
Mandalay solía ser conocida como la ciudad de oro, salpicada de relucientes pagodas y túmulos budistas, pero en la antigua capital real de Myanmar ahora hay un edor a cadáveres.
Se han acumulado tantos cuerpos desde que el terremoto de magnitud 7,7 que azotó Mandalay el viernes pasado, que han tenido que ser incinerados, según cuenta un residente.
El número de muertos por el terremoto y las réplicas ha superado los 2.700, con miles de heridos y cientos de desaparecidos, según el jefe militar de Myanmar. Se espera que estas cifras aumenten.
Los residentes de la segunda ciudad más poblada del país afirman haber pasado noches sin dormir, deambulando por las calles con desesperación mientras escasean los alimentos y el agua.
Una residente de Mandalay que habló de cuerpos "incinerados a montones" perdió a su tía en el terremoto.
"Pero su cuerpo no fue rescatado de los escombros hasta dos días después, el 30 de marzo", dijo la estudiante de 23 años que solo quería ser conocida como J.
La mala infraestructura y la guerra civil que vive el país están obstaculizando gravemente las labores de socorro en Myanmar, donde el ejército tiene un largo historial de ocultar la magnitud de los desastres nacionales.
Se espera que el número de muertos siga aumentando a medida que los rescatistas accedan a más edificios derrumbados y distritos aislados.
J, residente del distrito de Mahaaungmyay en Mandalay, comentó que se siente "mareada por la falta de sueño".
Muchos residentes han estado viviendo en tiendas de campaña, o sin nada, en las calles, temiendo que lo que queda de sus hogares no resista las réplicas.
"He visto a mucha gente, incluyéndome a mí, agazapada y llorando a gritos en las calles", dijo J. Sin embargo, aún se encuentran sobrevivientes en la ciudad.
El servicio de bomberos informó haber rescatado a 403 personas en Mandalay en los últimos cuatro días y recuperado 259 cuerpos. Se cree que el número real de víctimas es mucho mayor que la versión oficial.
En un discurso televisado el martes, el jefe militar Min Aung Hlaing afirmó que el número de muertos podría superar los 3.000, pero el Servicio Geológico de Estados Unidos indicó el viernes que "una cifra de muertos superior a 10.000 es muy probable", considerando la ubicación y la magnitud del terremoto.


Mandalay fue fundada en 1857 por el rey Mindon, reemplazando a Amarapura como la nueva capital real de la dinastía Konbaung. Fue la última capital real de Myanmar (anteriormente llamada Birmania) antes de la anexión del reino al Imperio Británico en 1885.
Bajo el dominio británico, Mandalay mantuvo su importancia comercial y cultural a pesar del auge de Yangón, la nueva capital de la Birmania británica. La ciudad sufrió una gran destrucción durante la conquista japonesa del país en la Segunda Guerra Mundial. En 1948, Mandalay se incorporó a la recién independizada Unión de Birmania.
En la actualidad, la ciudad era considerada el centro económico del Alto Myanmar y el centro de la cultura birmana.
Mandalay también es un famoso poema escrito por Rudyard Kipling publicado en 1890 y primero recopilado en la colección Barrack Room Ballads.

Los niños pequeños quedaron especialmente traumatizados por el desastre.
Un pastor local le contó a la BBC que su hijo de ocho años rompió a llorar repentinamente varias veces en los últimos días, tras presenciar cómo partes de su barrio quedaban sepultadas bajo los escombros en un instante.
"Estaba en la habitación del piso de arriba cuando se produjo el terremoto, y mi esposa estaba atendiendo a su hermana menor, así que le cayeron algunos escombros encima", cuenta Ruate, quien solo dio su nombre de pila.
"Ayer vimos cómo sacaban cuerpos de los edificios derrumbados de nuestro barrio", dijo Ruate, residente en la zona de Pyigyitagon.
"Es muy preocupante. Myanmar se ha visto afectada por muchísimos desastres, algunos naturales, otros provocados por el hombre. Todos estamos muy cansados. Nos sentimos desesperados e impotentes".

Un monje residente cerca del condominio Sky Villa, uno de los edificios más afectados, cuyas plantas se redujeron de 12 a 6 tras el terremoto, le dijo a la BBC que, si bien algunas personas fueron rescatadas con vida, en las últimas 24 horas solo se han recuperado cadáveres.
"Espero que esto termine pronto. Todavía quedan muchos cadáveres dentro, creo que más de 100", declaró.
Los crematorios cercanos a Mandalay se han visto desbordados, mientras que las autoridades se quedaron sin bolsas para cadáveres, además de otros suministros como comida y agua potable.
En los alrededores de la ciudad, los restos de pagodas derruidas y agujas doradas caídas bordean las calles.
Si bien Mandalay solía ser un importante centro de producción de laminado de oro y un popular destino turístico, la pobreza en la ciudad se ha disparado en los últimos años, al igual que en otras partes de Myanmar.

El terremoto de la semana pasada también afectó a Tailandia y China, pero su impacto ha sido especialmente devastador en Myanmar, un país asolado por una cruenta guerra civil, una economía paralizada y una desilusión generalizada desde que los militares tomaron el poder con un golpe de Estado en 2021.
El martes, Myanmar guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas, como parte de una semana de luto nacional.
La junta pidió que las banderas ondearan a media asta, que se suspendieran las transmisiones de los medios de comunicación y que la población presentara sus respetos.
Incluso antes del terremoto, más de 3,5 millones de personas habían sido desplazadas dentro del país.
Miles más, muchos de ellos jóvenes, huyeron al extranjero para evitar el reclutamiento forzoso; esto significa que hay menos personal para ayudar en las labores de socorro y la posterior reconstrucción del país.
Rusia y China, que ayudaron a apuntalar el régimen militar de Myanmar, se encuentran entre los países que han enviado ayuda y apoyo especializado.
Sin embargo, la ayuda ha sido lenta, afirmó J.
"Los equipos de rescate llevan cuatro días trabajando sin parar y creo que están un poco cansados. También necesitan descansar".
"Pero debido a la magnitud de los daños y a que contamos con recursos limitados, es simplemente difícil para los socorristas gestionar una destrucción tan masiva de forma eficiente", indicó.

Aunque la junta militar afirmó que toda la ayuda es bienvenida, algunos trabajadores humanitarios informaron de dificultades para acceder a las zonas afectadas por el terremoto.
Los medios locales de Sagaing, epicentro del terremoto, reportaron restricciones impuestas por las autoridades militares externas, que exigen a las organizaciones presentar listas de voluntarios y artículos que desean traer a la zona.
Varias organizaciones de derechos humanos, como Human Rights Watch y Amnistía Internacional, instado a la junta a permitir el acceso inmediato de los trabajadores humanitarios a estas zonas.
"La junta militar de Myanmar aún infunde miedo, incluso tras un terrible desastre natural que causó miles de muertos y heridos", declaró Bryony Lau, subdirectora de Human Rights Watch para Asia.
"La junta debe romper con sus atroces prácticas pasadas y garantizar que la ayuda humanitaria llegue rápidamente a quienes corren peligro en las zonas afectadas por el terremoto", añadió.
La junta también ha sido criticada por continuar bombardeando aldeas incluso mientras el país se recupera del desastre.

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