Donald Trump y Keir Starmer durante la visita de Estado que el primero realizó al Reino Unido en 2025.

Leon Neal/Getty Images
A Trump su relación con Epstein parece no haberle afectado, mientras que Starmer podría perder su puesto por un pederasta al que no conoció.

Figurar en los archivos del fallecido pederasta estadounidense Jeffrey Epstein está resultando costoso para quienes aparecen mencionados en ellos aunque no estén involucrados en delito alguno, sobre todo si los señalados son europeos.

Morgan McSweeney, jefe de Gabinete del primer ministro británico, el laborista Keir Starmer, se sumó este domingo a la lista de miembros de la realeza, diplomáticos y exministros del Viejo Continente que en los últimos meses han perdido sus puestos y títulos por el escándalo del desaparecido empresario.

El hasta ahora colaborador más estrecho de Starmer renunció a su puesto no por haber tenido nexos con Epstein, sino tras asumir la responsabilidad por el "error" que supuso haber designado a fines de 2024 a Peter Mandelson como embajador de Reino Unido en Estados Unidos, pese a que este último sí tenía vínculos con Epstein.

"Aconsejé al primer ministro que hiciera ese nombramiento y asumo toda la responsabilidad por ese consejo", escribió McSweeney en la carta que envió al mandatario anunciando su dimisión.

Aunque Mandelson fue destituido a mediados de 2025, su designación ha terminado convirtiéndose en un escándalo que está amenazando la continuidad de Starmer en el poder, especialmente ahora que se ha conocido el contenido del último lote de documentos de Epstein difundido por el Departamento de Justicia de EE.UU.

La tormenta política británica no es única. En al menos otra media de docena de países europeos se han producido dimisiones, anuncios de investigaciones y disculpas públicas.

Sin embargo, al otro lado del Atlántico, donde Epstein cometió varios de sus crímenes y donde muchos de sus vínculos breves o más duraderos también ocupan altas posiciones, empezando por el actual presidente estadounidense, Donald Trump, las consecuencias han sido más moderadas, según los analistas.

Mandelson junto a Epstein en una reunión soplando la vela de una torta de cumpleaños.

Departamento de Justicia de EEUU via Reuters
Las nuevas relaciones sobre la relación entre Mandelson y Epstein ya le han costado el puesto a un colaborador del primer ministro británico.

Diferencias políticas y de agenda

"Lamento haber creído las mentiras de Mandelson y haberlo nombrado". Con este mea culpa Starmer intentó el jueves frenar el creciente malestar que ha desatado en Reino Unido la revelación de que Mandelson no solamente siguió en contacto con Epstein años después de que se conocieran las denuncias en su contra, sino que además fue acusado de compartir con él información económica y política confidencial.

Precisamente por esto último el exembajador, quien renunció a la Cámara de los Lores y fue expulsado del Consejo Privado del Rey, enfrenta una investigación policial que lo podría llevar a la cárcel.

No obstante lo anterior, el primer ministro británico lidia con llamados cada vez más insistentes, incluso desde su propio partido, para que renuncie.

Los problemas de Starmer, quien nunca conoció al fallecido pederasta, contrastan con la aparente inmutabilidad política de Trump, quien aparece más de 6.000 veces en los documentos, lo cual no implica que haya incurrido en ningún delito.

El mandatario y Esptein mantuvieron una relación amistosa durante gran parte de la década de 1990 hasta que, según Trump, se distanciaron a principios de este siglo.

"Realmente es hora de que el país pase a otra cosa", dijo el inquilino de la Casa Blanca la semana pasada cuando un periodista le volvió a preguntar sobre sus nexos con Epstein.

Más allá de los titulares y de las preguntas incómodas de los reporteros, Trump y colaboradores suyos como el secretario de Comercio, Howard Lutnick —cuyo nombre también aparece en los archivos más recientes— están lejos de enfrentar una situación comparable a la de Starmer.

¿Por qué? Algunos expertos ofrecen varias razones.

"Parte de esto tiene que ver con el caos generalizado en este lado del charco, donde hay un flujo constante de escándalos que emanan del 1600 de la Avenida Pensilvania (dirección de la Casa Blanca)", explicó a la revista Político el exembajador estadounidense en la República Checa, Norm Eisen.

En las últimas semanas, la agenda política estadounidense ha estado dominada por la muerte de dos ciudadanos estadounidenses a manos de agentes de la Patrulla Fronteriza durante las polémicas redadas contra inmigrantes sin papeles ocurridas en la ciudad de Minesota.

Un ciudadano siendo detenido por agentes migratorios en Minesota.

AFP via Getty Images
Expertos creen que las protestas por la muerte de dos estadounidenses a manos de agentes migratorios distrajeron la atención del caso Epstein en EE.UU.

Por su parte, Alex Thomas, director ejecutivo del Instituto para el Gobierno, un centro de pensamiento británico, atribuyó la situación a las diferencias entre los modelos políticos imperantes en Europa y EE.UU.

"Hay algo en la democracia parlamentaria, con su necesidad de que un primer ministro conserve la confianza del Parlamento para permanecer en el cargo, que creo que ayuda a impulsar la rendición de cuentas", explicó a la agencia AP.

En Reino Unido, como en la mayoría de los países europeos, rige un sistema parlamentario, por el cual los gobernantes están sometidos al control y supervisión constante del Poder Legislativo.

Por su parte, en EE. UU. el sistema presidencial ofrece mayor estabilidad al mandatario, al garantizarle un mandato que solo puede ser interrumpido por el Congreso en casos extremos, según la Constitución. Sin embargo, para que eso ocurra se requiere una amplia mayoría y, en la actualidad, los republicanos afines a Trump controlan ambas cámaras.

Una explicación similar ofreció Stephen Collinson, editor político de la cadena estadounidense CNN.

"La situación demuestra que, si bien las instituciones políticas británicas dedicadas a la rendición de cuentas y la investigación están funcionando, el control de Trump del Departamento de Justicia y su dominio sobre el Congreso republicano lo protegen del escrutinio", escribió.

Trump y Epstein en una foto fechada en 1997.

Davidoff Studios/Getty Images
Trump ha pedido a los medios y al país dejar de hablar de sus nexos con Epstein y "pasar a otra cosa".

Estilos personales

Pero más allá de las diferencias entre los regímenes políticos, los expertos creen que la tormenta Epstein está sacando a la luz otros aspectos más personales de los protagonistas a ambas orillas del océano.

"Trump ha establecido un tono desafiante al negarse a aceptar y sentir vergüenza", agregó Eisen, quien es fundador de Democracy Defenders Action, un grupo bipartidista que monitorea lo que considera un "comportamiento autocrático" del gobierno de EE.UU.

En similares términos se pronunció Rob Ford, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Manchester, quien le aseguró a la agencia AP que la reacción en Reino Unido y en Europa revela que "todavía hay un grado de vergüenza en la política".

Claramente, los 3 millones de documentos, 180.000 imágenes y 2.000 videos que figuran en el último lote de los archivos de Epstein han sacudido a parte de Europa.

En Reino Unido, los archivos no solo están detrás de la renuncia del asesor principal de Starmer, sino también de la acelerada sálida del hermano del rey Carlos III, el expríncipe Andrés Mountbatten-Windsor, de su lujosa residencia en los terrenos del castillo de Windsor, cerca de Londres.

Una situación similar se vive en varios países europeos. Por ejemplo, en Noruega, donde la sociedad sigue atónita ante el juicio del hijo mayor de la princesa Mette-Marit, por presunta violación, el malestar con la realeza se ha reforzado en los últimos días debido a las revelaciones contenidas en los documentos.

Morgan McSweeney fotografiado a su salida del 10 de Downing Street.

Leon Neal/Getty Images
Morgan McSweeney renunció este domingo a su puesto como jefe de Gabinete del primer ministro británico por el escándalo Epstein.

Según los archivos, Mette-Marit, la futura reina, mantuvo entre 2011 y 2014 correspondencia electrónica con Epstein, pese a que en ese momento ya habían salido a la luz sus actividades ilícitas y había recibido su primera condena judicial.

"Pido disculpas por la situación en la que he puesto a la Casa Real, especialmente al Rey y a la Reina", declaró la princesa en un comunicado.

En Francia, entretanto, la policía anunció el inicio de una investigación contra Jack Lang, quien fuera ministro de Cultura durante los gobiernos socialistas de François Mitterrand. El exfuncionario aparece mencionado al menos 700 veces en los documentos.

Joanna Rubinstein, funcionaria sueca de Naciones Unidas, dimitió tras revelarse que visitó en 2012 la isla caribeña de Epstein.

Miroslav Lajcak, asesor de seguridad nacional del primer ministro eslovaco, Robert Fico, renunció debido a sus comunicaciones con el desaparecido pederasta, que incluyeron conversaciones sobre chicas "guapas".

El primer ministro de Polonia, Donald Tusk, anunció en días pasados el inicio de una investigación sobre los presuntos vínculos polacos del caso Epstein.

Y aunque la administración Trump parece indemne al escándalo, otros en EE.UU. no lo han sido. A fines del año pasado, el exsecretario del Tesoro, Larry Summers, se tomó una licencia de sus puestos académicos en la Universidad de Harvard tras expresar estar "profundamente avergonzado" por sus vínculos con Epstein.

Más recientemente, el expresidente Bill Clinton (1993-2001) ha aceptado comparecer ante el Congreso de EE.UU. para explicar su relación con el fallecido financista, aunque ninguna víctima lo ha señalado de nada indebido.

"Como estadounidenses, deberíamos mirarnos al espejo. ¿Por qué no tenemos la misma reacción que Europa?", se lamentó Rufus Gifford, exembajador en Dinamarca durante el gobierno de Barack Obama, en una entrevista a la revista Político.

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