Un numbat sobre un tronco ennegrecido se lame la nariz.

Sharon Jones/BBC
El bosque de Dryandra es uno de los pocos lugares donde aún se pueden encontrar numbats salvajes.

"Mantén los ojos bien abiertos", es la orden desde el asiento del copiloto.

Obedientemente, escudriñamos los extremos y las partes superiores de los troncos, buscando entre la maleza baja y los parches de flores silvestres de colores vivos un destello de rayas o un movimiento rápido.

Se nos escapa el numbat, un raro marsupial australiano que podría ser el hijo ilegítimo de una ardilla listada y un oso hormiguero.

Los numbats solían ser muy numerosos en la mitad sur del continente, pero el bosque de Dryandra —en el extremo suroeste de Australia— es uno de los pocos lugares donde aún se pueden encontrar.

Mientras avanzamos lentamente por los senderos del bosque, los investigadores nos explican cómo este viaje anual ayuda a garantizar la supervivencia de la especie.

Clasificados como especie en peligro de extinción hasta este mes, los numbats se están recuperando. Gracias a los esfuerzos de este equipo, han sido eliminados de la lista roja internacional de especies amenazadas, un poco habitual rayo de esperanza en un país que enfrenta una emergencia de extinción.

Esta parte de Australia es la primera línea de esa crisis: el último bastión para muchas especies llevadas al borde de su desaparición por plagas salvajes, enfermedades, el desarrollo urbano, la destrucción de su hábitat y el cambio climático.

En un momento dado, sobrevoló nuestro auto una cacatúa de Carnaby, una especie en peligro de extinción.

En una isla cercana a la costa se encuentra uno de los últimos reductos del potoroo de Gilbert, el marsupial más extraño del mundo.

Sumergiéndose en las aguas color zafiro que la rodean, se puede observar al león marino australiano, cada vez más escaso.

Un collage con varios animales: comenzando por un zorro volador australiano, un numbat, una tortuga del río Mary, un león marino australiano, un mielero regente, un potoroo de Gilbert y cacatúa negra de Carnaby.

BBC
Un collage con varios animales: comenzando por un zorro volador australiano, un numbat, una tortuga del río Mary, un león marino australiano, un mielero regente, un potoroo de Gilbert y cacatúa negra de Carnaby.

Durante mucho tiempo, Australia ha sido reconocida como un paraíso natural, hogar de algunas de las especies de plantas y animales más singulares del mundo. Más del 80% de ellas no se encuentran en ningún otro lugar.

Sin embargo, también podría decirse que se ha convertido en la capital mundial de la extinción, ya que pierde aproximadamente cuatro especies cada década, y esta tendencia no hace más que agravarse.

Voluntarios y conservacionistas con escasos recursos han estado frenando el avance de las crecientes amenazas, pero los expertos temen que, sin medidas urgentes y valentía política, la biodiversidad que Australia asegura amar se dirige hacia una masacre.

"Ni siquiera se trata de imaginarlo, está sucediendo ante nuestros propios ojos", declara el profesor Euan Ritchie a la BBC.

El doctor Tony Friend en el terreno.

Sharon Jones/BBC
El doctor Tony Friend comenzó a trabajar por la preservación de especies en peligro de Dryandra en la década de 1980.

La creciente lista de amenazas

Como si avistar una criatura rara en estado salvaje no fuera ya un desafío suficiente, el numbat es un experto en camuflaje del tamaño de una ardilla, explica el doctor Tony Friend, el padrino de la conservación en el estado de Australia Occidental.

"Hoy se han quedado dormidos", bromea Rob McLean, presidente del Grupo de Trabajo Numbat, un grupo de voluntarios que hace posible gran parte del trabajo del profesor, que cuenta con escasos recursos.

Durante dos semanas cada primavera, cuando las crías comienzan a salir de sus madrigueras, este equipo recorre un circuito diario en camioneta y registra cada numbat avistado.

Apuntan las coordenadas de GPS, miden la distancia a la carretera y utilizan una ecuación compleja para estimar la densidad de estos animales en el bosque y, a partir de ahí, el estado general de la población.

Una persona permanece sentada en silencio concentrada junto a cada ventana, otra encaramada en la parte trasera del vehículo, agachándose para esquivar las ramas de los árboles que se alzan a nuestro alrededor.

Entre los troncos, vislumbramos de vez en cuando las tierras de cultivo arrasadas que cercan esta pequeña zona boscosa protegida. Al costado de un sendero hay una máquina que detecta y rocía con veneno a gatos y zorros salvajes, otro recordatorio de los peligros que enfrentan los numbats.

"Este año ha sido un auténtico festín", admite Tony.

Durante horas, navegamos por la zona, viendo loros, wallabies, un varano y un par de equidnas, pero ningún numbat.

Tony llegó a Dryandra en los años 80 y se encontró con una población de numbats de menos de 50 ejemplares. Muchos de los culpables de entonces eran los mismos que siguen provocando extinciones en todo el país hoy en día.

Un gato salvaje que sostiene un pequeño mamífero en su boca.

Courtesy WA DBCA
Se estima que los gatos salvajes matan a 3.000 millones de animales en Australia cada año.

Grandes extensiones de hábitat están siendo deforestadas para dar paso al desarrollo urbanístico o a industrias como la agricultura, la minería y la explotación forestal.

A su paso dejan un rastro de destrucción las plagas introducidas: hormigas rojas, sapos de caña, conejos, zorros y gatos salvajes.

Las malas hierbas invasoras como la lantana están asfixiando la vegetación australiana. La clamidia ha llevado a los koalas al borde de la extinción en gran parte del país, mientras que el hongo quítrido, que se alimenta de la piel, ha causado siete extinciones de ranas en el país, y la cifra sigue aumentando.

El cambio climático está creando condiciones inhabitables para algunas especies, como los zorros voladores autóctonos, que están cayendo de los árboles por miles debido a las temperaturas extremas.

Para otros, significa perder sus alimentos o sus hogares.

El cambio climático también está provocando desastres naturales que arrasan con plantas y animales con una regularidad ya alarmante.

Los tristemente célebres incendios forestales del "verano negro" de 2019-2020, por ejemplo, causaron la muerte de aproximadamente 3.000 millones de animales.

Las inundaciones sin precedentes que siguieron durante los años siguientes fueron tan generalizadas que resulta imposible calcular su impacto en la fauna silvestre.

La bandada de cacatúas negras de Carnaby

Sharon Jones/BBC
La cacatúa negra de Carnaby es otra especie que apenas sobrevive en el suroeste de Australia.

Muchas especies que antes abundaban en todo el continente ahora están aisladas en zonas cada vez más pequeñas y fragmentadas, y cada impacto se acumula, dejándolas más vulnerables al siguiente.

Existen esfuerzos pequeños, pero decididos, para frenar la tendencia a la baja.

Mientras un joven numbat devora su desayuno (natillas con "trozos de termita") en el zoológico de Perth, un cuidador explica cómo la próxima liberación de este semental en Dryandra ayudará a aumentar la diversidad genética.

"Cuando recibes la confirmación de que tus hijos han tenido hijos, es muy gratificante", asegura Vicki Power.

Programas de cría como este también han hecho posible la creación de poblaciones adicionales de diversas especies amenazadas.

Pero muchos no pueden sobrevivir en la naturaleza salvaje, donde el control de los depredadores a gran escala sigue siendo una batalla interminable, y en su lugar son enviados a reservas naturales cercadas, que en sí mismas requieren mucho mantenimiento y se enfrentan a problemas como la endogamia y la superpoblación.

Ilustración gráfica del mapa de Australia que muestra los hábitats restantes del numbat.

BBC

Los proyectos de protección o restauración del hábitat se han intensificado, pero no están a la par con la destrucción, especialmente en las zonas más críticas.

Los científicos también intentan combatir las enfermedades, aunque se trata de una tarea costosa y laboriosa que, a la mayoría de las especies, solo les proporciona un poco más de tiempo.

Otros se dedican a preservar material genético por si algún día descubrimos cómo resucitar especies extintas.

100 especies extintas… y contando

Los científicos coinciden en que estamos viviendo la sexta extinción masiva del planeta, la primera causada por los seres humanos. Pero Australia está a la vanguardia de esta tendencia.

Es el país que encabeza la lista mundial de extinciones de mamíferos, y también ocupa puestos destacados en lo que respecta a la pérdida de otras clases de especies.

"A pesar de que Australia es uno de los países más ricos del mundo per cápita y cuenta con una cantidad considerable de científicos de renombre mundial… tenemos un historial verdaderamente lamentable en la conservación de especies", afirma Ritchie.

"Y las cosas no están mejorando", sentencia.

La lista oficial de extinciones del gobierno australiano asciende a 67 especies, pero los investigadores aseveran en que al menos 100 especies de plantas y animales se han perdido para siempre.

Asimismo, sospechan que la cifra real es mucho mayor, pues el país sigue descubriendo especies que ya se han extinguido.

Aunque la tasa de extinción en Australia se ha mantenido estable, en torno a cuatro por década, el número de especies amenazadas sigue aumentando rápidamente, y el deterioro de muchas de ellas no hace más que acelerarse.

Esta trayectoria tiene consecuencias alarmantes, advierten los expertos. La biodiversidad de Australia "es la base de todo", afirma el ecólogo Jack Pascoe.

Pensemos en la producción de alimentos, el turismo, la construcción: gran parte de la economía. Los posibles avances científicos podrían verse frustrados en medicina, agricultura e incluso en la adaptación al cambio climático.

Y para los pueblos indígenas australianos, este declive también amenaza su cultura.

"Nos consideramos guardianes de toda la vida en la Tierra… por lo que existe una sensación de pérdida mucho más personal y social cuando estas cosas no van bien o las perdemos para siempre", dice Pascoe, un hombre de la nación aborigen Yuin.

Décadas de fracasos

Si bien la protección del medio ambiente es responsabilidad en Austraia de los estados, el gobierno federal supervisa los asuntos de importancia nacional.

El Partido Laborista asumió el poder en 2022, prometiendo que no habría nuevas extinciones durante su mandato, y ha buscado hacer de la protección de la naturaleza un rasgo distintivo de su segundo mandato.

"Es bien sabido que la naturaleza se enfrenta a muchos desafíos en el mundo actual, tanto aquí en Australia como en el extranjero… estamos perdiendo biodiversidad a un ritmo alarmante", declaró el ministro de Medio Ambiente, Murray Watt, a la BBC en un comunicado.

El partido en el gobierno ha incrementado significativamente los esfuerzos de Australia para reducir las emisiones y ha impulsado enormemente los proyectos de energías renovables.

Se ha elogiado su labor para rescatar a mamíferos en peligro crítico de extinción. Además, la aprobación de la reforma de las leyes ambientales el año pasado fue aclamada como la más importante en una generación.

El país también tiene el ambicioso objetivo de detener y revertir la pérdida de biodiversidad para 2030.

Pero el optimismo de que esto vaya a ser un verdadero punto de inflexión es limitado.

Las nuevas leyes son solo la base del cambio. Su contenido aún se está definiendo, en forma de normas ambientales nacionales y un organismo federal para su cumplimiento.

Y muchos en el sector afirman que el problema no reside tanto en las herramientas regulatorias disponibles, sino más bien en la voluntad política para utilizarlas.

Los sucesivos gobiernos no han logrado proteger adecuadamente el medio ambiente durante los últimos 30 años, según declaró a la BBC el ministro de Medio Ambiente que más tiempo ha estado en el cargo en Australia.

Eso incluye a su propia administración. "Deberíamos haber hecho más", admite Robert Hill, quien lideró las últimas reformas importantes en 1999 bajo la coalición conservadora de John Howard.

Vicki Power con Tony Friend, quien sostiene un numbat en sus manos en el zoológico de Perth en la década de 1980.

Cortesía Perth Zoo
Vicki Power y Tony Friend han pasado décadas intentando salvar al numbat.

Muchos de los desafíos de su época aún persiguen a los líderes de hoy.

La riqueza del país se ha forjado en gran medida gracias a sus recursos naturales, a menudo a expensas del medio ambiente. Sin embargo, esas riquezas siguen siendo la base de la economía y contribuyen a financiar el gasto público en servicios esenciales como la sanidad y la vivienda.

A esto se suma la presión adicional que ejerce la industria y los intereses contrapuestos de los estados, cuya participación en los controles regulatorios difumina los límites de la responsabilidad y aumenta los obstáculos burocráticos.

Estas batallas dejan maltrechos incluso a los defensores del medio ambiente más acérrimos dentro de los gobiernos.

Por ejemplo, el año pasado, el gobierno de Albanese aprobó apresuradamente leyes que protegían la cría de salmón tras la presión ejercida por funcionarios del estado de Tasmania.

La norma salió adelante a pesar de la oposición interna e ignorando las recomendaciones de su propio departamento sobre el impacto de esta industria, valorada en casi US$1.000 millones, en la supervivencia de la raya de Maugean, una especie en peligro de extinción.

"Si existe la alternativa de un resultado económico, el resultado se ve comprometido", afirma Hill.

"Aunque (el gobierno federal) quiera actuar, aún tiene que tener la fuerza política para convertir sus aspiraciones en realidad", explica.

Vista aérea de estanques de salmones frente a la isla Bruny, Tasmania.

Getty Images
El actual gobierno australiano aprobó una controvertida ley para proteger la producción del salmón tras las presiones ejercidas por funcionarios del estado de Tasmania.

También existe la creencia de que una mayor regulación por sí sola no logrará mucho.

Según afirman quienes trabajan en el sector, gran parte del trabajo de conservación depende actualmente del dinero de filántropos y de voluntarios comprometidos, y mucho más queda pendiente por falta de fondos.

El gobierno federal invierte directamente unos US$500 millones en la protección de la naturaleza, una fracción de los US$23.000 millones —o el 1% del PIB— que, según los conservacionistas, debería destinar. Esta cifra resulta sorprendente, reconocen personas como Paul Elton, pero argumentan que es razonable.

Según su investigación —que el gobierno refuta—, todavía se destinan más de US$18.000 millones en subvenciones para sectores como la minería, la agricultura intensiva o los combustibles, a pesar de que Australia firmó compromisos internacionales para reducirlas.

"Por cada dólar que el gobierno gasta en acciones positivas para la conservación de la biodiversidad, se gastan US$18 en subvenciones que perjudican a la naturaleza", declaró a la BBC.

"Es un desequilibrio bastante marcado", remató.

El ministro Watt no respondió directamente a las preguntas sobre las demandas de los conservacionistas, pero dijo: "Seguimos comprometidos con la recuperación ambiental a largo plazo, en colaboración con los gobiernos estatales y locales, la comunidad y los grupos ambientalistas".

Aunque la opinión pública está cambiando, existe escepticismo sobre si el gobierno priorizará el medio ambiente en medio de demandas contrapuestas y crisis cada vez mayores, hasta que los votantes lo obliguen a hacerlo.

"La comunidad te dirá que deberíamos invertir mucho dinero en el medio ambiente. Y si les preguntas: '¿Qué están dispuestos a sacrificar para garantizar esa financiación?', entonces ya no les interesa", afirma Hill.

Ante tantos desafíos y lo que consideran un escaso progreso, los defensores admiten que es difícil mantener la esperanza.

"Sabemos cuáles son los problemas. Sabemos cómo abordarlos. Sabemos que cuando invertimos dinero en el medio ambiente, la inversión da frutos con creces", afirma Ritchie, ecólogo especializado en mamíferos.

"Es como ser médico y ver a toda esa gente enferma en la comunidad, sabiendo cómo curarlos, pero sin que nadie te deje hacerlo", ilustra.

Busca el numbat en estado salvaje

Sharon Jones/BBC
El voluntario 'Jacko' vigila desde la parte trasera del camión.

Las pequeñas victorias, como el futuro del numbat, les dan fuerzas para seguir luchando.

Actualmente hay alrededor de 3.000 ejemplares en todo el país, y en Dryandra su número se ha multiplicado por diez. El animal ha sido retirado recientemente de la lista internacional de especies en peligro de extinción y ahora está clasificado como casi amenazado.

Transcurren cinco horas, pero finalmente se oyen gritos de emoción sincronizados desde el asiento del conductor y la parte trasera de la camioneta. La causa del alboroto permanece inmóvil y alerta al final de un tronco hueco.

"No es una competición", dice Rob, mientras ríe entre dientes y señala a su rival: "Pero le gané por un segundo".

La sequía ha terminado. En los siguientes instantes vemos ocho numbats, incluyendo dos parejas de crías, parpadeando hacia nosotros en la penumbra.

Tony me comentó después que el recuento total de este año es uno de los mejores hasta la fecha.

"Pero les recuerdo a todos que todavía no están fuera de peligro", dice.

El alivio por el resurgimiento del numbat se ve atenuado por la preocupación de que esto dificulte el acceso a la financiación y el apoyo necesarios para consolidar esos logros.

El woylie, o betong de cola de cepillo, es un ejemplo aleccionador. Se recuperó ligeramente y fue retirado de la lista de especies amenazadas, solo para ser incluido nuevamente una década después, en peor estado.

"No podemos simplemente desentendernos y decir: 'No, están bien', ¿sabes?", dice Tony.

"Hay que aceptar que es necesario seguir trabajando para que ese animal siga existiendo en el planeta", alerta.

Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.

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