Una mujer de mediana edad mirando a la cámara con su mano izquierda posada sobre su mentón.

Les Kaner
La escritora danesa, ensayista y exdiplomática en la ONU Janne Teller.

"—Mira, tu hija es imposible. Quiere que todo el mundo la vea. ¡Esa chica! Imposible…

Levanto la cabeza y me encuentro con la misma imagen: una chica menuda como un gorrión, una mujer joven, menuda como un gorrión, que camina haciendo equilibrios sobre el muro de cemento de siete metros de altura. Lleva los brazos extendidos, para que pueda leerse claramente lo que hay escrito en su camiseta, sobre el pecho:

LOS MUROS SON LA GUERRA

Se queda quieta y después, lenta y cuidadosamente, se gira sin perder el equilibrio en ningún momento, se sienta con las piernas cruzadas y dando la espalda a las cámaras y a todo un mundo de espectadores. En el reverso de la camiseta dice:

LAS PALABRAS SON LA PAZ"

La chica solitaria que se equilibra sobre el muro en una protesta radical en los territorios ocupados es Joanna. Su padre, Theodore, es quien mira en la televisión el acto de su hija, una apasionada activista por los derechos de los palestinos. Él, en cambio, es diplomático, el embajador danés en Berlín.

Al tercer día de protesta la joven está debilitada; al cuarto, las cámaras de los periodistas se apagaron. Nadie presenció su caída. Ni su muerte.

Cuatro años después, Theodore decide averiguar qué ocurrió.

La escritora danesa de 61 años, ensayista y exdiplomática en la ONU Janne Teller, reconocida internacionalmente por su libro "Nada", nos presenta esta historia en su última novela, "Justicia".

Su título original, que fue adaptado en la versión española, era ¿Estás orgullosa de mí, Joanna?, la pregunta que una y otra vez se hace el padre durante su búsqueda. De las causas, de los culpables, de la verdad y de lo que a veces es imposible: de la justicia.

En el marco del Hay Festival de Cartagena hablamos con ella del libro, de esa búsqueda, pero también de la relación de los daneses con Groenlandia, ahora en el punto de mira internacional por los deseos de Donald Trump de negociar para comprar la isla de soberanía danesa.

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BBC

¿Cómo es la búsqueda de justicia de Theodore, el padre de Joanna?

Me gusta poner al padre en esa posición, porque es un hombre hábil y con recursos. Tiene un trabajo de alto nivel, no es multimillonario, pero tiene suficiente dinero para contratar buenos abogados.

Pero incluso así, hay situaciones que no pueden ser cubiertas por el sistema legal, lo vemos en los padres de los niños que sufren acoso en internet y luego se suicidan; no hay códigos que cubran ese tipo de cosas.

Lo que queda es un sentimiento de injusticia. Este padre, incluso cuando descubre la verdad, no tiene forma legal de obtener justicia. Y surge la pregunta: ¿Cuándo usamos la violencia o medios ilegales para conseguirla?

¿Es válido tomar la justicia por nuestra mano, como está pensando hacer Theodore?

Lo es en diversas situaciones, pero debe hacerse con racionalidad, no podemos simplemente castigar, ni siquiera a los ladrones que nos han robado; no contribuye a una buena sociedad, para eso está el sistema legal.

Cuando éste no cubre, entonces tenemos que ver qué podemos hacer nosotros mismos.

Pienso en el cambio climático, creo que los jóvenes tienen toda la razón al decir que es una injusticia impuesta por las generaciones mayores. No estoy en la calle con ellos, pero estoy de acuerdo con Greta Thunberg y sus amigos cuando obstruyen ciertas reuniones, porque no pueden obtener justicia de otra manera que intentando crear este movimiento para cambiar la política mundial.

Pero usar la violencia, como piensa este padre…

No estoy de acuerdo; en ese sentido, soy pacifista. Aún cuando hay situaciones en las que hay que contraatacar, no se puede decir a los palestinos o a los ucranianos que deberían ser pacifistas cuando les caen tanques y bombas encima.

Pero como persona de la sociedad civil, no estoy de acuerdo con la violencia, ni con lo que el padre está pensando hacer: matar a un hombre.

Lo maravilloso al escribir es que puedes guiar a tus personajes de maneras que consideras incorrectas, siempre y cuando creas que es lo correcto para ellos en esa situación.

Y el padre está desesperado, siente que no tiene nada más por lo que vivir que intentar compensar la muerte de su hija.

Así que llega lejos, a pesar de sus dudas. Es un plan horrible, nunca lo haría, pero puedo entender por qué lo hace.

Portada del libro "Justicia". Es en blanco y negro y en ella se ve el rostro y cuello de una mujer, aunque buena parte está en sombra y solo parte de la cara tiene luz.

Seix Barral

¿Diríamos que más que buscar justicia, busca venganza?

La venganza surge porque no puede conseguir la justicia, por eso es tan importante la pregunta del título original: "¿Estás orgullosa de mí, Joanna?"

Que él sea diplomático y crea en el diálogo hace que tenga presente la conversación que tuvo con su hija antes de que muriera: que ella cree en el activismo, que hay que hacer las cosas aquí y ahora.

Más que venganza, busca una acción de la que, en su mente, su hija se sienta orgullosa; busca la paz con su muerte, es su fuerza motriz, y por eso repite esa pregunta en diferentes situaciones.

¿Estará ella más orgullosa si dispara al responsable o si no lo hace? No encuentra una respuesta, pero reflexiona sobre ello.

¿Por qué afirmas que en ciertos casos se puede obtener reparaciones, pero no justicia?

Son situaciones donde las personas han sido asesinadas porque nunca se las puede recuperar. Cuando hablamos de las guerras en Ucrania, en Palestina o en otros lugares, para quienes mueren en ellas nunca habrá justicia. Quizás la obtengan a través de la memoria, pero no para ellos como personas, como seres humanos en vida.

Y luego entran las reparaciones, que son importantes, ya que dan la sensación de que esa injusticia ha sido reconocida hasta el punto de que alguien pagará o intentará pagar por ella.

Lo vimos en Sudáfrica, con la Comisión de la Verdad, que fue extraordinaria, donde la parte negra de la población dijo: "Bueno, dejaremos libres a los líderes blancos del apartheid si admiten lo que hicieron y reconocen que estuvo mal",

Fue poderoso, el país se unió en el reconocimiento de la verdad, porque no iban a obtener justicia para quienes murieron por la causa, pero de cara al futuro, se reconoce.

Ese aspecto fundamental de cómo superaron las cicatrices del apartheid fue un mecanismo asombroso.

Pero la verdad no siempre parece suficiente, tampoco en el caso del padre de Joanna…

La verdad no es reparación ni justicia. Pero es una plataforma sobre la que se puede avanzar si existe un consenso, tanto por parte de la víctima como del perpetrador. Entonces se puede decir: seguimos adelante. En cambio, si no se reconoce la verdad, es casi imposible. Puedes intentar olvidar, pero siempre estarás, en términos psicológicos, liberando un trauma que dejas de lado.

En Chile con el pinochetismo, en España con el franquismo y en Alemania con el nazismo, algunas personas empiezan a cuestionar ciertas verdades que se habían consensuado como sociedad, ¿observas ese fenómeno?

La situación se ve grave para ese nivel de verdades comunes. He estado en Chile visitando el museo de la Memoria, fue muy impresionante. Pero aparecen líderes que quieren ocultar los crímenes y dicen que no fue tan grave, que solo encarcelaron gente mala.

Y Trump reescribe la historia estadounidense diciendo que la esclavitud no fue tan terrible después de todo; o incluso vemos gente de derecha en Alemania que intenta decir que los nazis nunca cometieron crímenes tan atroces, en lugar de estar orgullosos de haber logrado cambiar su sociedad.

Es peligroso, aunque soy optimista, ya que pienso que cuando hemos avanzado en el reconocimiento de algunas verdades, puede haber oleadas de gente que quiera negarlas, pero no pueden negarlas del todo.

Vendrá una contracorriente y los jóvenes aún tienen acceso a libros e información para juzgar con sus propias opiniones.

Me imagino que en Rusia debe ser más difícil porque no existe ese acceso, pero es algo que no debemos dar por sentado; tenemos que seguir luchando por ello.

Mujer de pie frente a un fondo oscuro, vistiendo un vestido estampado de colores y con las manos entrelazadas.

Les Kaner
"En el mundo moderno, los muros son la guerra. Es una separación de personas, llevada a cabo por un liderazgo que no quiere que se entiendan, se conozcan y se aprecien", dice Teller.

¿Y qué representan este padre y esta hija en el mundo?

El padre representa el intento de resolver mediante negociaciones, que a veces funcionan, pero suelen ser lentas y muere gente en esa lentitud. Y ella representa al activista de todos los tiempos: para que las cosas cambien hay que estar en las barricadas ahora, no se puede esperar hasta mañana; le parece inaceptable que el mundo político se estanque en la implementación de soluciones.

Al crecer nos volvemos más pragmáticos, que es el lado cínico, pero también más realistas; en una situación de guerra hay que encontrar un equilibrio que funcione de cara al futuro. Si se fuerza un alto el fuego, no se mantendrá a menos que se logre que las partes comprendan los beneficios, y eso lleva tiempo.

Es una lucha que he tenido conmigo misma, porque trabajé para las Naciones Unidas y vengo de la diplomacia; conocí lo bueno y lo malo de ella.

Estuve en Mozambique para el proceso de paz entre 1993 y 1994, y fue una de las pocas misiones de la ONU que tuvo éxito.

Pero también vi cómo se desmoronaban las cosas en Yugoslavia, donde no se podía proteger a la población, así que conozco las frustraciones. Y desde que me convertí en escritora he participado más en el activismo, no en las barricadas, sino a través de peticiones que pueden tener un impacto en la prensa.

Si los jóvenes no protestaran contra el cambio climático, no tendrían un lugar destacado en la agenda; pero no pueden cambiar la ley, para eso necesitamos diplomáticos, políticos y funcionarios con un profundo conocimiento del tema.

Es bonito decir que no deberíamos contaminar más, pero hay producción industrial y agrícola que entra en juego; y ¿cómo se calientan las casas o hacemos funcionar los hospitales?

La conclusión es que necesitamos a ambos bandos, que no son opuestos; como en el caso del padre y la hija, están entrelazados.

Joanna lleva una camiseta que por un lado dice, "las palabras son paz" y por el otro "los muros son guerra". ¿Están creciendo los muros en el mundo?

Por supuesto, también en Europa, quizás no un muro físico, pero da igual si se trata de cercas eléctricas.

Me gustan sus palabras, y por supuesto que son ingenuas en cierto modo, porque a veces un muro es simplemente la protección de las antiguas fortalezas.

Pero en el mundo moderno, los muros son la guerra. Es una separación de personas, llevada a cabo por un liderazgo que no quiere que se entiendan, se conozcan y se aprecien; mantenerlas separadas crea enemigos.

Es lo que vimos en la ex Yugoslavia. Un tercio de los matrimonios eran mixtos y no puedes permitir que los croatas o los serbios maten a los bosnios porque están casados con ellos y tienen hijos.

Pero si cuentas historias horribles sobre lo que un bosnio le hizo a un serbio, poco a poco cambias la percepción; luego cometes un par de masacres donde culpas a los otros grupos.

Y de repente, los vecinos empiezan a matarse entre sí; algunos fueron obligados a matar con una pistola en la cabeza, si no, los mataban a ellos; iban de casa en casa, fue horrible.

La construcción de muros tiene el mismo efecto; separas a personas que de otro modo se conocerían, así que es mucho más fácil crear el mito del enemigo.

La caída del Muro de Berlín fue un símbolo para varias generaciones, con la ilusión de que no volvería a ocurrir, pero 35 años después, esa idea se ha esfumado…

Desde nuestra generación, desde el 89 hasta principios de los 90, pensamos: «¡Vaya! ¡Realmente la democracia triunfó en este mundo! Solo mejorará a partir de ahora. Los historiadores analizarán a fondo por qué no sucedió eso.

Creo que la industria armamentística es muy fuerte, necesita enemigos y guerras, y la desigualdad económica que algunos fomentan, porque se enriquecen mientras que el resto nos empobrecemos.

Así que hay gente con un gran interés en crear estos muros o estas entidades separadoras en el mundo, porque se benefician cada vez que hay un conflicto. Por ejemplo, quienes producen armas.

Mujer de cabello corto y ondulado vestida con un chal gris de estampado floral y paisley, posando frente a un fondo neutro.

Les Kaner
El trabajo de Teller gira sobre temas existenciales y preguntas éticas de la civilización y la vida.

Usted, como danesa. ¿Conseguirá Donald Trump quedarse con Groenlandia?

Está muy cerca de Estados Unidos y ya tienen fuerzas allí; tomarían el control en dos horas, básicamente.

Pero quizás se podría negociar con Trump para encontrar la manera de que esté satisfecho; llegar a un acuerdo entre Dinamarca, quizás culturalmente, y Estados Unidos para la defensa.

Se pueden imaginar diferentes soluciones diplomáticas que no impliquen que se conviertan en una colonia estadounidense, no creo que Trump esté listo para decir: "Le damos a Groenlandia el estatus de un nuevo estado".

Aunque como hay 60.000 habitantes, podría pensar que el costo de darles la ciudadanía es pequeño comparado con sus recursos.

No lo sé y no creo que los groenlandeses quieran eso. En cualquier caso, probablemente estén hartos de ser parte de otros países.

Y como el mundo occidental no frenó cuando hablábamos de Gaza y Cisjordania, y Europa no ha sido firme ante lo ocurrido en Venezuela, es difícil asumir la superioridad moral en Groenlandia, porque es similar.

Quizás debamos reconocer que mientras Trump sea presidente, hay que abordar el mundo de forma diferente, tenemos que considerar el poder y al menos económicamente, Europa es una potencia fuerte.

Podríamos presionar diciendo: no compraremos armas estadounidenses; no les compraremos sus aviones, lo que les perjudicaría y sería necesario para que dieran un paso atrás. Es como si el único lenguaje que entendiera fuera el del poder. Y el poder económico es el más fuerte para él.

¿Qué sería lo justo en este caso?

Curiosamente, el que Trump quiera apoderarse de Groenlandia ha abierto la puerta a algo interesante, porque los daneses nunca han tratado a los groenlandeses como iguales. Son nuestra colonia. Y aunque tienen escaños en nuestro Parlamento, son daneses de segunda categoría.

Lo bueno sería que obtuvieran mayor independencia. Son una unidad autónoma, pero forman parte de la unión danesa, donde tomamos decisiones en política exterior, defensa y otras como la política sanitaria.

Y hay mucho del pasado que compensar, porque cuando Dinamarca actuó como colonizador, los groenlandeses no tenían voz ni voto en sus propias vidas ni en el uso de sus recursos.

Que el gobierno danés lo reconociera, podría ser el resultado positivo, y ya lo está haciendo. Recientemente se ha disculpado por la esterilización forzada a mujeres groenlandesas, a menudo sin su conocimiento, para que no tuvieran más hijos. Y se ha creado una fundación para compensarlas, al menos económicamente, por su pérdida.

Así que creo que la relación entre Dinamarca y Groenlandia va camino de mejorar gracias a la presión estadounidense. Pero me temo que podría ser demasiado tarde, considerando que Trump quiere Groenlandia.

¿Las Naciones Unidas han perdido su rol si comparas tu época con la de hoy?

La ONU siempre ha sido curiosa, es una organización impotente a menos que los Estados miembros le otorguen poder en situaciones específicas.

A principios de los 90, antes del genocidio en Ruanda y de que Bosnia fuera destrozada, aún existía la idea de que la ONU podía ser una fuerza para la paz.

Pero en conflictos donde los miembros permanentes del Consejo de Seguridad tienen fuertes intereses, la ONU puede hacer muy poco, porque Rusia, China o Estados Unidos ejercen su veto.

Lo triste es que en lugar de fortalecerla y hacerla más funcional, con el estilo de Trump la ONU se está volviendo cada vez más irrelevante.

Hace 5 o 10 años, aunque había hipocresía, aún se creía en sus ideales. Incluso al gobierno de Bush, cuando entró en Irak, se le podía responsabilizar de la mentira sobre la inexistencia de armas de destrucción masiva.

Esos criterios ya no existen. Hace unos días, en una entrevista, Trump dijo que no le importa el derecho internacional.

Y hemos visto que Estados Unidos se ha retirado de la convención climática y otras 50 convenciones, que eran la base del funcionamiento del mundo desde la Segunda Guerra Mundial.

La agenda general en Europa es seguir el orden mundial internacional. Sin embargo, el gobierno danés, aunque es socialdemócrata, quiere retirarse de partes de la convención de derechos humanos porque les dificulta deportar a inmigrantes delincuentes de Dinamarca, o porque hay ciertas cosas específicas que no quieren.

No se dan cuenta de que si nos retiramos, todo empezaría a desmoronarse. ¿Por qué debería alguien seguir la convención sobre armas químicas o cualquier otra?

Negociarlas llevó años, y solo funcionan si todos las respetan. Ninguna es perfecta y no todas se implementan por completo, pero nos dio el ideal que buscábamos en cada área.

La convención contra las armas químicas al menos significó que los líderes tendrían que pensar antes de usarlas contra su gente.

La ONU no solo es lo mejor que tenemos, sino el único foro para debatir los conflictos globales y abordarlos de alguna manera.

Necesitamos a la ONU, podría ser mejor, pero sin ella, el mundo sería mucho peor de lo que es.

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BBC

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