Un hombre pasea en Teherán y al fondo un mosaico de los líderes de la Revolución Islámica.

AFP via Getty Images

Cuando en 1973 los países árabes productores de petróleo respondieron con un embargo energético al apoyo de Estados Unidos a Israel en la guerra del Yom Kippur, los precios del petróleo se cuadruplicaron, sacudiendo la economía mundial.

Más de medio siglo después, la correlación entre una guerra en Medio Oriente y el precio del petróleo siguen sacudiendo la economía global.

Desde que Donald Trump y Benjamin Netanyahu ordenaran atacar Irán el pasado sábado 28 de febrero y Teherán respondiera extendiendo el conflicto a la región y cerrando el estrecho de Ormuz, los precios del barril de petróleo se han disparado desde los US$60 hasta rozar este lunes los US$120, en la mayor subida registrada en un solo día hasta la fecha, para luego volver a bajar, estableciéndose en torno a los US$90.

El mundo ha vivido esta semana la jornada más volátil del mercado petrolero de su historia, provocando el pánico en los mercados y -dada la improvisada intervención del propio Trump asegurando que la guerra está "prácticamente concluida"- también en los despachos.

En un aparente intento de calmar los ánimos, el presidente estadounidense se apresuró a llamar este lunes a periodistas, aunque, como explica el corresponsal de la BBC para Estados Unidos, Anthony Zurcher, sus explicaciones no eran nada claras.

"Tengo un plan para todo, ¿de acuerdo?", le dijo a un periodista del New York Post cuando le preguntó sobre el aumento de los precios del petróleo. "Tengo un plan para todo. Estarás muy contento".

A la cadena CBS le dijo que la guerra "está prácticamente terminada". Pero, cuando se le preguntó si la operación podría terminar pronto, respondió: "No lo sé, depende. La conclusión está en mi mente, en la de nadie más".

También dijo cosas como "ya hemos ganado en muchos aspectos pero no hemos ganado lo suficiente" o que su administración estaba "lejos" de tomar una decisión sobre si enviar tropas estadounidenses a Irán.

Su frenesí telefónico, y la reunión de ministros de Finanzas del G7 de la que se rumoreó que podrían decidir liberar 300 millones de barriles de reservas de emergencia, sirvieron para calmar a los mercados y moderar la subida del petróleo.

Pero, como él mismo dijo, nadie sabe, en realidad, qué pasa por la mente de Trump, por lo que la situación, como señala el editor de Economía de la BBC, Faisal Islam, "tiene el potencial de convertirse en el mayor shock petrolero de la historia".

La guerra, por el momento, no ha terminado, y tampoco el gran tapón que ha hecho saltar esta crisis de las bombas a los mercados: el bloqueo del estrecho de Ormuz.

Dos hombres frente a unos petroleros atracados en Muscat.

Reuters
Decenas de barcos permanecen atracados en puerto por el cierre del estrecho de Hormuz, como estos en Muscat, Omán.

Aunque el petróleo tiene hoy un menor peso en la producción y el consumo mundial que en la década de 1970, sigue siendo uno de los principales engrases de la economía mundial, y las consecuencias de la interrupción del suministro -la mayor de todos los tiempos- empiezan a sentirse en los bolsillos de millones de personas.

Industrias como la del transporte o la petroquímica son especialmente sensibles a la subida de los precios del petróleo, que también tiene efectos en la industria pesada o en la agroalimentaria, y su perturbación puede tener graves consecuencias para las economías dependientes del crudo del Golfo Pérsico, especialmente las asiáticas.

Y si sube la inflación, las repercusiones políticas de la guerra -también para el propio Trump, que enfrenta elecciones de medio mandato en noviembre- podrían hacerse sentir en las urnas.

El mundo "atraviesa la crisis energética más grave en décadas y, potencialmente, la más seria desde los grandes shocks petroleros de los años 70", advierte Rafael Pampillón, profesor de Economía de la IE Business School.

Aquellas crisis, especialmente la provocada por el embargo petrolero árabe de 1973 y la revolución iraní de 1979 combinaron interrupciones físicas de suministro, fuertes subidas de precios y un contexto geopolítico altamente volátil, explica a BBC Mundo el profesor.

La situación actual comparte varios de esos ingredientes.

Una ilustración en la que aparecen bombas de petróleo impresas en 3D, la bandera iraní y un gráfico bursátil al alza.

Reuters

El cierre del estrecho de Ormuz, clave en la crisis

"El estrecho de Ormuz es el mayor cuello de botella energético del planeta", explica a BBC Mundo Rafael Pampillón, profesor de Economía de la IE Business School.

Por ahí circula una quinta parte del consumo mundial de petróleo y el 25% del que se transporta por vía marítima. También pasan por sus aguas el 30% del gas natural licuado (GNL).

La guerra ha frenado ese tráfico.

Si hasta el 27 de febrero cruzaban 37 petroleros diarios por Ormuz, el número pocos días después del inicio de la guerra se redujo a prácticamente cero.

La inestabilidad y la incertidumbre influyen en los precios del petróleo, pero el bloqueo de este paso, que amenaza con que países productores de la región tengan que cerrar el grifo de los pozos porque los buques llenos con el preciado cargamento no pueden transitar por el estrecho y ya no tienen espacio para almacenar más crudo, afecta "directamente a los precios globales de la energía", señala Pampillón.

¿Y por qué cerrar los pozos temporalmente no es una buena opción? Pues porque, a diferencia de lo que ocurre con un grifo de agua, los de petróleo no son fáciles cerrar y sobre todo, de volver a abrir. Además de las dificultades técnicas, los pozos podrían perder presión y que nunca recuperaran su caudal original.

La Guardia Revolucionaria Islámica ha asegurado que no permitirá el paso ni de un solo litro por esta vía marítima mientras Israel y Estados Unidos continúen con sus ataques, mientras que el presidente Trump ha prometido que "la muerte, el fuego y la furia" reinarán en Irán si detiene el flujo de petróleo.

Varios países han tomado medidas de emergencia ante "la mayor crisis" a la que se ha enfrentado nunca la industria energética de la región, tal y como la ha descrito el director de Saudi Aramco, la petrolera estatal de Arabia Saudita y mayor exportadora de petróleo del mundo.

Según Amin Nasser, habrá "consecuencias catastróficas" para los mercados petroleros mundiales si el conflicto sigue interrumpiendo el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.

Macron con militares en Chipre.

Jeanne ACCORSINI / POOL / AFP via Getty Images
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha asegurado que barcos militares de su país podrían escoltar petroleros y buques comerciales por el estrecho de Ormuz cuando baje la intensidad de los ataques.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha asegurado que va a desplegar una decena de buques de guerra a la región para, potencialmente, escoltar a barcos comerciales por el estrecho de Ormuz "cuando haya terminado la fase más intensa del conflicto", dijo en Chipre este lunes.

Esto es lo que tuvo que hacer Estados Unidos y otras potencias en los años 80 durante la guerra entre Irán e Irak, en la que varios buques mercantes y petroleros fueron atacados en el Golfo Pérsico.

Pero ni siquiera entonces el estrecho dejó de funcionar por completo, recuerda el profesor Pampillón.

Una guerra asimétrica

"Irán parece estar explotando una forma clásica de coerción asimétrica: como no puede igualar a EE.UU. e Israel en capacidad convencional, trata de convertir el sistema energético regional en un multiplicador de costes", explica a BBC Mundo Omar Rachedi, economista y senior fellow de EsadeGeo, el centro para economía global y geopolítica de esta universidad española.

Aunque parece que no puede ganar con las armas, Teherán está demostrando que sí tiene capacidad para afectar al sistema energético mundial, elevando el coste económico y político de cualquier conflicto que le amenace.

En términos de teoría estratégica, analiza el economista, Irán "está intentando transformar una inferioridad militar relativa en poder de negociación a través de un cuello de botella global".

De esta forma, al atacar instalaciones, terminales, refinerías y tráfico marítimo, encarece la guerra para Washington, sus aliados del Golfo y los grandes consumidores asiáticos y europeos, con el fin de que presionen por un alto el fuego o por limitar la escalada.

Pero no es el único motivo, según los expertos.

"También envía un mensaje de disuasión regional", según Pampillón.

Teherán envía con estos ataques un mensaje a sus vecinos del Golfo que cualquier implicación directa en el conflicto tendrá consecuencias económicas graves, además de demostrarles que no pueden ser protegidos plenamente.

La apuesta también podría volverse en su contra. "Atacar la infraestructura energética de sus vecinos podría endurecer y no debilitar la alineación del Golfo con Washington. Es una estrategia racional desde la lógica de la coerción, pero extraordinariamente arriesgada en sus efectos de segundo orden", opina Rachedi.

Quiénes son los principales perjudicados

El impacto de esta crisis energética, de la que no sabemos hasta dónde puede llegar, se distribuye en cascada por toda la economía mundial, pero algunos sectores y regiones son particularmente sensibles.

En un primer lugar, todos aquellos sectores "intensivos en combustibles líquidos y los que dependen del Golfo como corredor físico", explica el economista de EsadeGeo.

El transporte y, en particular, la aviación es quizás el caso más obvio: el combustible para aviones se disparó en Singapur un 72%, alcanzando un récord, y desde finales de febrero se han cancelado 37.000 vuelos, recuerda Omar Rachedi.

Cuando sube el crudo, estos sectores experimentan de inmediato un incremento de costes operativos, lo que suele traducirse en billetes más caro y mayores tarifas logísticas.

La industria petroquímica también acusa el golpe, ya que muchas materias primas industriales, como plásticos, fertilizantes, productos químicos o fibras sintéticas, derivan del petróleo o del gas natural, recuerda Rafael Pampillón.

Y lo mismo sucede con la industria pesada, ya que el acero, el cemento o el aluminio consumen grandes cantidades de energía.

Amin Nasser.

Reuters
El directo de la mayor petrolera mundial, Saudi Aramco, ha advertido sobre "consecuencias catastróficas" para los mercados petroleros mundiales si se prolonga el cierre del estrecho de Ormuz.

Ya se están viendo, por ejemplo, tensiones en fertilizantes en la India, recortes o paradas en refinerías y plantas petroquímicas asiáticas, observa Omar Rachedi.

"En otras palabras: el shock empieza en la energía y la logística, pero termina invadiendo manufacturas, alimentación y precios al consumo", resume el economista de EsadeGeo.

¿Y qué economías se van a ver más expuestas a esta crisis?

Para empezar, las economías productoras de petróleo del Golfo, con Irak como su caso más extremo: su producción se ha hundido en torno al 70%, de unos 4,3 a 1,3 millones de barriles diarios en un país donde más del 90% de los ingresos públicos dependen del petróleo.

Otros países como Arabia Saudita han empezado a reducir la producción y a desviarla por un oleoducto que la conduce hasta el puerto de Yanbu, en la costa del mar Rojo, sorteando así los peligros de Ormuz.

Esta vía, sin embargo, no es suficiente para gestionar toda la producción del reino, de ahí los comentarios alarmistas del director de Aramco.

Los grandes importadores de petróleo asiáticos también son muy vulnerables a esta crisis.

China, India, Japón y Corea del Sur son algunos de los mayores importadores de petróleo del mundo, y una parte significativa de ese crudo llega desde Arabia Saudita, emiratos Árabes Unidos, Kuwait o Irak a través del estrecho de Ormuz.

Pekín compró en 2025 más del 80% del petróleo iraní pese a estar sometido a sanciones internacionales, aunque en los últimos años ha desarrollado algunas ventajas estratégicas que le permiten amortiguar el impacto de una crisis energética mundial: ha diversificado sus proveedores energéticos, tiene grandes reservas estratégicas y posee un sector de refinado muy amplio, explica el profesor del IE Business School.

A corto plazo, analizan los expertos, China está protegida del impacto, pero si el shock se alargara podría acabar afectando a su economía.

Europa, cada vez más dependiente del gas natural licuado (GNL), especialmente desde el comienzo de la guerra de Ucrania, también se puede ver afectada, así como las economías emergentes que dependen de importaciones de combustible y que tienen monedas débiles.

Estados Unidos, que en los años 70 sufrió enormemente el embargo de petróleo de los países árabes tiene hoy, según Omar Rachedi, más herramientas para amortiguar el golpe, pero no para neutralizarlo.

Hoy es el mayor productor mundial de gas y petróleo, por lo que depende menos del petróleo importado. Además, cuenta con uno de los mayores almacenes de petróleo de emergencia del mundo, la Reserva Estratégica de Petróleo", que puede utilizar para estabilizar el mercado o compensar interrupciones temporales del suministro.

Sin embargo, incluso con esas ventajas, el mercado petrolero es global. "Si el precio internacional del petróleo sube significativamente, los consumidores estadounidenses también sentirán el impacto en el precio de la gasolina y el diésel", señala Rafael Pampillón.

Efectos políticos

El precio de los combustibles, especialmente en Estados Unidos, es uno de los indicadores económicos más visibles para los votantes, porque afecta directamente al presupuesto diario de los hogares.

Para muchas personas, el precio de la gasolina es lo que resume el costo de la vida: si sube, aumenta el precio del transporte, de los alimentos y de muchos bienes de consumo, erosionando el poder adquisitivo de muchos hogares.

Donald Trump.

Reuters
Si la crisis energética se prolonga podría traer graves consecuencias para Donald Trump en las elecciones de medio mandato que EE.UU. celebra en noviembre.

En el caso de Donald Trump, que se enfrenta a elecciones de medio mandato en noviembre y que se ha puesto como prioridad macroeconómica reducir la inflación y alcanzar tipos de interés más bajos, el aumento del precio del petróleo amenaza su narrativa económica.

La evidencia comparada sobre otros shocks petroleros, recuerda Rachedi, muestra que las subidas del crudo reducen sistemáticamente las probabilidades de los candidatos que se presentan a la reelección. Si esta crisis sigue viva en verano y en otoño "el efecto electoral para los republicanos en noviembre será probablemente negativo y no trivial".

El efecto en América Latina

En América Latina, el impacto de una crisis energética y del precio del petróleo varía mucho según el perfil energético de cada país.

Los expertos consideran que los principales beneficiados serán los exportadores netos de crudo, como Brasil, Guyana, Argentina y, con algunos matices, Colombia.

Argentina gana "porque Vaca Muerta sigue mejorando su saldo energético externo", mientras que, en Colombia, "unos precios más altos pueden elevar la caja y capacidad de inversión de Ecopetrol", señala el economista de EsadeGeo-.

En cuando a México, aunque sigue siendo productor de petróleo, "su producción ha disminuido en la última décadas y el país importa grandes volúmenes de gasolina y otros combustibles refinados, por lo que el efecto neto de los precios altos puede ser más complejo", agrega Pampillón.

Los más perjudicados, coinciden los economistas, serían los importadores netos de combustibles del Caribe y parte de Centroamérica, así como países como Chile o Perú y países como Bolivia que mantienen subsidios a los combustibles que los hacen muy gravosos para las finanzas públicas cuando el petróleo sube.

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BBC

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