A seis meses de la elección presidencial para elegir a su sucesor, un llamado en las redes sociales titulado "Amarillos y Jóvenes" exhortaba a protestar junto al movimiento de los Chalecos Amarillos, a la generación Z, a campesinos, profesores, activistas climáticos, jubilados, etc.
"Abajo el sistema", "Tomamos la Bastilla", "Macron dimisión"… El deseo de cambio sobrevolaba entre las 800.000 personas, según los organizadores, que manifestaron en Francia, entre críticas a la policía por sus acciones contra las protestas estudiantiles iniciadas a finales de septiembre.
Según las autoridades, unas 550.000 personas participaron en las protestas.
"Hace ocho años luchamos con todas nuestras fuerzas", recordó en París François Boulo, figura mediática de los chalecos amarillos, cuyas protestas sociales en 2018 y 2019 pusieron contras las cuerdas el primer mandato de Macron. "Ahora la juventud de Francia ha irrumpido en escena y nos ha devuelto la esperanza", agregó.
El encarecimiento de la vida se plasma especialmente en Francia en un aumento del combustible desde el inicio de la guerra en Oriente Medio.
"A finales de mes ya no me queda nada, los precios suben pero los salarios no. No podemos más, nos ahogamos", denunció Franck, un funcionario que se manifestó en Guéret, en el centro de Francia, junto a unas 300 personas.
"No nos dejaremos intimidar"
Pero las protestas en las grandes ciudades estuvieron marcadas por escenas de caos. En Marsella y en Lille, manifestantes accedieron a los ayuntamientos y, en la primera, derribaron un busto de Marianne, símbolo de la República Francesa. En el de Limoges, un incendio se declaró en la noche, según la prefectura.
Pese a que la manifestación oficial en París discurrió de manera festiva, su inicio en la plaza de la República registró enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, que respondieron con gases lacrimógenos y con un cañón de agua a los objetos lanzados por manifestantes enmascarados.
Y las autoridades, que prohibieron manifestar en lugares estratégicos, tuvieron que enfrentar también protestas no autorizadas en otros puntos de la capital como en los turísticos Campos Elíseos, cerca del museo del Louvre o en los alrededores del Palacio de Elíseo, sede de la presidencia francesa.
"No nos dejaremos intimidar. Nadie impondrá su agenda política por la violencia", aseguró el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, que denunció una "violencia de intensidad extrema" y acusa al partido de izquierda radical La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon -muy popular entre los jóvenes- de estar detrás de las protestas.
"La extrema izquierda tomó de nuevo como rehén las reivindicaciones sociales legítimas", abundó la líder ultraderechista Marine Le Pen, que lidera los sondeos de la presidencial y podría disputarse el balotaje con Mélenchon.
La situación se tensó cuando atardecía. Las autoridades activaron unidades de élite antidisturbios en París, donde se registraron incendios de papeleras y autos y se saquearon comercios en las calles del centro, constataron periodistas de AFP.
Manifestante pierde una mano
Las acciones recuerdan a la ola de protestas ocho años atrás de los chalecos amarillos contra el alza prevista de un impuesto al combustible.
Las imágenes de violencia, con destrozos incluso en el simbólico Arco del Triunfo, y la acción policial, que provocó que manifestantes perdieran ojos, conmocionaron entonces a Francia.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, advirtió que las fuerzas de seguridad podrán usar granadas aturdidoras en caso de disturbios urbanos. Las autoridades habían restringido su uso en las protestas estudiantiles, después de que un joven perdiera una mano.
Un manifestante perdió una mano este sábado en Saint-Étienne, en el centro de Francia, por la explosión de una granada lanzada por las fuerzas de seguridad, informó a la AFP una fuente cercana al caso, sin precisar el tipo de artefacto.
Dos tercios de los franceses apoyaban el regreso de los chalecos amarillos, según un sondeo de Elabe de mediados de septiembre, que coloca a Le Pen como la candidata mejor considerada para aumentar el poder adquisitivo.
Pero aunque Lecornu intentó en los últimos días responder a parte del malestar con una serie de anuncios, la movilización llega cuando el gobierno busca aprobar en el Parlamento unos presupuestos para 2027 que contemplan un fuerte ajuste fiscal de 54.000 millones de euros (60.780 millones de dólares) para sanear las arcas públicas.
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