Aragón explica que su desencanto no fue con la primera etapa sandinista, sino con el regreso de Daniel Ortega al poder, cuando “se abandonaron los principios de economía mixta, antiimperialismo y autodeterminación de los pueblos”, dice.

Denuncia que Daniel Ortega y Rosario Murillo se aliaron con viejas élites y se alejaron del pensamiento sandinista. “Los principios básicos de la Revolución (…) no se lograron y el liderazgo de Daniel Ortega se mantuvo en alianzas con la oposición y la contrarrevolución”, denuncia.

Antes incluso de la crisis de 2018, el fraile ya criticaba las políticas del gobierno, pero la brutal represión de las protestas de abril de ese año marcó un quiebre definitivo. La Iglesia Católica se convirtió en blanco directo del poder, al abrir sus templos para proteger a los manifestantes atacados por paramilitares, especialmente durante la multitudinaria marcha del 30 de mayo.

“Derechos humanos, Estado de derecho y democracia son tres palabras que a Rosario Murillo la irritan profundamente”, afirma. En un país mayoritariamente cristiano, donde la voz de los obispos tiene gran influencia también sobre los evangélicos, el régimen busca “arrasar ese liderazgo".

Murillo pretende erigirse en una especie de “sacerdotisa”

Según Aragón, Murillo intenta controlar el pensamiento y las prácticas religiosas mediante delegados políticos que limitan la predicación y restringen procesiones y fiestas populares, desde San Jerónimo y Santo Domingo hasta la Purísima. A su juicio, la vicepresidenta pretende erigirse en una especie de “sacerdotisa”, rescatando cosmovisiones indígenas, lo que en sí no ve como negativo, pero "las impone de forma autoritaria".

“Lo que está mal es controlar a la fuerza, impositivamente, sin respetar los derechos humanos. Ese es el problema: el liderazgo de la Iglesia y el pensamiento de la Iglesia, que ella quiere controlar”, explica.

También se muestra muy crítico con el papel del cardenal Leopoldo Brenes frente al régimen y echa en falta una presencia pastoral más clara del Vaticano, al tiempo que Murillo busca un arreglo con la Santa Sede que le permita seguir controlando la religiosidad del pueblo.

“Una declaración del Papa anima al pueblo, anima la fe del pueblo. Sentimos que hay una gran ausencia”, explica sobre el silencio del papa León XIV.

“Tengo que cuidarme en Costa Rica, tenemos miedo”

Desde su exilio en San José, Aragón mantiene contactos dentro de Nicaragua y se informa a través de la amplia diáspora nicaragüense en Costa Rica, aunque reconoce el miedo generalizado. Dice sentirse relativamente protegido por su congregación, pero obligado a extremar precauciones por los riesgos de persecución.

Pese a la dificultad de un cambio a corto plazo, insiste en la necesidad de forjar nuevos líderes desde la sociedad civil y las comunidades cristianas. Y, sobre todo, no renuncia a su anhelo personal: “Estoy soñando con volver a Nicaragua”.

El padre Aragón ha estado esta semana en Toulouse, Montpellier y Lyon dando su testimonio. Este viernes 22 de mayo lo hará en París en el marco de las Semanas de América Latina y el Caribe 2026

#EscalaenParís también está en redes

Coordinado por Florencia Valdés, realizado por Robin Cussenod y Vanessa Loiseau.

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