Varios hombres con armas, equipo táctico y rostros cubiertos

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La idea que plantea el doctor Oswaldo Zavala suele generar una reacción de incredulidad o rechazo cuando se escucha: "Los carteles de la droga no existen".

Para los habitantes de países de América Latina o Estados Unidos, que reciben constantemente noticias sobre las organizaciones del tráfico de droga y sus líderes, tal afirmación parece inconcebible.

Durante décadas, tales organizaciones han sido acusadas de mover toneladas de drogas lucrándose con sustancias que genera adicción y muerte. Y de la violencia que genera un negocio que le ha costado la vida a decenas de miles de personas.

Los grandes capos han sido catalogados como gobernantes de facto de territorios, lo que les ha convertido en protagonistas de canciones y series televisivas.

Pero Zavala, un investigador mexicano, autor y profesor de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, sostiene que no se trata de negar los problemas alrededor del narcotráfico, sino de pensar más allá de la idea arraigada de los carteles. Y señala a Washington y sus agencias como impulsoras de una "narrativa".

"Hablamos del fenómeno del tráfico de drogas utilizando el lenguaje que ha sido determinado por las instituciones que han militarizado países como México", señala Zavala a BBC Mundo.

"Al hablar de carteles, lo único que realmente conseguimos es legitimar la misma militarización y la violencia militar que estamos sufriendo en Latinoamérica", añade.

Zavala es un crítico de la estrategia militar para el combate al narcotráfico, a la que señala de ser en parte responsable de la violencia en México.

"Cuando alguien dice 'los carteles no existen', la gente hasta se ofende. '¿Cómo vas a decir eso?' Es otra de las señales por las cuales te das cuenta de que el discurso está tan arraigadamente hegemonizado", afirma.

En conversación con BBC Mundo, Zavala expone su punto de vista sobre las ideas y el lenguaje que hay entorno a los traficantes de droga y que retrata en su libro "Los carteles no existen" (2026).

Joaquín Guzmán custodiado por militares tras su captura

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Zavala sostiene que capos como Joaquín "El Chapo" Guzmán han sido enaltecidos por una "narrativa" generalizada sobre los carteles.

Si los carteles no existen, ¿qué es lo que sí existe? Porque hay gente que vive la violencia muy de cerca y que quizás se preguntarían qué es lo que sí hay entonces.

Yo no estoy diciendo que no hay narcotráfico, que los traficantes no están realmente ahí o que no importan. Nada de esto es lo que realmente estoy diciendo.

Lo que digo es que cuando hablamos del fenómeno del tráfico de drogas, utilizando el lenguaje que ha sido determinado por las instituciones que han militarizado el país, lo único que realmente conseguimos es legitimar la misma militarización y la violencia militar que estamos sufriendo en México.

Ese lenguaje es en sí mismo el mecanismo para legitimar la violencia, para sentirnos tan desprotegidos por estos narcos todopoderosos que necesitamos que el ejército venga.

Realmente cuando uno redimensiona el tamaño de eso que llamamos narcotráfico, uno realmente comienza a entender que en realidad es un tema para pensar cuestiones de adicciones, de uso de drogas.

No debería ser visto en México como un problema de seguridad nacional, que eso es parte de la agenda estadounidense desde los años 80, sino que debería instigar ese debate entre nosotros.

Lo que tenemos que hacer es volver a replantear nuestra política antidrogas y nuestra política de seguridad, sin el ejército activándose a cada rato, sin el ejército patrullando con poca fiscalización, sin el ejército ocupando lugares de la sociedad civil.

Tenemos que plantear cuáles son las razones reales del descontento social que vive México.

El senador Lindsay Graham junto a una pancarta que nombra a carteles mexicanos

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EE.UU. ha designado a varias organizaciones de México como "narcoterroristas" bajo el gobierno de Donald Trump.

Algo de lo que usted sostiene es que los capos no son todopoderosos como aparentan, pero en realidad tienen y ejercen un poder importante a un nivel regional, nacional y local.

Hay muchas cosas y dinámicas de violencia que son muy complejas. Pero muchas veces lo que vemos en algunos de los entornos más violentos, sobre todo en Jalisco, en Tamaulipas, en Guerrero, aparece esta idea de un cartel ocupando el Estado.

Pero lo que vemos con mucha preocupación, y es algo que no lo digo solo yo, es un proceso también de paramilitarización que no estamos realmente entendiendo.

Lo que no estamos viendo es cómo operan estos grupos paramilitares que muchas veces vemos ejerciendo cierta propaganda en redes sociales, apareciendo con equipo militar, con camiones blindados, etcétera, haciendo un uso espectacularizado de la violencia.

Lo vimos de un modo preocupante después de la muerte de Nemesio Oseguera "El Mencho", con los 250 disturbios por todo el país.

Precisamente esta violencia aparece ante nosotros como un espectáculo. Después de que salen supuestamente 250 grupos de gente a romper cosas, a incendiar coches o negocios, etcétera, protestando por la muerte de "El Mencho", lo único que le queda a la ciudadanía asombrada es pedir más militarización.

Y a mí eso me resulta muy preocupante, porque a partir de ahí se asume que la violencia que está viviendo el país la están haciendo estrictamente traficantes, lo cual no sabemos.

Asumimos que la solución a esta violencia es el ejército, lo cual sabemos que no es real. Por el contrario, es uno de los principales problemas.

Entonces yo creo que hay que ir más allá del miedo, de la provocación, de la aparición visual escandalosa de esos traficantes armados que inundan las redes sociales y tratar de entender verdaderamente estos procesos de violencia.

Un hombre en bicicleta toma una foto junto a un camión incendiado en Jalisco

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El abatimiento de Nemesio Oseguera derivó en múltiples ataques a vehículos y comercios en Jalisco en febrero pasado.

¿Y los mismos narcotraficantes no terminan asumiéndose todopoderosos?

Lo asumen porque la idea de narco, de cartel, está tan internalizada en todos nosotros que los mismos delincuentes quisieran dar fe de ello.

En mi libro "Los carteles no existen" recuerdo, por ejemplo, el momento irónico y bastante triste y patético en el que "El Chapo" se encuentra con Kate del Castillo [2015], la actriz que protagonizó en su momento la famosa telenovela "La Reina del Sur".

Y él tiene la ilusión de que ella haga una película que vuelva realidad en el set de grabación el mito de "El Chapo" Guzmán.

Es muy elocuente ese momento y muy triste la manera en que opera la política antidrogas, porque ese encuentro en realidad se da justamente en un plano estrictamente simbólico, en el que "El Chapo" quiere conocer a "La Reina del Sur" y "La Reina del Sur" quiere conocer a "El Chapo", que también es otro mito, ideado por instituciones oficiales.

Entonces, ninguno de ellos puede ver la humanidad del otro, los dos están perdidos en este universo de símbolos, de criminalización, de delincuencia organizada que están creados por las instituciones que van a terminar en una ofensiva no solo en contra de "El Chapo, sino en contra también de Kate del Castillo, que después fue acusada por el gobierno mexicano de haber colaborado con el traficante.

Entonces es interesantísimo, porque lo que nos muestra otra vez es que la sociedad entera está mediada por una comprensión hegemonizada del narco y que es muy difícil salirse de esa mediación, a pesar de que tenemos muchas herramientas, mucha evidencia, para comprender los efectos violentos de la política antidrogas. Seguimos atrapados en su cámara de ecos, en sus fantasías.

Una portada de un periódico informa de la entrevista de "El Chapo", Sean Penn y Kate del Castillo.

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En 2016 se reveló una entrevista entre "El Chapo" y los actores Sean Penn y Kate del Castillo realizada a finales de 2015.

El concepto original de cartel, que era esta confederación de mafias que se pone de acuerdo, ¿tampoco es lo que existe actualmente en tu opinión?

Es un concepto que viene del campo económico y que la DEA toma a finales de los años 70, porque ese era el imaginario que circulaba sobre todo para los estadounidenses cuando oían la palabra cartel.

Se imaginaban estos países árabes productores de petróleo que manipulaban el precio del barril y que ejercían una tensión geopolítica en la que Estados Unidos estaba en desventaja.

Entonces, cuando tú dices "hay cárteles de la droga en Latinoamérica", pues te imaginas gente morena, delincuente, que está colaborando para enviar un producto tóxico, como en su momento era la cocaína y la marihuana, y ahora el fentanilo y las drogas sintéticas. Gente que opera casi en una conspiración continental para dañar a la sociedad estadounidense.

La palabra cartel fue concebida deliberadamente como un método de propaganda para asustar a la gente, para crear un enemigo perfecto en Latinoamérica.

Pero la palabra cartel no fue ideada por los traficantes. Los últimos en enterarse de que estaban en un cártel fueron los propios traficantes.

Ahora más recientemente sí que tienes jóvenes delincuentes que, quizás porque esa mitología está tan en el aire, también participan de ella del mismo modo que tú y yo la consumimos.

Entonces hay muchachos que desafortunadamente, en esta precariedad delincuencial, se quisieran imaginar como parte de un cartel. Y eso es tal vez la parte más dramática y más triste de todo esto: que nuestra juventud más vulnerable, más desprotegida, recurre a un mito para sentirse empoderada por un momento en su vida.

También es el mito que termina destruyéndolos. En el nombre de un cartel han sido asesinados desproporcionadamente jóvenes pobres racializados en México.

Un "informante" del grupo Los Caballeros Templarios con un arma y el rostro cubierto

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Zavala señala que entre las principales víctimas de la política antidrogas vigente están los jóvenes de la base de las organizaciones criminales.

Los productos culturales de los años 80, 90 o anteriores no hablaban tanto de carteles, o no como con las redes sociales y las plataformas de series de ahora.

Parte de lo que llamamos narcocultura, a veces de una forma tan laxa, en realidad yo creo que refiere a los procesos culturales que se van desarrollando junto, o a la par, de estos discursos dominantes en torno al narcotráfico.

Entonces, si vamos hacia atrás en el tiempo y vemos los años 70 y 80 aparecen las películas y la música popular, los famosos narcocorridos, con traficantes bastante precarizados, bastante humildes.

En uno de los famosos narcocorridos ["Contrabando y Traición", de Los Tigres del Norte] cuenta que llevan "las llantas del carro repletas de hierba mala", etcétera.

No eran grandes cargamentos y eran pequeñas historias que más bien funcionaban para alertar de un modo bastante conservador a la ciudadanía de que el narcotráfico era un oficio verdaderamente peligroso y que no merecía la pena porque ibas a terminar en prisión o peor: muerto,

Y lo que es interesante es que eso se decía en esa década porque en el discurso oficial en México, el narcotráfico tampoco aparecía como una amenaza a la seguridad nacional.

Y porque en Estados Unidos hasta finales de los 80 no se empieza a hablar del narco de ese modo con el presidente Ronald Reagan.

Si bien el presidente Richard Nixon es el que instituye la DEA y empieza el combate al narcotráfico de un modo más decidido a nivel nacional en Estados Unidos, Reagan a finales de los 80 empieza a designar ya a los traficantes como amenazas a la seguridad nacional, y ahí es que empieza el imaginario del narco todopoderoso.

Entonces unos años más tarde, para 1997, ya tenemos el gran corrido de los Tigres del Norte, "Jefe de Jefes".

Ya se imaginan a los traficantes como verdaderas amenazas a la seguridad nacional y ese cambio radical que va de los pobres traficantes de los años 70, que son muertos por el sheriff, a los años 90, donde tienes esos traficantes que son capaces incluso de comprar la presidencia del país.

Y no se debe a que los traficantes hayan aumentado en poder.

Camisetas con la figura de "El Chapo" Guzmán

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Algunas regiones de México han estado rodeadas de la "narcocultura" desde hace años.

Lo que se ve es un cambio en el discurso, en la manera de hablar de ellos. Y la manera en que ahora se nos presenta el poder del narco desde las instituciones oficiales, primero en Estados Unidos y después en México.

Y los discursos hegemónicos se establecen de una manera tan dominante que la gente los repite espontáneamente.

Si tú vas ahora mismo a México y le preguntas a cualquier persona qué piensa del narco, te dicen que son muy poderosos, están en control del país, que es lo mismo que el Estado. Es más, el Estado es el narco. Eso mismo que te dicen lo va a decir en España un señor al que le haga la misma pregunta sobre México.

Lo que es extraordinario es que esa idea de que el narco es poderosísimo y que captura el Estado ya se ha aceptado, se ha internalizado a tal grado que la gente la acepta sin mayor necesidad de verificación.

Y por eso la gente que escribe guiones para televisión, que hace música, etcétera, la tiene completamente a flor de piel y la reproduce.

Militares en un punto de control vial en Jalisco

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Zavala critica el uso de los ejércitos en las labores de seguridad de países como México que se ha mantenido desde hace 20 años.

¿Qué crees que hay detrás de sostener eso que llamas narrativa?

Hay muchas cosas, como los beneficios que acarrea la guerra contra el narco como política. Y la primera, por supuesto, es que es un mecanismo de intervención.

El gobierno estadounidense utiliza la política antidrogas y el imaginario de la política antidrogas, convencer a la ciudadanía de que los narcos son muy poderosos, para cambiar gobiernos a su favor.

Un gobierno que no se alinea con Washington es un gobierno que está penetrado por el narco; un gobierno que sí se alinea, es un gobierno justiciero, es un gobierno correcto.

Alinearse muchas veces significa entregar recursos estratégicos a Estados Unidos, dejar que Estados Unidos intervenga en un modo desmedido, sin dejar a cambio ganancias para el país.

El saqueo, el expolio de recursos naturales y por supuesto el lucro que implica la militarización.

No solo es el contrabando de armas del que se habla con frecuencia de Estados Unidos a México, sino la transferencia de equipo, de entrenamiento y de armas del gobierno estadounidense a fuerzas armadas, incluso estatales y municipales, en México.

Y todo eso tiene un gasto y es realmente la transferencia de dineros públicos a privados muchas veces, porque se utiliza todo tipo de armamento de empresas privadas, pero también lo que implica es la militarización casi total del país.

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BBC

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