En 2015, Renata Flores se hizo viral en apenas una semana.
Fue con una versión de la canción "They way you make me feel" de Michael Jackson. En quechua.
En esa ocasión, BBC Mundo habló con ella a distancia.
Once años después, Renata Flores (Huamanga, 2001) recorre los escenarios del mundo. Ha estado en Villa del Mar, Chile, y en el Hollywood Bowl Fesival de Los Ángeles junto al cantante Shaw Mendes.
Y lo hace con canciones que mezclan sonidos urbanos como el trap, rap o pop con música andina, y en dos idiomas: español y quechua.
Transgresión y tradición marcan su estilo personalísimo, desde las melodías, sus reivindicativas letras, hasta sus videoclips o su vestuario.
La volvimos a entrevistar, pero en esta ocasión en Londres, donde ofreció un concierto en La Línea Festival. En la charla conversamos sobre identidad, lenguaje y de cómo ir contracorriente y ser mujer en la industria musical.
Tus inicios fueron haciendo covers en quechua hace ya 11 años.
Sí. De Michael Jackson, Alicia Keys, Bob Marley, Ariana Grande, de muchos artistas que admiro. Me hice un canal en YouTube para compartirlos y el de Michael Jackson ("The way you make me feel") se hizo viral en una semana. Llegó a más de un millón de vistas. Y ahí empezaron a llamarme medios para entrevistarme.
Tenía 14 años, no entendía muy bien qué estaba pasando y tenía miedo, pero mi mamá siempre estuvo conmigo y apechaba por mí, hablaba por mí.
En esa época aún no hablabas bien el quechua y fueron tus abuelas las que te ayudaron a traducir algunos covers.
MIs abuelas son quechuahablantes y una de ellas me ayudó a traducir varios covers, uno de ellos, ese de Michael Jackson.
También mi mami me ayudó a traducir hasta que pude aprender más el quechua que, en mi caso es el quechua chanca, la variante que es de Ayacucho, distinta a la de Cusco, Ecuador o Colombia.
Todo fue un acercamiento con mi familia, porque lo hablan desde que tengo uso de razón pero nunca me lo enseñaron. Y siempre me pregunté por qué.
Decidí aprender a los 13 años, después que tuve muchas preguntas sobre eso, sobre mis raíces, sobre la historia de la familia, cómo mis abuelos migraron a la ciudad, por ejemplo.
Hablar de eso ha sido delicado, pero me dio a entender muchas cosas y por eso decidí cantar en quechua, porque era una forma de seguir resistiendo en el mundo. Siento que la música ha sido una buena forma de resistir.
Cuando en te entrevistamos en 2015 por ese cover de Michael Jackson, la situación entonces con el quechua era muy diferente.
Sí, ha cambiado mucho. Antes no había clases de quechua en los colegios y ahora sí se enseña. Hay muchos artistas en Ayacucho que están saliendo a hacer música en quechua, a hacer sus propuestas con nuestra identidad.
Creo que esto pasa porque los jóvenes ahora quieren también poder contar la historia de sus familias, que no está en los libros.
Yo rapeo en quechua y siento el efecto multiplicador, gente de mi edad que me dice que se identifica conmigo, con que no le enseñaron a hablar quechua igual que a mí por miedo a la discriminación, y que ahora quieren aprender y saber más de sus raíces.
¿Qué supone para ti ese viaje de no saber la lengua de tus abuelas y ahora estar llevándola a escenarios de todo el mundo por bandera?
Ese camino, yo siento que ha sido destinado. A veces siento eso, que todo lo que ha estado pasando, ha tenido que pasar.
Desde que era muy pequeña la música ha estado en mí siempre. Comía música, dormía con música, mis papás tenían su banda de rock, mi mamá una academia de música.
También he querido hablar desde mi posición como joven, de generación Z, cómo estoy viendo las cosas de modo diferente.
La identidad ha sido siempre una cosa de la que nuestros abuelos no han querido hablar. Ahora, yo tengo la necesidad de decir quién soy, de dónde vengo, cantar y decir que aquí estamos, que todavía estamos aquí.
En 2022 llegaron a nombrarte como una de las 50 mujeres más influyentes de Perú por la revista Forbes.
Fue toda una noticia inmensa para mi familia, para mi comunidad también, porque es algo que hemos ido trabajando todo este tiempo y siento que de alguna forma llevo una responsabilidad, una responsabilidad muy bonita. Yo lo siento muy bonito, lo siento bello, lo disfruto.
¿Cómo defines tu música?
Transgresora y tradicional, como lo nombró The New York Times. Y sí, me siento así, siento que le dieron en el clavo, que soy transgresora y tradicional con la música, con el arte en general que hago en los videoclips, con mis vestuarios, la ropa. En general todo tiene una fusión, un sentido, un mensaje que decir.
Fusiono lo urbano, el rap, el trap, un poco de pop, con la música tradicional de Perú.
Últimamente estoy con quechua pop. Soy fan de BTS, de toda la ola de música coreana. Ver cómo ellos han llevado su música, su cultura al mundo, me da luz para poder hacer lo mismo con mi cultura.
Mujer, indígena, cantas rap, trap, en quechua. Muchas cosas que no son sencillas en el contexto latinoamericano. ¿Cómo lo has sentido?
A veces me he sentido sola, porque es difícil. Tengo a mi familia, y mi mamá ha sido un gran soporte, pero como una igual: dos mujeres en el mundo queriendo hablar, dar nuestras ideas, hacer música.
Ha sido un camino muy difícil, sigue siéndolo, pero creemos que la pasión, el querer hacer algo, llevar la cultura a todos lados, siempre va a hacer que sigamos adelante a pesar de que nos cierren puertas.
¿Cuál es el mayor obstáculo que has encontrado?
Ha habido muchos. Uno, el de poder ser escuchadas, que nos hagan caso. Somos mujeres dirigiendo nuestra propia canción, la producción musical, el videoclip. Ese ha sido uno de los retos: poder estar en una industria de muchos varones y nosotras queriendo dirigir mi carrera.
Otro grande es que otras personas me entiendan, me escuchen, justamente por ser una artista quechua, pero al final la música es global y llevamos años de insistir y creo que ha dado sus frutos.
Justo en una canción tuya dices eso: "Voy a hablar bajito a ver si me hacen caso".
Esa frase aparece en una canción que está en mi primer álbum, Isqun, que en la cosmovisión andina significa reflejo del alma, es el número 9 en quechua. Y el disco son 9 canciones con la idea de dar voz a muchas mujeres de los Andes, decir lo que tal vez no se cuenta, no se ve. Quería hablar por ellas en mi primer álbum.
Hablo de María Parado, de Bellido, Beatriz Caracoya, Rita Puma Justo, Chañan Cori Coca, entre otras. Una lista de mujeres que me han inspirado a hacerlo, que han marcado la historia. Y yo lo cuento desde la música y el baile lo mejor que puedo.
En la canción Francisca Pizarro, lanzas un "beef" (lanzar una indirecta en argot musical) a Rosalía.
Sí, sí que menciona a Rosalía y creo que ha sido más para contar la historia del mestizaje que hubo en Perú y que a veces no se cuenta bien la historia: dicen que hubo uno descubrimiento y no, hubo toda una invasión y una masacre también.
Es bueno recordar lo que pasó, que la historia es compleja. Y por eso canto "Rosalía, dame la razón", como para decir que somos dos mundos distintos, nos juntamos, pasaron cosas, no hay rencor, pero juntémonos, celebremos de alguna forma esta fusión que tenemos.
Además, esa canción tiene una guitarra ayacuchana, que es una fusión del flamenco con el huayno, muy representativa de mi tierra.
¿Cuál es la importancia de tus ancestros, la historia de tu familia?
Es la base de todo lo que hago, la inspiración para muchas de mis canciones. La sabiduría de mis abuelos, su amor, su modo de mostrarme el mundo.
Por ejemplo, en la escuela te hablan del medio ambiente, pero en mi casa mi abuela siempre le pone nombre a sus plantas, les da cariño, me hace remedios con ellas.
Esas sabidurías son las que me enseñan y es parte de lo que soy también como artista.
¿Cómo compones?
Tengo varios procesos creativos. Uno es hacer solo melodías. El jarawi, un canto tradicional que pueden ser melodías alegres o cantos fúnebres, también es así. Y hay cantos que siento que puedo fusionar con otros género más contemporáneos.
Luego pongo letra, que la escribo en quechua, en español o en ambas. Y después grabo.
También canto con mis abuelitas, las grabo, hago samples con sus voces, o grabo en la calle, porque en Ayacucho siempre hay música, bandas, danzantes de tijera. Me gusta samplear esas vivencias.
La otra forma que tengo de componer es salir al campo y escribir ahí. Me conecta con la naturaleza.
Estar en un cuarto me desespera y tengo que soltarlo, ir al campo y bailo y grito, hago mis piruetas, me desfogo. Hay mucho fuego dentro de mí y tengo que soltarlo.
Es una catarsis de ver tantas cosas que pasan en el mundo, en Perú también.
En la canción Tijeras II dices una frase que es "el amor de una madre vale más que un reloj"
Sí, esa canción ha sido una catarsis para mí. La he escrito un poco desde ese enojo de que no nos escuchan, de que siempre nos minimizan cuando queremos salir a protestar.
Esa parte va directo a una persona, que no voy a decir su nombre, porque veíamos que en nuestra cara estaban riéndose, ¿no? riéndose, haciendo sus negocios, pero en realidad lo que hacían era una burla.
Ya no está en el poder, pero igual vemos que la historia se sigue repitiendo.
Quería hablar de la corrupción que hay en todos lados, en Latinoamérica, y cómo se ha vivido a flor de piel en Perú.
Está de moda lo latino, pero tal vez con otro tipo de letras menos reivindicativas que las tuyas, ¿te sientes un poco contracorriente?
Sí, de hecho, sí. Me siento contracorriente con las letras, la música que hago.
Tenía un conflicto al inicio con esto porque siempre en las industrias se tiene que ser comercial, hacer lo que está de moda. Pero en mi caso he tratado de guiarme siempre con el sentido del corazón, con los sentimientos, y hacer lo que creo que se tiene que escuchar y hablar en las canciones.
Siendo mujer también, pues, no sé, no podía dejar de hablar ciertos temas y tomar a la ligera, como solo para comercializar o porque está más de moda, sino para dar un mensaje.
Con qué definición, de varias que han salido en medios, te identificas más: ¿Reina del trap, la Rosalía de los Andes… o la nieta de Julia y Adalberta?
La nieta de Julia y Adalberta, sí. Siento que eso es Renata, la que de niña soñaba ser cantante.
Lo demás son títulos que se han ido dando con el tiempo, que bueno, igual me siento agradecida. Y siento que está dando fruto todo lo que estamos haciendo.
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