Una imagen de nuestra señora de Aparecida en la parroquia de Nuestra Señora de Aparecida, en São Paulo, Brasil, el 1 de octubre de 2026.

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La imagen y el simbolismo de la virgen de Aparecida ha dominado el debate en recta final de la campaña electoral de Brasil.

Olvida la economía, la seguridad o la corrupción: el tema más caliente del tramo final de la campaña para las elecciones de Brasil el próximo domingo es una polémica por la virgen de Aparecida.

Un rumor sin sustento de que el candidato derechista Flávio Bolsonaro quería retirarle a esa santa el título de patrona de Brasil avivó la disputa electoral entre este senador opositor y el presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva.

Bolsonaro, que es evangélico, negó tener tales intenciones y acusó al Partido de los Trabajadores (PT) de Lula de explotar una noticia falsa con fines electorales.

"Respeto a todas las religiones y también a quien no tiene religión", dijo el hijo de Jair Bolsonaro, un expresidente condenado a prisión por intento de golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022 contra Lula.

Los evangélicos en general evitan la veneración católica de santos como Aparecida

Lula, que es católico, se lanzó a la controversia con las encuestas indicando que puede pasar a un balotaje de resultado incierto contra Bolsonaro el 25 de octubre.

"Mientras sea presidente de la República, nadie va a burlarse de nuestra señora de Aparecida", sostuvo Lula en la ciudad amazónica de Belém el lunes. "Hay que aprender a respetar a todas las religiones".

La polémica involucró incluso a instituciones brasileñas como el Tribunal Superior Electoral, que bloqueó publicaciones al respecto en las redes sociales, o la Conferencia Episcopal Brasileña, que negó promover informaciones falsas.

De pronto, el asunto generó una de las mayores repercusiones digitales del año a nivel político en el país, según una medición del instituto independiente Democracia em Xeque.

El telón de fondo es una tendencia que se observa desde hace años en Brasil: los católicos votan más a la izquierda representada por Lula, y los evangélicos a la derecha de Bolsonaro.

Entonces, ¿cómo se explica esto?

"Afinidad"

Brasil siempre ha tenido una fuerte influencia religiosa.

Pero en las últimas décadas el predominio histórico de los católicos en el país (superaban el 90% de la población en el siglo pasado) ha sido desafiado por distintas iglesias evangélicas que atrajeron cada vez más fieles.

Lula gesticula delante de la bandera de brasil durante un acto en el palacio de Planalto el 1º de octubre de 2026.

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El presidente Lula tiene un apoyo de casi la mitad de los católicos brasileños, según encuestas.

Actualmente, la mitad (50%) de los brasileños mayores de 16 años se declaran católicos y 29% evangélicos, señaló la encuestadora Quaest a inicios de este año para un estudio del Instituto de Estudios de la Religión (Iser).

Otro sondeo de Quaest mostró el lunes que Lula lidera las intenciones de votos de los católicos, con 48% (cinco puntos más que en la semana previa a la polémica por la virgen de Aparecida), mientras Bolsonaro tiene 29% de este segmento.

Por el contrario, entre los votantes evangélicos el derechista encabeza las preferencias, con 46%, mientras el presidente reúne 27%.

Los datos son similares a los que arrojan otras encuestas recientes y a los que se proyectaban antes de las elecciones de 2022 entre el entonces presidente Jair Bolsonaro y Lula.

Estas tendencias políticas suelen eclipsar una realidad compleja donde los brasileños católicos o evangélicos, lejos de votar como bloques homogéneos, divergen entre sí por otros factores como su clase social o color de piel, advierten expertos.

Pero señalan que ciertos hechos llevan a unos a inclinarse más hacia la izquierda y otros a la derecha.

El senador Flávio Bolsonaro gesticula con una camisa que dice "Jesús" durante un evento con congregaciones evangélicas en Sao Paulo, Brasil, en junio de 2026.

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El senador Flávio Bolsonaro reúne las intenciones de voto de cerca de la mitad de los evangélicos brasileños.

La antropóloga Regina Novaes, coordinadora académica del Iser, indica que dentro del catolicismo en Brasil hubo un sector "que impulsó durante la dictadura militar (1964-1985) el tema de los derechos humanos, se aproximó a la izquierda y fue importante para la formación del PT".

En ese período fue clave la teología de la liberación, una corriente católica que predicaba concentrar la acción en los pobres y la justicia social.

Si bien el movimiento perdió fuerza durante el pontificado de Juan Pablo II, en Brasil formó a curas que con el tiempo ganaron peso en el clero.

"La jerarquía (católica) se posiciona a partir de la doctrina social de la Iglesia y con eso tiene más afinidad con la izquierda", dice Novaes a BBC Mundo, aunque aclara que en la institución también hay fuertes movimientos conservadores.

La Conferencia Episcopal Brasileña indicó en junio que evitaría apoyar candidatos o partidos para las elecciones, pero pidió respeto por la Constitución, las instituciones y el resultado de las urnas.

Y miembros destacados del clero han realizado comentarios recientes que algunos observadores consideraron favorables a políticas impulsadas por Lula.

"Agenda moral"

Cuando los evangélicos comenzaron a surgir en Brasil, apelaron a la derecha y la izquierda para cuestionar lo que consideraban privilegios católicos en áreas como salud y educación, señala Novaes.

Pero agrega que, a medida que conquistaron espacios de poder en ámbitos como el Congreso, los evangélicos se volcaron a la derecha con una "agenda moral" opuesta al aborto, los derechos de minorías sexuales y otras banderas de la izquierda.

Fieles evangélicos durante un servicio religioso en una iglesia de Santa Catarina en abril de 2024.

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Las iglesias y los fieles evangélicos han crecido en Brasil en las últimas décadas, y su influencia también aumentó en la política.

La antropóloga señala que eso respondió al miedo ante la vorágine de los cambios sociales, cierto desencanto con los planes de inclusión de gobiernos de izquierda y un hartazgo por la inseguridad en zonas marginadas donde los templos evangélicos de proximidad se multiplicaron.

Algunas de esas iglesias, a su vez, estrecharon lazos con organizaciones evangélicas internacionales que facilitaron una convergencia religiosa e ideológica mayor.

Si bien Bolsonaro padre es católico, apeló al electorado evangélico para llegar al poder.

Por ejemplo, se bautizó en 2016 en aguas del río Jordán en Israel y alegó sin sustento que el PT repartía "material gay" en escuelas.

Luego, los evangélicos tuvieron influencia en el gobierno de Bolsonaro, que nombró a un abogado-pastor como juez del Supremo.

Pero esos gestos, así como el creciente temor a una deriva autoritaria que provocaba el mandatario, también alejó a católicos de su movimiento ultra.

El actual vicepresidente brasileño, Geraldo Alckmin, es un católico de centroderecha que en el pasado compitió con Lula pero en las elecciones de 2022 se unió a él para derrotar a Bolsonaro.

Fieles católicos en una misa en la Catedral Metropolitana de São Paulo el 18 de febrero de 2026.

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La Iglesia católica ha perdido fieles en Brasil, pero sigue siendo la mayor institución religiosa del país.

"La religión debe entenderse como una dimensión importante de la reorganización política brasileña, y no como una variable que determine el voto", apunta Silvia Fernandes, una socióloga y profesora en la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro.

Pero agrega que en las últimas décadas cambió el lugar que ocupan las distintas corrientes del cristianismo en la esfera pública.

"Sectores católicos que históricamente se aproximaron a las cuestiones sociales y la defensa de la democracia conviven hoy con un sector evangélico mucho más presente en la política institucional", dice Fernandes a BBC Mundo.

Esto se volvió evidente en la actual campaña.

Flávio Bolsonaro declaró que, si es electo, decretaría que "Brasil pertenece al Señor Jesucristo", algo que algunos vieron como un guiño a los evangélicos pero que preocupó a católicos que lo interpretaron como una alusión indirecta a la virgen de Aparecida como patrona de Brasil.

Una mujer reza en el interior de la basílica donde miles de personas rinden homenaje a Nuestra Señora de Aparecida, patrona de Brasil, en Aparecida, en el estado de São Paulo, el 12 de octubre de 2023.

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La virgen Aparecida es un símbolo que trasciende a los católicos y reúne a personas de diferentes religiones en Brasil.

Los católicos vinculan la figura de esa santa a una pequeña estatua de terracota rescatada del río Paraíba do Sul en dos partes por las redes de unos pescadores en el siglo XVIII.

Según historiadores, la figura correspondía a la virgen de la Concepción, patrona de Portugal.

Pero, al estar sumergida en el río, la estatua adquirió un color marrón oscuro, se volvió símbolo de la diversidad racial de Brasil y ganó popularidad hasta que el papa Pío XI la proclamó patrona del país en 1930.

"No es solo un objeto de veneración por parte de una élite católica blanca, sino que aglutina fuerzas religiosas que ven a esta patrona de Brasil como algo que pertenece a todos los brasileños", explica André Chevitarese, profesor del instituto de historia de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

"Es de la umbanda, del candomblé", dice Chevitarese a BBC Mundo. "Son personas humildes, trabajadoras, que a menudo se ven perseguidas y demonizadas, pero que ven en nuestra señora de Aparecida un salvavidas al que se aferran para decir que tienen derecho a existir".

El 12 de octubre Brasil conmemora el día de su patrona y este año sería menos de dos semanas antes del eventual balotaje presidencial que anticipan las encuestas: otro motivo para pensar que la polémica puede seguir.

BBC News Mundo

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