Humo sale al fondo de edificios, árboles y lo que parecen ser viviendas

Majid Saeedi/Getty Images
Según medios iraníes, las primeras explosiones se escucharon en el centro de Teherán.

La decisión de Estados Unidos e Israel de lanzarse a una nueva guerra con Irán crea un momento sumamente peligroso con consecuencias impredecibles. Israel utilizó la palabra "preventivo" para justificar su ataque.

La evidencia es que lo sucedido no es una respuesta a una amenaza inminente, como implica el término "preventivo". En cambio, es una guerra de elección.

Israel y Estados Unidos han hecho cálculos de que el régimen islámico en Irán está en una situación de vulnerabilidad: está enfrentándose a una grave crisis económica, a los efectos de la brutal represión contra los manifestantes en las protestas de principios de año y con las defensas aún gravemente dañadas por la guerra del año pasado.

La conclusión de ambos países parece haber sido que esta era una oportunidad que no debía desperdiciarse.

También representa otro golpe para el tambaleante sistema del derecho internacional.

En sus declaraciones, tanto el presidente Donald Trump como el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, afirmaron que Irán era un peligro para sus países.

El líder estadounidense afirmó que era un peligro global. El régimen islámico es sin duda su enemigo acérrimo.

Pero es difícil ver cómo se aplica la justificación legal de la legítima defensa, dada la enorme disparidad de poder entre Estados Unidos e Israel por un lado e Irán por el otro.

"La hora de la libertad"

La guerra es un acto político. El conflicto armado es inherentemente difícil de controlar una vez que comienza. Los líderes necesitan objetivos claros.

Benjamín Netanyahu ha visto a Irán como el enemigo más peligroso de Israel durante décadas.

Para él, esta es una oportunidad para causar el mayor daño posible al régimen de Teherán y a la capacidad militar de Irán.

Netanyahu también se enfrenta a unas elecciones generales este año. La evidencia de los dos años de guerra con Hamás es que él cree que su posición política se fortalece cuando Israel está en guerra.

Donald Trump, vestido con una camisa blanca y un traje oscuro, tiene puesta una gorra que dice USA, habla desde el podio del presidente de Estados Unidos y atrás tiene la bandera de EE.UU.

US President Trump Via Truth Social/Anadolu via Getty Images
El presidente de EE.UU., Donald Trump, confirmó que su país ha lanzado "importantes operaciones de combate" en Irán y llamó a los iraníes a sublevarse contra el gobierno de los ayalatolás.

Los objetivos de Donald Trump se han desviado y cambiado, como es característico. En enero, les dijo a los manifestantes en Irán que la ayuda estaba en camino.

Pero, gran parte de la Marina estadounidense estaba ocupada sacando del poder al líder de Venezuela en ese momento, Nicolás Maduro, por lo que carecía de opciones militares.

Mientras Estados Unidos desplegaba dos portaaviones en la región, así como una considerable capacidad de fuego terrestre, Trump habló mucho sobre los peligros de las ambiciones nucleares de Irán, aunque tras la guerra del verano pasado, el mandatario declaró que el programa nuclear iraní había sido "obliterado".

El régimen iraní siempre ha negado que quiera un arma nuclear, pero ha enriquecido el uranio a un nivel que no tiene uso civil en un programa de energía nuclear.

Como mínimo, parece querer la opción de construir una bomba. Hasta ahora, Israel y Estados Unidos no han publicado ninguna prueba de que esto estuviera a punto de suceder.

En su video, Trump le dijo al pueblo iraní que "la hora de la libertad" estaba cerca. Netanyahu tenía un mensaje similar: que la guerra ofrecería al pueblo iraní la oportunidad de derrocar al régimen. Eso no es nada seguro.

Experiencias del pasado

No hay precedentes de que un cambio de régimen ocurra solo por ataques aéreos.

Saddam Hussein, en Irak, fue derrocado en 2003 por una enorme fuerza invasora liderada por Estados Unidos.

Muamar Gadafi, de Libia, fue derrocado en 2011 por fuerzas rebeldes que recibieron ayuda de una fuerza aérea de la OTAN y algunos estados árabes.

En ambos casos, el resultado fue el colapso del Estado, la guerra civil y miles de muertos.

Libia sigue siendo un estado fallido. Irak sigue lidiando con las consecuencias de la invasión y el derramamiento de sangre que desató.

Aunque este sea el primer caso en que el poder aéreo por sí solo provoque el colapso de un régimen, el gobierno islámico no será reemplazado por una democracia liberal que defienda los derechos humanos.

No hay ningún gobierno alternativo creíble en el exilio esperando entre bastidores.

Durante casi medio siglo, el régimen iraní ha creado un sistema político complejo sustentado por una mezcla de ideología, corrupción y, cuando es necesario, el uso despiadado de la fuerza.

El régimen de Teherán demostró en enero que estaba dispuesto a matar a manifestantes.

Cuenta con fuerzas de seguridad que obedecen órdenes de disparar y matar a miles de conciudadanos por desafiar el sistema en las calles y exigir libertad.

Más que un solo líder

Quizá Estados Unidos e Israel estén intentando matar al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. Israel cree en el asesinato selectivo como estrategia.

En los últimos dos años, mató a los líderes de Hamás en Gaza y Hezbolá en Líbano, así como a muchos de sus lugartenientes.

El régimen islámico en Irán es otro tema. Preside un Estado, no un movimiento armado. No es asunto de un solo hombre.

El ayatolá Alí Jamenei, vestido con ropa negra, está sentado sosteniendo un papel blanco en la mano frente a unos micrófonos, atrás se ve la bandera de Irán

Oficina de prensa del líder iraní/Handout/Anadolu vía Getty Images
El ayatolá Alí Jamenei (en una foto de 2024) es apenas el segundo líder supremo del país desde la revolución islámica de 1979. Ocupa el cargo desde 1989.

Si el líder supremo fuera muerto, sería reemplazado, probablemente por otro clérigo apoyado por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán (CGRI), que existe, junto a las fuerzas armadas convencionales, y tiene la tarea explícita de defender al régimen contra amenazas internas y externas.

Trump les ofreció inmunidad, si deponían las armas, o una muerte segura.

Es poco probable que la CGRI se deje tentar por su oferta. El martirio es una idea constante en la ideología de la República Islámica y en el islam chiita.

Trump cree que la principal fuerza motivadora en la política y la vida es la transaccional; como dice su libro, el arte del acuerdo. Pero tratar con Irán requiere tener en cuenta el poder de la ideología y las creencias. Eso es mucho más difícil de cuantificar.

A medida que esta crisis se ha ido intensificando desde el inicio del año y Estados Unidos ha reunido su armada, han surgido cada vez más señales de que el liderazgo en Teherán veía la guerra como algo inevitable.

Entablaron conversaciones, conscientes de que el verano pasado se estaban llevando a cabo diálogos cuando Israel atacó y Estados Unidos se unió a ellos.

No confían en Estados Unidos ni en los israelíes. En su primer mandato, Trump se retiró del acuerdo nuclear con Irán, el Plan Conjunto de Acción Comprehensiva (JCPOA, por sus siglas en inglés), que restringió el programa nuclear iraní y se consideró como el principal logro de política exterior del gobierno de Obama.

Ha habido indicios de que Irán podría haber estado dispuesto a aceptar otro acuerdo como el JCPOA, al menos para ganar tiempo.

Pero parece que Estados Unidos también ha estado exigiendo severas restricciones tanto a su programa de misiles y como a su apoyo a aliados regionales que se oponen a Israel y a Estados Unidos.

Eso les resultaba inaceptable, equivalía a una capitulación. Renunciar a sus misiles y a sus aliados podría, incluso en las mentes de sus líderes, hacerlos mucho más vulnerables al cambio de régimen que la amenaza —y ahora la realidad— de un ataque.

Los líderes iraníes ahora estarán haciendo cálculos sobre cómo aguantar la guerra, cómo sobrevivir y cómo gestionar sus consecuencias. Sus vecinos, liderados por Arabia Saudita, estarán consternados por la enorme incertidumbre y las posibles consecuencias de los acontecimientos de este sábado.

Dada la capacidad de Medio Oriente para exportar problemas, el estallido de una guerra renovada e intensificada profundiza la inestabilidad de la región y del mundo en general, que ya es turbulenta, violenta y peligrosa.

Raya gris

BBC

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