Llegar a fin de mes, pagar una deuda o no saber cuánto dinero entrará el próximo mes puede convertirse en una fuente constante de preocupación. Y muchas veces el problema no es la falta de recursos en sí, sino la sensación de inestabilidad.
Esa incertidumbre, cada vez más presente en un contexto donde cada día aumenta el costo de la vida y las presiones financieras sobre los hogares, también tiene consecuencias para la salud mental.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos mentales representan uno de los principales desafíos de salud pública a nivel global. Tanto la ansiedad como la depresión figuran entre las afecciones más comunes y generan pérdidas cercanas a un billón de dólares anuales en productividad debido al ausentismo y la disminución del rendimiento laboral.
A nivel local, datos del Ministerio de Salud Pública indican que el 5.7 % de la población padece o ha padecido trastornos de ansiedad, mientras que el Plan Nacional de Salud Mental estima que alrededor de uno de cada cinco dominicanos experimentará algún trastorno mental a lo largo de su vida.
Para la psicóloga clínica Caluz Polanco, la relación entre estabilidad económica y bienestar emocional es más estrecha de lo que muchas veces se reconoce.
"La economía es parte importante de lo que sería la estabilidad. Varias de las necesidades básicas se ven cubiertas con la estabilidad económica, ya que la capacidad adquisitiva te permite tener acceso a una vivienda, a la alimentación, a protección y a otros aspectos esenciales. Por eso, cuando esa estabilidad se ve amenazada, no estamos hablando solamente de dinero; estamos hablando de seguridad y tranquilidad", explica.
Las consecuencias suelen aparecer de forma gradual, donde llegan las preocupaciones y después, el cuerpo comienza a reflejar aquello que la mente intenta procesar.
"Podemos ver ansiedad, emociones mucho más intensas y un estrés bastante fuerte que termina manifestándose físicamente. Hay personas que presentan pérdida de cabello, pérdida de peso, problemas para dormir, cambios en el apetito o taquicardia. En algunos casos, cuando el estrés y la incertidumbre son muy altos, pueden aparecer ataques de ansiedad", señala la especialista.
La clase media y los trabajadores informales entre los más vulnerables
Aunque las dificultades económicas pueden afectar a cualquier persona, Polanco señala que la incertidumbre suele sentirse con mayor intensidad entre quienes dependen de ingresos variables o carecen de la estabilidad necesaria para planificar sus gastos a largo plazo.
"Pienso en el emprendedor que está empezando un negocio, en el trabajador independiente, en quien trabaja por días o depende de ingresos que cambian constantemente. El problema no es solamente cuánto dinero se tiene, sino la incertidumbre de no saber si será suficiente para cubrir las necesidades básicas", afirma.
Esa incertidumbre, agrega, puede convertirse en una carga emocional permanente.
A su juicio, la posibilidad de garantizar gastos esenciales como vivienda, alimentación, educación y salud constituye uno de los factores que más influye en la sensación de tranquilidad y estabilidad emocional.

El estrés financiero también entra a la casa
Cuando una persona vive bajo presión constante, esa tensión suele trasladarse a las relaciones con quienes la rodean. La paciencia disminuye, las discusiones aumentan, así como el agotamiento emocional.
"Somos la misma persona en todas las áreas de nuestra vida. Si estoy viviendo un estrés prolongado que ya está afectando mi salud, mi sueño y mi estabilidad emocional, eso inevitablemente se va a reflejar en mis relaciones", explica Polanco.
Según la especialista, muchos hombres suelen expresar esa carga emocional a través de la irritabilidad o el aislamiento.
"Es la persona que parece vivir molesta, que responde más rápido de lo normal, que tiene menos paciencia y que termina llevando esa tensión a la relación de pareja o a la dinámica familiar".
En las mujeres, señala, el estrés suele manifestarse de otras formas, considerando que los cambios hormonales también influyen.
"La carga mental aumenta muchísimo. Hay más preocupación, más agotamiento emocional y una tendencia a desconectarse de las personas alrededor. También puede haber afectaciones físicas porque somos seres hormonales y el estrés termina impactando distintas áreas de la salud."
Sin embargo, afirma que quienes muchas veces reciben las consecuencias sin comprender lo que ocurre son los hijos.
"Para mí, los más afectados terminan siendo ellos. Son niños que sienten que mamá y papá están presentes físicamente, pero emocionalmente están ausentes, preocupados o constantemente irritables. Ellos perciben ese ambiente aunque no entiendan completamente qué está pasando."
Señala que el impacto también alcanza los espacios de trabajo. "La preocupación consume energía mental. Cuando una persona está pensando todo el tiempo en cómo va a resolver una situación económica, tiene menos capacidad para concentrarse y rendir de manera efectiva en sus responsabilidades laborales", añade.
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Planificación, comunicación y hábitos saludables
Planificar para reducir la incertidumbre
Aunque la incertidumbre económica no siempre puede evitarse, los especialistas coinciden en que existen herramientas para disminuir su impacto sobre la salud mental.
Según Polanco, uno de los errores más frecuentes es ignorar la situación financiera con la esperanza de que el problema se resuelva por sí solo.
"No ver los números no significa que los gastos desaparezcan. Lo ideal es tener una planificación clara, saber cuáles son los gastos fijos, cuáles son los variables y entender realmente cuál es la situación económica personal".
La especialista recomienda elaborar presupuestos realistas y revisar periódicamente los ingresos y gastos para tener una visión clara de las finanzas personales.

Hablar de dinero también es una forma de cuidarse
"Muchas personas esconden las deudas o las dificultades económicas por vergüenza o miedo. Pero cuando la situación explota, no afecta solamente a quien la ocultó; termina afectando a toda la familia", explica.
Por ello, la psicóloga aconseja mantener conversaciones abiertas con la pareja y los demás miembros del hogar para tomar decisiones conjuntas y evitar que la carga emocional recaiga sobre una sola persona.
Cuidar la salud física ayuda a manejar el estrés
Las finanzas y la salud mental están estrechamente relacionadas, pero también lo están el bienestar emocional y los hábitos cotidianos.
La especialista señala que dormir adecuadamente, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física y dedicar tiempo a actividades recreativas de bajo costo pueden contribuir a reducir los niveles de estrés y ansiedad asociados a la incertidumbre económica.
Asimismo, recomienda buscar apoyo profesional cuando la preocupación financiera comienza a afectar el sueño, las relaciones personales o el desempeño laboral.
Construir un colchón financiero
A largo plazo, Polanco considera que desarrollar hábitos de ahorro puede ofrecer una mayor sensación de seguridad frente a imprevistos económicos.
"Recordemos que la situación económica del país y del mundo nos afecta a todos. La diferencia está en cómo respondemos a ella. Si tomamos decisiones desde el miedo, el estrés crece. Si nos movemos desde la planificación y la información, tenemos más posibilidades de afrontar las dificultades de una manera saludable".
La psicóloga recomienda, en la medida de las posibilidades de cada familia, crear un fondo de emergencia que permita afrontar gastos inesperados sin que estos se conviertan en una fuente adicional de angustia.
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