
El maltrecho corazón de Jartum se encuentra ahora extrañamente tranquilo, luego de semanas de intensos combates.
Entramos en la ciudad apenas unos días después de que el ejército sudanés la recuperara de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés), en lo que fue la culminación de una ofensiva de seis meses en la parte central del país.
Jartum, que fue el corazón comercial y la sede del gobierno de Sudán, es ahora un cascarón quemado.
La recuperación de la capital supuso un punto de inflexión en la guerra civil que estalló hace dos años a raíz de una lucha de poder entre el ejército sudanés y las fuerzas paramilitares (las RSF) y se estima que se ha cobrado al menos 150.000 vidas.
Pero, mientras las celebraciones del Aíd (una festividad musulmana) se extienden por las calles y la gente aquí considera que la guerra terminó, no está claro qué dirección tomará ahora el conflicto.
Completamente saqueado
Primero condujimos hasta el palacio presidencial, que las RSF ocuparon al principio de la guerra.
Era una base importante para los combatientes paramilitares.
Los suelos están cubiertos de escombros y cristales rotos.
Las sillas acolchadas que se utilizaban para actividades oficiales están cubiertas de polvo. En las paredes cuelgan algunos cuadros y de los techos cuelgan candelabros destrozados.
Casi todo lo demás fue saqueado. Incluso los cables eléctricos fueron arrancados de las paredes.

Los peores daños están en la fachada del edificio, que fue atacado por drones de los paramilitares poco después de que el ejército se apoderara del palacio.
La entrada principal está destrozada, todavía se ve sangre seca en las escaleras y las ventanas ahora son enormes agujeros que dan al río Nilo.
"Estaba muy emocionado de estar en el palacio republicano", me dijo un soldado mientras caminábamos por la mugrienta alfombra roja.
"Es la primera vez que estoy en este lugar y esperaba (su liberación como) los sudaneses en general. Querían que fuera libre. Es un símbolo de nuestra dignidad".
También es un importante símbolo de poder para el ejército.
Celebraciones entre escombros

Los soldados cantaban y bailaban jubilosos por el inicio del Aíd.
Un restaurante local les preparó un gran banquete y fueron aclamados como héroes por muchos en la capital.
Pero su victoria tuvo un costo enorme.
El nivel de destrucción en el centro de Jartum es impresionante: ministerios del gobierno, bancos e imponentes edificios de oficinas quedaron completamente chamuscados.
La pista del aeropuerto internacional es un cementerio de aviones destrozados. Los puestos de check-in y control de pasaportes están cubiertos de cenizas.

Condujimos despacio, sorteando artefactos explosivos sin detonar que todavía quedan en la carretera.
En una intersección había un montón de restos de cuerpos, entre ellos dos cráneos claramente visibles. Unos 100 metros más adelante, un cuerpo yacía frente a un coche dañado.
La catedral que quedó intacta
Una parada en la catedral de San Mateo, construida por los británicos en 1908 y lugar de culto para la minoría cristiana del país, fue un respiro bienvenido.
El techo, bellamente pintado, está intacto.
Un agujero en lo alto de una pared mostraba por dónde había atravesado un proyectil. Una cruz se había caído.
Sin embargo, estaba mucho mejor que muchos de los edificios que habíamos visto.

Un soldado que limpiaba los escombros del suelo nos dijo que la mayor parte de los daños fueron causados por la metralla de los bombardeos alrededor de la iglesia.
Nadie destruyó la "casa de Dios", dijo, pero los combatientes de las RSF profanaron el edificio defecando en él.
Y agregó que su hijo nació el primer día de la guerra, pero que debido a los continuos combates aún no había tenido la oportunidad de ir a casa a verlo.
Los paramilitares también ocuparon las zonas donde se ubican las misiones diplomáticas.
Cuando comenzaron los combates, los países y las empresas se apresuraron a evacuar al personal.
En la entrada de la embajada británica, hay un eslogan de las RSF garabateado en la pared.
El cristal antibalas del edificio resistió en buena medida, pero está lleno de marcas de impactos.

En el parqueadero, detrá del edifcio, hay una flota de vehículos destrozados.
Al otro lado de la calle, una bandera de Reino Unido colgaba sobre la escalera de un edificio maltrecho y sucio.
En Jartum, la guerra terminó
Esta es la tercera guerra civil de Sudán en 70 años y, en cierto modo, es peor que cualquiera de las anteriores que se libraron en otras partes del país.
Esta desgarró el corazón de Sudán, endureció las divisiones y amenaza con partir el país.
Más lejos de la zona de combate, celebraciones del Aíd se tomaron las calles.
Para la gente de aquí, la guerra terminó, aunque continúe en otros lugares.
El ejército ha sido acusado de cometer atrocidades y, según informes, decenas de miles de personas han huido de los combates en los últimos días. Pero en Jartum, la gente celebraba el fin de la brutal ocupación de las fuerzas paramilitares.
El ambiente también era optimista en una cocina comunitaria del barrio de al-Jeraif Oeste.
"Me siento como si me hubieran vuelto a parir", confiesa Osman al-Bashir, con los ojos iluminados por la nueva realidad después de citar una lista de las penurias de la guerra. Me dijo que había aprendido inglés gracias al servicio mundial de la BBC.

Duaa Tariq es una activista prodemocracia, que fue parte del movimiento que en 2019 derrocó al líder militar Omar al-Bashir, cuyo régimen autoritario había durado casi tres décadas.
Ella se ha centrado en ayudar a su barrio a sobrevivir a la guerra.
"Estamos celebrando el Aíd por primera vez en dos años", dijo.
"¡Todo el mundo está de gala, incluida yo! Me siento abrumada por muchas emociones, como si intentara aprender a vivir de nuevo. Nos sentimos libres, nos sentimos ligeros, incluso el aire huele diferente".
Tariq luchó por mantener las cocinas en funcionamiento durante la guerra cuando se agotaron los alimentos, debido a que la ciudad estaba siendo saqueada por las RSF y asediada por el ejército. Además, la ayuda estadounidense se suspendió.
Optimismo a pesar del hambre
La comida sigue siendo escasa, pero ahora hay esperanza.
"Me siento de maravilla. Me siento seguro. Me siento genial, aunque tenga hambre", dijo Kasim Agra, un hombre mayor.
"Sabes, no importa. Lo importante es la libertad".
"Como ves, llevo un celular", dijo, señalando un teléfono en su bolsillo.
"Hace unas dos semanas no podías llevar uno".
Eso es algo que me han dicho muchas personas en diferentes partes de Jartum: los teléfonos móviles eran el único vínculo con el mundo exterior y uno de los objetivos de robo para los combatientes de las RSF.

Agra se mostraba optimista con respecto a la recuperación de Jartum y del país.
"Creo que el gobierno va a atraer inversores: estadounidenses, saudíes, canadienses, chinos, van a reconstruir este país, creo".
Incluso si se lleva a cabo una reconstrucción masiva, es difícil imaginar que Jartum conserve sus características culturales y arquitectónicas distintivas.
Varias mujeres se hicieron eco de algo que escuché repetidamente en otros lugares: por fin pueden volver a dormir, después de pasar las noches en vela con miedo de que los saqueadores de las RSF irrumpieran en sus casas.
Un futuro incierto
El peso del miedo y la pérdida es grande con tantas historias de abusos, de vidas en peligro y trastornadas.
"Nuestros hijos están traumatizados", dice Najwa Ibrahim.
"Necesitan psiquiatras que les ayuden. Mi hermana es profesora e intentó trabajar con los niños, pero no fue suficiente".

Tariq también tiene preguntas sobre el impacto de la guerra: "¿Cuándo volverá a ser accesible la ciudad? ¿Cuándo volverá a abrirse?".
"Y otra pregunta personal como activista: ¿qué pasará con todas las libertades y derechos que ganamos en los últimos cinco años de revolución?", preguntó, refiriéndose a los años que siguieron al derrocamiento de Bashir, en los que un gobierno conjunto civil-militar estuvo trabajando para volver al régimen civil.
"¿Cómo será de nuevo para la sociedad civil, los actores, los activistas, los luchadores por la libertad? Ahora no estoy segura de nuestro futuro".
Nadie está seguro del futuro de Sudán.
"Rezamos por el pueblo de Darfur", dijo Hawaa Abdulshafiea, de 16 años, refiriéndose al bastión occidental de las RSF, donde la crisis humanitaria se agrava y a donde se espera que se traslade el foco de la guerra.
"Que Dios los proteja".

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