La guerra que Estados Unidos e Israel libran contra Irán desde el pasado 28 de febrero no solo sacude el tablero geopolítico: está redibujando el mapa del turismo mundial. Según un análisis publicado por The Conversation, la cuestión ya no es si la geopolítica reduce los viajes internacionales —en 2025 superaron los 1.500 millones de personas, por encima de los niveles prepandemia—, sino cómo está cambiando los flujos de viajeros. Y en esa reconfiguración, República Dominicana ocupa un lugar singular: a más de 12.000 kilómetros del conflicto, pero profundamente conectada a sus consecuencias.
El turismo no desaparece: se mueve
El artículo de The Conversation plantea una idea central: cuando aumenta la incertidumbre, los turistas no dejan de viajar, pero sí cambian de destino. Eligen lugares que perciben como más seguros, más accesibles o más predecibles. "El turismo no desaparece: se mueve", sintetizan los autores José Tomás Arnau y Paula Simó-Tomás.
Ese desplazamiento ya se está viendo. Aeropuertos clave de Medio Oriente —Dubái, Doha, Abu Dabi— sufrieron cierres o restricciones tras el inicio de los ataques a principios de marzo. La región concentra el 14 % del tráfico aéreo internacional en tránsito, y esos tres hubs junto con Baréin mueven unos 526.000 pasajeros al día. El Consejo Mundial del Viaje y el Turismo (WTTC) calcula que el conflicto está provocando pérdidas de al menos US$600 millones diarios en el gasto de turistas internacionales, según reportó la agencia EFE.
Destinos como España, las Islas Canarias y Turquía (con el hub de Estambul como alternativa a las conexiones del Golfo) ya están captando parte de esa demanda desviada. Pero ¿qué pasa en el Caribe? ¿Qué pasa con República Dominicana?
RD: cifras récord en un contexto incierto
República Dominicana llegó a este momento de turbulencia global desde una posición de fortaleza. En 2025, el país recibió más de 11,7 millones de visitantes, un crecimiento interanual del 4,3 %, consolidándose como el segundo destino más visitado de América Latina, solo detrás de México, según informó el presidente Luis Abinader en su rendición de cuentas del 27 de febrero.
El arranque de 2026 fue aún más contundente. En el período enero-febrero, República Dominicana recibió 1.650.019 turistas, un crecimiento del 10 % frente al mismo período de 2025. Solo en febrero se registraron 1.184.902 visitantes —récord histórico para ese mes—, con un aumento del 13,1 % interanual, según datos del Ministerio de Turismo reportados por EFE.
Estados Unidos sigue siendo el principal mercado emisor (43,6 % del total), seguido de Canadá (21,1 %) y Argentina (6,4 %), este último con el mayor dinamismo: un crecimiento del 16 % interanual.
Hasta aquí, las buenas noticias. Pero la guerra en Irán introduce variables que podrían alterar esa trayectoria.
La doble cara del conflicto para el turismo dominicano
Lo que podría favorecer a RD
Como señala The Conversation, cuando los viajeros perciben riesgo en una región, buscan alternativas que les resulten más tranquilizadoras. El Caribe, y República Dominicana en particular, reúne condiciones que lo posicionan como destino refugio: estabilidad política, conectividad directa con Norteamérica, una oferta turística consolidada y una imagen internacional de seguridad.
El ministro de Turismo, David Collado, declaró a finales de marzo que, pese a la guerra, "marzo sigue siendo el mejor mes del turismo en RD" y que hasta el momento no se habían registrado cancelaciones masivas. Sin embargo, el funcionario reconoció que el Gobierno ya trabaja en un plan de contingencia centrado en reforzar los vuelos de corta distancia —desde Centroamérica, Colombia, el Caribe y el sur de Estados Unidos— para compensar una eventual caída en las rutas de largo radio, especialmente desde Europa.
Lo que amenaza al sector
El principal riesgo no viene de la percepción de inseguridad —República Dominicana está lejos del conflicto—, sino del impacto económico indirecto. Como advirtió Acento en un reportaje del 20 de marzo, la guerra disparó el barril de petróleo de menos de US$60 a casi US$100, y República Dominicana —que importa prácticamente el 100 % de los hidrocarburos que consume— ya siente el golpe.
Ese encarecimiento del crudo se traslada directamente al combustible de aviación (avtur). La Asociación Dominicana de Líneas Aéreas (ADLA) atribuyó el alza de RD$21 en el Jet A-1 a la volatilidad internacional por las tensiones en Medio Oriente, según informó Acento. Vuelos más caros significan pasajes más costosos, y eso puede frenar la demanda, especialmente en los mercados más sensibles al precio.
The Conversation lo resume así: "Una parte de ese impacto acaba trasladándose al viajero en forma de trayectos más caros, más largos y más inciertos".
A eso se suma un cambio en el comportamiento del viajero. Según el análisis, en contextos de incertidumbre aumentan las reservas con cancelación flexible, cobra más importancia el seguro de viaje y crece el interés por destinos cercanos. El turista "se vuelve más cauteloso y más sensible al riesgo".
El shock petrolero: la amenaza de fondo
El editorial de Acento del 3 de marzo lo tituló con precisión: "Irán, tan lejos, tan cerca". La factura petrolera dominicana ronda los US$4.800 millones anuales, y un aumento sostenido del crudo impacta no solo en los combustibles, sino en la inflación, el transporte, la electricidad y, por extensión, en los costos operativos de toda la cadena turística: hoteles, restaurantes, excursiones.
El presidente Abinader, en su mensaje del 22 de marzo, enmarcó la crisis como una advertencia estratégica. "Si queremos comprender la magnitud de lo que está ocurriendo, debemos mirar un punto clave del mapa: el estrecho de Ormuz, en el Golfo Pérsico", dijo, según recogió Acento. El Gobierno anunció un paquete de medidas que incluye RD$10.000 millones para subsidios y RD$1.000 millones para fertilizantes agrícolas.
Según BBC News Mundo, analistas advierten que esta crisis podría convertirse en "el mayor shock petrolero de la historia" si el conflicto se prolonga y el estrecho de Ormuz —por donde transita una parte significativa del crudo global— permanece bloqueado o restringido.
Países clave en la reconfiguración turística
España (e Islas Canarias)
Beneficiaria directa del desvío de turistas. Grandes compañías turísticas europeas han reforzado su capacidad en Canarias tras salir temporalmente de Medio Oriente. La agencia EFE reportó que, aunque las reservas anticipadas para Semana Santa iban un 35 % por encima del año anterior antes de la guerra, el conflicto frenó el ritmo de contratación. Aun así, España se perfila como uno de los destinos que más flujos captará.
Turquía (Estambul)
El aeropuerto de Estambul, hub estratégico entre Europa, Asia y África, podría reforzar su papel como punto de conexión global, captando pasajeros que antes transitaban por Dubái, Doha o Abu Dabi. Como señala The Conversation, más escalas implican más pernoctaciones, más consumo turístico y mayor visibilidad del destino.
Emiratos Árabes Unidos (Dubái, Abu Dabi)
Principales perdedores. Dubái recibió casi 20 millones de turistas internacionales en 2025, pero los ataques iraníes dañaron hoteles de lujo y su aeropuerto —el de mayor tráfico de pasajeros del mundo—, según reportó BBC News Mundo. La propuesta de lujo, innovación y eficiencia aeroportuaria que habían construido depende de que las rutas funcionen y la percepción de seguridad se mantenga.
Catar (Doha)
Designada capital del turismo del Golfo 2026, Doha enfrenta ahora el desafío de sostener esa apuesta en medio de un conflicto regional. Su aeropuerto, otro de los grandes hubs de tránsito, también sufrió restricciones operativas.
República Dominicana
Llega al conflicto con cifras récord y una posición competitiva sólida en el Caribe. Su principal desafío no es la percepción de inseguridad, sino el encarecimiento de los vuelos por el alza del petróleo. La estrategia del Gobierno apunta a reforzar los mercados de corta distancia y mantener la conectividad con Norteamérica, su mercado emisor dominante.
Un mapa turístico más fragmentado
Como concluye el análisis de The Conversation, "el principal efecto de la geopolítica sobre el turismo mundial no parece ser, al menos por ahora, un colapso general. Lo que estamos viendo es un sistema más fragmentado, más desigual y más sensible a la percepción del riesgo".
Para República Dominicana, eso significa una ventana de oportunidad —ser percibida como destino seguro y accesible— pero también una amenaza concreta: si el petróleo sigue caro, los vuelos se encarecen y la inflación erosiona el poder adquisitivo de los turistas, el crecimiento récord de los últimos meses podría desacelerarse.
La estabilidad, como dice The Conversation, ya no es solo un atributo político: es una ventaja competitiva turística. Y en un mundo donde el mapa de los viajes se redibuja con cada conflicto, los destinos que ofrezcan menos fricción al viajero —mejores conexiones, menos incertidumbre, una imagen de normalidad— serán los que ganen.
Compartir esta nota
