturales y creativas deben evaluarse considerando su contribución al crecimiento económico, la generación de empleo, la innovación y el desarrollo territorial, más allá de sus ingresos directos. Bajo este enfoque, algunos análisis se refieren incluso al concepto de Return on Culture Investment (ROCI) para describir el impacto cultural, industrial, económico y reputacional que puede generar la inversión pública en el sector audiovisual.

Otro indicador ampliamente utilizado para evaluar la solidez de una cinematografía es la cuota de mercado del cine local. En República Dominicana, las producciones nacionales han mantenido de forma consistente una participación entre el 10 % y el 20 % de la taquilla anual en el territorio dominicano, posicionando con frecuencia al menos una o dos películas dominicanas dentro del top 10 de las más vistas del año.

En comparación, en mercados latinoamericanos como México y Colombia, la participación del cine nacional en la taquilla doméstica suele situarse generalmente por debajo del 10 %, dependiendo del año. Más allá del dato comercial, esta presencia sostenida refleja la capacidad del cine dominicano para conectar con sus audiencias y constituye un indicador relevante de vitalidad cultural.

Además, este indicador se refiere exclusivamente al desempeño en salas dentro del territorio dominicano y no captura otras formas de circulación y consumo del cine nacional, incluyendo su distribución internacional, su presencia en festivales y mercados ni su disponibilidad en plataformas digitales y otras ventanas de exhibición.

Las producciones dominicanas también han mostrado un desempeño relevante en mercados internacionales. En el ámbito comercial, la comedia Qué León (2018), dirigida por Frank Perozo, alcanzó más de US$7 millones en taquilla mundial, incluyendo aproximadamente US$2.6 millones únicamente en Estados Unidos y Canadá, según Box Office Mojo. Este resultado constituye uno de los casos más destacados de expansión internacional del cine dominicano.

En este contexto, productoras dominicanas como Bou Group han comenzado a posicionar contenidos en plataformas internacionales como Disney+, reflejando cómo el cine nacional ya participa en este nuevo entorno de circulación audiovisual.

En paralelo, varias producciones dominicanas han circulado con éxito en festivales y mercados internacionales. Entre ellas destacan Cocote (2017), dirigida por Nelson Carlo de los Santos Arias, premiada en el Festival de Cine de Locarno, y Carpinteros (2017), de José María Cabral, presentada en el Festival de Cine de Sundance.

Más recientemente, Pepe (2024), también dirigida por Nelson Carlo de los Santos Arias, obtuvo el Oso de Plata a Mejor Dirección en el Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale). A estas se suman Sugar Island (2024), de Johanné Gómez Terrero, estrenada en el Festival Internacional de Cine de Venecia (Biennale) y ganadora de Mejor Fotografía en el Festival de Málaga, y Bantú Mama (2021), presentada en el Festival de Cine South by Southwest (SXSW), reflejando la presencia sostenida del cine dominicano en importantes espacios internacionales de exhibición y descubrimiento de talento.

Esta diversificación de circuitos también se refleja en el desarrollo de nuevas plataformas de acceso al contenido nacional como PELIDOM y LaMuviRD+, que amplían las posibilidades de consumo del cine dominicano más allá de la exhibición en salas y facilitan a las producciones nuevas formas de monetización.

De modo que, para evaluar el desempeño del cine dominicano en su encuentro con la audiencia, hay que considerar que la audiencia ya no se encuentra únicamente en las salas de cine. Por lo tanto, la taquilla, si bien sigue siendo un indicador importante de éxito, es un indicador parcial que no explica la totalidad del esfuerzo ni de los resultados. Se hace necesario medir de acuerdo con una nueva realidad, donde la audiencia se encuentra en múltiples ventanas, y esta evaluación permitiría obtener un indicador de éxito integral del consumo audiovisual y más comprensivo de la realidad actual.

Así, el desafío hoy no es únicamente recuperar la asistencia a las salas dominicanas, sino comprender que el consumo audiovisual es cada vez más multiplataforma y global. Desde la política pública, el objetivo es acompañar esa transformación, fortalecer la planificación estratégica de circulación y posicionar el contenido dominicano en todas las ventanas posibles.