Con nuestro corresponsal en Tokio, Bruno Duval
En la mayoría de los ayuntamientos, oficinas de correos y tiendas, se organizan colectas de fondos en beneficio de los damnificados. Una jubilada, que no dudaba ni un segundo en participar, nos dijo que “ante el destino, lo único que podemos hacer es ser solidarios”.
“Apoyar masivamente a las víctimas es nuestro deber. Ha sido un infierno, allí. De la noche a la mañana, la gente lo perdió todo. Es terrible”, expresó.
Los más pequeños también se movilizan. Encontramos a una estudiante que, para beneficiar a los damnificados, destinó una parte del dinero que le dieron sus padres para las vacaciones. ”¡Para que mantengan el ánimo y puedan pasar página pronto, hay que animarles!”.
“Los damnificados de Kumamoto nunca olvidarán tal impulso de solidaridad”
En el barrio de Ginza, visitamos una tienda que sólo vende especialidades culinarias de Kumamoto. Desde hace una semana, sus ventas se dispararon. Hay veces en que la gente hace hasta dos horas de fila para poder acceder.
“Tantos clientes. Un apoyo tan masivo. Todo esto me alegra el corazón. Sin duda, los damnificados de Kumamoto nunca olvidarán un gesto de solidaridad como el que estamos viviendo”, nos contó con emoción el gerente.
En Kumamoto hace más de 40°C a la sombra. Sin embargo, más de 40,000 hogares están sin agua y los centros de alojamiento de emergencia, donde se han refugiado cerca de 9,000 damnificados, no están todos climatizados.
El último gran sismo que sacudió a Japón sucedió en la península de Noto, en 2024. Es uno de los países con más actividad sísmica en el mundo, al estar situado sobre cuatro grandes placas tectónicas en el “Anillo de Fuego” del Pacífico.
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