Una madre en el centro, vestida con camiseta negra, con un hijo menor en la izquierda, vestido con una camiseta azul y al que abraza con su brazo derecho. A la derecha, otro hijo, mayor, vestido con camiseta roja, la abraza a ella también.

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Alex está ilusionado. Tras un tiempo separado, ahora sale con Valeria. Cada vez comparte más con ella, pero hay algo que no sabe manejar: cómo contarle a sus hijos sobre esta nueva relación.

Rehacer la vida sentimental después de un divorcio o de la muerte de una pareja es una experiencia relativamente frecuente.

Sin embargo, cuando hay hijos de por medio, el inicio de una nueva relación suele venir acompañado de preguntas, dudas e inseguridades sobre cómo comunicar ese cambio y ayudar a los menores a adaptarse.

No siempre sabemos cómo manejarlo, cómo decirlo e, incluso, cómo introducir a esta nueva persona en la vida de nuestros hijos.

Y la forma en que se haga puede marcar una gran diferencia para que la transición resulte más sencilla para todos.

BBC Mundo habló con dos especialistas en el tema, Maribel Gámez Cruz, psicóloga sanitaria y experta en niños y adolescentes, y Fátima Gallardo, terapeuta de pareja y familia, quienes compartieron sus consejos para abordar las distintas aristas de esta situación.

¿Cuándo es el mejor momento para comunicarlo?

No es cuestión de si esperar un año, dos o una cantidad de tiempo en específico. Se trata, en este caso, del estado de la relación.

Ambas concuerdan que el factor determinante para decirle a nuestros hijos que tenemos una nueva pareja es cuando veamos que es algo estable y afianzado.

Puede ser que ya se haya decidido que van a vivir juntos, que se van a casar o, aunque no pase ninguno de esos dos hitos, que hay un proyecto de futuro.

"Los niños han vivido, en cierto modo, una pérdida, que es la separación de sus padres. Por lo que lo mejor es evitarles otra posible ruptura en poco tiempo. Cuando sintamos que lo que tenemos entre manos es un asunto serio, podemos empezar a decirles que hay alguien especial en nuestras vidas", detalla Gámez Cruz.

Y, como explica Gallardo, a lo mejor no vamos a presentar a la nueva pareja aún, pero "podemos ir contando a los niños esa situación, porque pronto iremos incorporando una nueva persona a un vínculo familiar".

Gallardo también remarca que lo mejor es tomarlo con calma, salvo cuando se debe contar porque "alguien se ha enterado o hay algún comentario delante del menor".

En ese caso, explica, hay que decirlo "antes de que se convierta en un secreto o en un conflicto de lealtades".

¿Cómo se les puede decir?

Gallardo remarca que "cuando los niños son más pequeños todo se da de un modo más normalizado que cuando son adolescentes".

Explica que durante las edades tempranas se usa un lenguaje mucho más básico, sencillo y sin dar muchas explicaciones.

En el caso de un adolescente o preadolescente, Gámez Cruz opina que "empezaría con algo más suave, como decirles que hay una persona que se está conociendo, que puede ser alguien importante, y pedirle su opinión sobre qué le parece. La idea es que de una manera progresiva empiece a formar parte de su entorno".

Un padre y su hija en un sofá. La niña tiene los pies dentro del sofá, agarrados con las manos y su cara muestra tristeza. Su padre, sentado a su derecha, la abraza con el brazo derecho y parece estar hablando con ella y consolándola.

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En cualquier caso, ambas coinciden en que hay que comunicarlo con cuidado, crear un espacio de diálogo con ellos que no sea una charla y nada más, sino sucesivas conversaciones donde los menores vayan expresando cómo se sienten.

Gallardo dice que, en el caso de los más pequeños, los cuentos sobre este tipo de temáticas pueden ayudarles mucho a poner en palabras lo que sienten, mientras que, en el caso de los adolescentes, ayudarles a que sean claros al hablar de sus emociones y opiniones, y darles un espacio seguro para que se expresen.

¿Cómo presentarles a esa nueva persona?

Los primeros encuentros deberían ser actividades cortas y sencillas, comentan ambas expertas.

Ponen como ejemplos ir a un cine o a un parque de juegos, incluso algún evento con mucha más gente y que la nueva pareja sea una de las personas que asista, de modo que la interacción con el menor sea en tiempos cortos y sin compromiso.

También aconsejan no hablar de temas complicados, que sea todo lo más relajado posible.

Y, también, hacer estos primeros acercamientos lejos del hogar del progenitor. "Así evitamos que los menores puedan sentir que se viola su espacio íntimo, sobre todo con los adolescentes".

Gámez Cruz añade que no hay que apabullar a los menores diciéndoles el rol que puede llegar a tener esta nueva persona, simplemente podemos comentar que es una amistad a quien se está conociendo, pero "dejar claro que nos gusta más que el resto de nuestros amigos".

Eso sí, es importante no mentirles si nos interpelan.

Otra cosa que aconsejan es no forzar la presencia de esta nueva persona.

Si alguno de los hijos se niega a conocer a la pareja, lo mejor es preguntar por qué, tratar de resolver sus miedos y darles apoyo. También toca contar esta situación a la nueva pareja, para que esté preparada a que, quizás, no sea bien recibida.

Luego de los primeros encuentros es importante darle seguimiento al menor para ver cómo se siente.

¿Y qué con la expareja?

Hay personas que, durante la separación, además de acordar temas como el reparto del tiempo con los hijos o su educación, también llegan a acuerdos sobre cómo y cuándo comunicar a la otra parte que se tiene una nueva pareja.

Pero no siempre ocurre así. Y en los casos en los que no hay una conversación previa, las expertas recomiendan simplemente decirlo.

Una madre sentada en una cama, con su hija al lado. Ambas sonríen. La madre le acaricia la cabeza a su hija.

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Puede funcionar mostrarle modelos a su alrededor, casos donde los padres se hayan separado, hayan reconstruido sus vidas y las cosas vayan bien.

"Si esta nueva pareja va a formar parte poco a poco de la vida del niño, sería ideal que el menor pueda hablar con libertad en sus dos casas sobre aquellas personas", dice Gámez Cruz.

Pero, además, como dice Gallardo, "es mejor que se enteren por el adulto y no por el menor, al que no hay que poner ni de mensajero ni en la posición de esconder un secreto".

Gallardo comenta que al hablar con la expareja también hay que hacerlo con tacto.

"Que la expareja refuerce ese vínculo nuevo y lo aplauda, si es un vínculo bueno y sano, sería lo ideal", señala.

Algunos consejos extra

Gámez Cruz cuenta que, en su experiencia como terapeuta, lo que ha visto que más funciona a la hora de introducir una nueva pareja en el entorno del niño es buscar aficiones conjuntas.

Ya sea el fútbol, pintar o ir a un museo. "Lo que se busca en realidad es una experiencia reforzante (del vínculo) y placentera. Si hay una primera experiencia conjunta placentera, a partir de ahí las cosas van a ir mucho mejor".

"Ahí es cuando la nueva pareja tiene también que poner de su parte. Si no le gusta el fútbol, da igual, puede ir e intentar jugar o convertirse en un fanático".

Porque, además, haciendo una actividad que le guste al menor, puede hacer que esté relajado y pasándoselo bien.

"La primera carcajada con la nueva pareja no tiene precio", dice Gámez Cruz.

Otra cosa que puede funcionar es mostrarle modelos a su alrededor, casos donde los padres se hayan separado, hayan reconstruido sus vidas y las cosas vayan bien.

Es posible que durante el proceso muestren o digan que tienen miedo, lo mejor es que lo expresen.

Sin duda, uno de los más típicos es el abandono. Que el progenitor los deje por esa nueva pareja o una nueva familia.

En cualquier caso, recomiendan las expertas, hay que escuchar los miedos, calmarlos y asegurarles que siempre van a poder contar con sus padres.

Un hombre con las manos en la cintura, sonríe, junto a un niño que sostiene en su mano un balón de fútbol. Están en un parque lleno de césped y árboles.

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Buscar una afición conjunta puede ayudar con el nuevo vínculo.

"También puede funcionar explicarle a nuestros hijos sobre la idea de tribu, que ahora tiene a su alrededor más gente que le quiere, que se preocupa por ellos, a los que puede acudir para otras cosas. Decirle que hay mucha gente disponible para ellos. El amor se expande", señala Gámez Cruz.

Aun así, Gallardo cuenta que hay algunos hijos que no aceptan nunca a la nueva pareja. "En este caso, hay que ver si es posible cambiar la situación, trabajarla, incluso, si se puede, ir a terapia familiar".

Sin duda, durante todo el proceso, las expertas aconsejan hablar constantemente con los menores, dándoles su espacio y escuchando sus opiniones, pero como dice Gallardo, "una cosa es hablar con ellos para acordar qué podemos hacer y otra es hacer lo que nuestros hijos dicen que hay que hacer, o pedirles que sean ellos los que elijan sobre nuestra vida adulta, porque no podemos dejarles en ese lugar".

Gallardo remarca cuatro aspectos clave: tener la claridad para identificar desde qué lugar emocional hablamos o tomamos decisiones; asumir la responsabilidad de nuestros actos; dedicar tiempo y espacio a la reflexión para que las cosas se vayan ajustando y puedan negociarse; y, como último y más importante punto, cuidar el vínculo con el menor, pase lo que pase.

Gámez Cruz añade un último consejo: "Ve despacio, sé paciente, dales amor y cariño en cada cambio. Pero no tengas prisa con tus deseos. Planifícalo porque si no, lo mismo que te hace tan feliz, puede hacer que se convierta en motivo de resistencia".

BBC News Mundo

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