Una mujer con una sombrilla con los colores de la bandera de Estados Unidos, vestida con un sombrero estilo vaquero rojo, chaleco de lentejuelas rojo y azul, camisa blanca y unos lentes azules y rojos. Lleva en su mano dos pequeñas banderas de Estados Unidos.

Ben Sklar/Getty Images
Una mujer en Texas celebra el Día de la Independencia de Estados Unidos

En los 250 años transcurridos desde que Estados Unidos declaró su independencia de Gran Bretaña, la nación ha pasado de ser un conjunto de asentamientos escasamente poblados y dispersos a lo largo de la costa atlántica a convertirse en una potencia mundial que se extiende por todo un continente y más allá.

Partiendo de las 13 colonias originales, que abarcaban 1,1 millones de kilómetros cuadrados, su extensión geográfica se ha multiplicado por ocho, alcanzando aproximadamente casi 9,6 millones de kilómetros cuadrados.

La población de Estados Unidos ha experimentado una expansión igualmente espectacular. En 1790, año del primer censo, había aproximadamente cuatro millones de habitantes, incluidos los esclavos. Para 2025, esta cifra había ascendido a 343 millones, lo que representa un aumento del 8.475%.

Aunque el Estados Unidos actual resultaría prácticamente irreconocible para los fundadores de la nación de hace 250 años, las influencias culturales y políticas del país probablemente les resultarían familiares.

En retrospectiva, es posible vincular muchas de las promesas políticas clave del presidente Donald Trump —como limitar la inmigración y ampliar el poder y el territorio de Estados Unidos— con las características distintivas y las divisiones que marcaron los inicios del país.

El capitán Clark y sus hombres disparando a osos. Ilustración original: de *Journal of Voyages* de Peter Gass, publicado en 1811.

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Un dibujo de 1811 representa la exploración de la frontera estadounidense realizada por Lewis y Clark.

Los padres fundadores de Estados Unidos albergaban grandes esperanzas para su nueva nación. Sin embargo, su éxito estaba lejos de estar garantizado. Los acalorados debates sobre la esclavitud, la Constitución y el sistema económico y político generaron profundas divisiones en la población.

Si bien el territorio nacional casi se duplicó tras la compra de Luisiana a Francia en 1803, cuando Estados Unidos entró nuevamente en guerra con Gran Bretaña en 1812, no había certeza alguna de que la nación lograría mantenerse unida.

"Cualquiera que observara a las colonias tratando de crear esta nación pensaba: 'Lo único que tenemos que hacer es quedarnos aquí, esperar a que se despedacen entre sí y luego volver para recoger los pedazos'", señala Heather Cox Richardson, profesora de historia estadounidense en el Boston College y autora de Letters From an American (Cartas de una estadounidense) en Substack.

Aunque el futuro de Estados Unidos era incierto en aquellos primeros años, ya se habían asentado las fuerzas que determinarían la trayectoria futura de la nación.

Una pareja observa desde un muelle el desfile de barcos Sail4th 250 en el puerto de Nueva York, con motivo del 250 aniversario de la Independencia de Estados Unidos, el 4 de julio de 2026. Ambos van vestidos con camisetas que llevan la bandera de Estados Unidos, llevan gorras. Uno de ellos lleva una bandera de Estados Unidos en la mano.

Ryan MURPHY / AFP via Getty Images

Colin Woodard, director del Nationhood Lab de la Universidad Salve Regina, divide a Estados Unidos en varias identidades distintas vinculadas a aquellas fracturas iniciales.

La región septentrional, a la que Woodard denomina "Yankeeland" (Tierra de los Yanquis), tiene sus raíces en los primeros colonos puritanos que huyeron de la persecución religiosa en Europa; posteriormente, la llegada de colonos alemanes y escandinavos contribuyó a consolidar una mentalidad pluralista.

Una franja central, que él llama "Gran Appalachia", fue poblada inicialmente por escoceses e irlandeses de espíritu independiente. Su visión política —forjada en parte por la experiencia de la opresión inglesa en las islas británicas— se caracterizaba por una profunda desconfianza hacia la autoridad gubernamental.

"Para ellos, la libertad significa maximizar la autonomía y la libertad del individuo; cualquier aumento del poder del Estado implica, axiomáticamente, que los individuos son menos libres", afirma Woodard. "Es lo opuesto a la filosofía yanqui de la Gran Nueva Inglaterra".

Por otro lado, el "Deep South" (el Sur Profundo) estaba constituido por una clase terrateniente —algunos de cuyos miembros procedían de plantaciones esclavistas del Caribe— que conformó una "sociedad oligárquica y jerárquica".

Un mapa histórico de los Estados Unidos de 1928

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Para 1828, Estados Unidos se había expandido hasta el Pacífico con la adquisición de Oregón.

Si bien la identidad estadounidense se define por las culturas en competencia de quienes llegaron del extranjero, el primer siglo completo de existencia de Estados Unidos incluiría el intento concertado de borrar la cultura de los pueblos indígenas que ocuparon la tierra durante siglos antes de que los primeros europeos cruzaran el Atlántico.

A medida que la nación continuó expandiéndose hacia el oeste, el movimiento adquirió una fuerza ideológica propia, ya que algunos estadounidenses creían que el "destino manifiesto" de la nación era expandirse no sólo al Pacífico sino a todo el hemisferio occidental.

Este impulso expansionista llevó a estas culturas a una nueva confluencia y al conflicto. El oeste interior, con su paisaje inhóspito, se asemejaba más a las tierras salvajes de los Apalaches y atraía a personas que compartían esa misma mentalidad de individualismo recio. En la costa del Pacífico, tales valores chocaban con los de los comerciantes y marinos que se habían trasladado desde el noreste de Estados Unidos.

En la era moderna, estas divisiones se hacen evidentes en el mapa electoral presidencial, con los "estados rojos" controlados por los republicanos y los "estados azules" por los demócratas. El noreste de EE. UU. y la costa oeste se consideran bastiones del liberalismo —y son mucho más partidarios de la intervención gubernamental en la vida cotidiana—, mientras que el sur estadounidense, desde Texas hasta Florida, y el oeste interior se han convertido en el baluarte del conservadurismo republicano.

Fotografía en blanco y negro de una familia inmigrante en la ciudad de Nueva York. La madre está sentada con un bebé en el regazo.

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El siglo XX fue testigo de una llegada de inmigrantes de todo el mundo hacia Estados Unidos.

Si bien Estados Unidos dejó de expandirse geográficamente en gran medida hacia finales del siglo XIX, su población siguió creciendo de manera espectacular, en gran parte debido a la inmigración.

"Uno de los elementos centrales de Estados Unidos es la inmigración", afirma Richardson. "Lo que realmente nos une a todos es la idea de que podemos construir el futuro que deseamos".

Una primera etapa comenzó en la década de 1840 y se prolongó hasta 1889, llevando a las costas del país a unos 14 millones de personas, procedentes principalmente de naciones del norte y el oeste de Europa.

En la siguiente etapa, más de 18 millones de migrantes provenientes del sur y el este de Europa llegaron entre 1890 y hasta la década de 1920.

Cada etapa trajo consigo una reacción adversa, ya que a los estadounidenses les preocupaba que los recién llegados les arrebataran sus empleos y amenazaran su estilo de vida. Pronto surgieron cuotas y leyes restrictivas, como la Ley de Exclusión de los Chinos.

La Ley de Inmigración de 1924 limitó la inmigración de manera tan drástica que dicho cambio se percibe claramente como una inflexión en el gráfico del crecimiento anual de la población estadounidense.

La etapa migratoria más reciente comenzó en la década de 1960, cuando se levantaron aquellas restricciones. Desde entonces, más de 70 millones de personas han llegado a Estados Unidos —muchos de ellos procedentes de Asia y América Latina, incluidos unos 18 millones solo de México—.

En 2024, el 14,8% de la población estadounidense había nacido en el extranjero, una cifra que igualaba el máximo histórico registrado en 1890, según el Migration Policy Institute. La inmigración representó el 84% del crecimiento total de la población de Estados Unidos.

Según Woodard, las primeras etapas de migración —impulsadas principalmente por la industrialización— contribuyeron a fortalecer el poder político del norte de Estados Unidos.

Y ese desequilibrio geográfico ayudó a avivar aún más las divisiones ideológicas.

Personas observan fuegos artificiales durante la celebración anual del Día de la Independencia en la comunidad predominantemente latina de Bell Gardens el 2 de julio de 2026 en Bell Gardens, California.

Mario Tama/Getty Images
La comunidad mayoritariamente latina de Bell Gardens, en California, celebrando este 4 de julio.

Los líderes sureños impulsaron la expansión territorial —y la de los estados esclavistas— para asegurarse de mantener el poder político a nivel nacional antes de consumar su ruptura definitiva, dando así inicio a la Guerra Civil.

Sin embargo, las tendencias actuales han invertido esta división geográfica. Muchos inmigrantes —así como otras personas procedentes del norte— se sienten ahora atraídos por el sur, especialmente por las dinámicas economías de ciudades en Texas y Florida, si bien ahora la llegada de inmigrantes indocumentados en la frontera sur de Estados Unidos ha intensificado las tensiones.

El conservadurismo populista de Trump puede entenderse, por tanto, como una respuesta al desplazamiento de los centros de poder en Estados Unidos.

Tras regresar a la Casa Blanca, Trump ha cumplido su promesa de campaña de llevar a cabo deportaciones masivas.

Al mismo tiempo, ha manifestado cierta nostalgia por la expansión territorial del siglo XIX, planteando ideas como la adquisición de Groenlandia, la recuperación del control sobre el Canal de Panamá y la incorporación de Canadá y Venezuela como el "estado número 51″ de Estados Unidos.

Su versión del expansionismo estadounidense es, por tanto, una especie de imagen especular de los últimos 250 años de historia. El país pasó su primer siglo expandiéndose territorialmente; luego dejó de intentar adquirir nuevos territorios y se centró —a veces con vacilaciones— en abrir la nación a los inmigrantes.

Ahora, Trump ha cambiado el rumbo: pretende volver a ampliar las fronteras físicas de Estados Unidos y limitar el número de personas que el país admite.

Trump y sus partidarios sostienen que el carácter de la nación estadounidense corre el riesgo de sufrir una transformación fundamental y permanente. "Ya no tendremos país", es una frase recurrente de Trump al hablar de los peligros de la inmigración.

"Eso no surge de la nada", señala Woodard. "Nos enfrentamos a la gran pugna de la historia estadounidense: ¿somos una nación cívica consagrada a… una sociedad donde cada individuo pueda ser libre de manera igualitaria, universal y sostenible a lo largo del tiempo? ¿O somos un Estado que pertenece a un grupo concreto de personas, aquellas que son los verdaderos estadounidenses por sangre y ascendencia?"

En la vasta escala de la historia universal, 250 años son apenas un instante, un destello, un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, para Estados Unidos, estos 250 años han sido transformadores, aunque las divisiones en el seno de la nación —y la inquietud por su futuro— hayan sido una constante persistente.

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