RFI. La guerra en Oriente Medio ya ha cumplido dos meses. Las tensiones persisten entre Israel y Hezbolá, el diálogo con Irán sigue bloqueado y el estrecho de Ormuz permanece cerrado. ¿Cómo describiría el momento actual?

Estamos ante una crisis económica sin precedentes. Una arteria fundamental del suministro energético mundial, el estrecho de Ormuz, ha sido interrumpida, lo que está afectando directamente al comercio y al transporte internacional. Pero es, al mismo tiempo, una crisis muy desigual que tiene impacto en países alejados geográficamente del conflicto, si bien no todos se ven afectados de la misma manera. Por ejemplo, dentro de la misma región, países como Omán y Kuwait experimentan consecuencias distintas. Su impacto es desproporcionado a nivel global. Asia es especialmente vulnerable por su dependencia de la energía procedente del Golfo. Y los países importadores, sobre todo los más frágiles, sufren el aumento de los precios de la energía, con efectos directos sobre el coste de vida y los alimentos.

RFI. ¿Por qué dice usted que estamos en un momento clave? ¿Es porque la crisis está cambiando de naturaleza?

Sí. A medida que el conflicto se prolonga, la cuestión energética se vuelve más crítica. Muy pronto dejará de ser solo un problema de precios para convertirse en un problema de disponibilidad. Hasta ahora, el impacto se concentraba principalmente en los países implicados y sus vecinos. Pero la crisis empieza a extenderse al resto del mundo, y eso tendrá efectos sobre la inflación. Y cuando aumenta la inflación, también suben los tipos de interés. Esto incrementa la presión sobre los países más endeudados, que además vienen de atravesar varias crisis seguidas, como la pandemia o la guerra en Ucrania. Las economías más vulnerables serán las primeras en verse afectadas.

RFI. El precio del petróleo sigue subiendo y ya supera los 100 dólares por barril, con consecuencias en cadena sobre la energía, las materias primas y el transporte. En este contexto, ¿los mercados financieros pueden empezar a ejercer presión política?

Tradicionalmente, las crisis geopolíticas en Oriente Medio no tenían un impacto económico tan fuerte. Pero esta vez la situación es distinta. En apenas dos meses, el precio del petróleo prácticamente se ha duplicado, y los riesgos sobre el suministro siguen aumentando, especialmente para los países más vulnerables. Además, estamos en un contexto de gran incertidumbre: no sabemos ni cuánto durará el conflicto ni cuáles serán sus límites. Esa incertidumbre ya está empezando a afectar a los mercados financieros. Y poco a poco, sus efectos se van a trasladar a la economía real y a la vida cotidiana de las personas.

RFI. Usted menciona los riesgos para las economías de la región. En su informe insiste en las grandes dificultades que enfrentan Estados cuya situación ya era crítica antes de la guerra, muy dependientes de las importaciones, como Gaza y Cisjordania, Sudán, Yemen, Siria o Afganistán. También señala la situación compleja, incluso crítica, de otro país: Qatar. ¿Por qué?

Qatar fue uno de los países afectados con mayor rapidez. Una parte importante de su producción de gas fue destruida, lo que le obligará a revisar su estrategia de crecimiento y a centrarse en restablecer sus capacidades de producción energética.

Dicho esto, Qatar cuenta con importantes reservas y no enfrenta, a corto plazo, un problema económico o financiero grave. Sin embargo, el impacto será significativo para los países que importan su gas. Tras la crisis energética provocada por la guerra en Ucrania en 2022, una nueva crisis en el mercado del gas podría afectar a numerosos países, mucho más allá de la región del Golfo.

RFI. En sus últimas previsiones económicas para Oriente Medio, usted habla de una fuerte desaceleración en los países exportadores de petróleo afectados por el conflicto, cinco de ellos podrían registrar inclusive una contracción de su PIB este año. Además de Qatar, ¿qué otros países están en esa situación?

En primer lugar, Irán, un país directamente implicado en el conflicto y cuya economía ya estaba debilitada antes de la guerra. Irak también está muy expuesto: el 90 % de sus exportaciones pasan por el estrecho de Ormuz y cerca del 95 % de sus ingresos dependen del petróleo. También se puede mencionar a Kuwait. En general, los países que cuentan con importantes reservas tienen cierta capacidad de resistencia. En cambio, aquellos que disponen de menos margen, como Irak o Irán, corren el riesgo de enfrentar dificultades económicas adicionales.

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