Con informaciones de Eumar Esaá, France 24
México alcanzó los cuartos de final en los dos Mundiales de los que fue organizador, en 1970 y 1986. Jugó ambos con selecciones integradas completamente por jugadores de la liga local, salvo por Hugo Sánchez, que ya era estrella en el Real Madrid.
México espera hacer historia
Cuarenta años después de ese último gran resultado, el "Tri" tiene figuras que militan en varias de las principales ligas del mundo, pero en un escenario futbolístico mucho más competitivo, el objetivo de igualar las mejores actuaciones históricas luce más cuesta arriba que nunca. "Estamos todos en el mismo barco; hay muchas ganas de hacer historia y eso me recuerda 40 años atrás. Como nunca en 40 años vi tanto ánimo en la gente, en las calles", dijo el seleccionador nacional Javier "Vasco" Aguirre en una conferencia de prensa el pasado el 6 de mayo.
¿Cuáles son los motivos para ese "ánimo en la gente" al que se refiere Aguirre? México espera que figuras como Obed Vargas del Atlético de Madrid, o el campeón de la Copa de Países Bajos con AZ Alkmaar, Mateo Chávez, hagan la diferencia que en el pasado no pudieron hacer legionarios como "Chicharito" Hernández o Santi Giménez.

México, que abrirá el Mundial en el Estadio Azteca frente a Sudáfrica, viene de una etapa turbulenta que dio al traste con la permanencia en el banquillo de Jaime Lozano y Diego Cocca, pero desde el regreso del "Vasco" para una tercera temporada como seleccionador, ha ganado la Copa del Oro y la Liga de Naciones de la Concacaf.
Aguirre no sabe, sin embargo, qué tanto podrán aportar dos de los nombres más importantes del equipo: el capitán Edson Álvarez, del Fenerbahçe turco y el delantero Santi Giménez del AC Milan, ambos inactivos luego de sendas operaciones de tobillo. Pero el hecho de que cinco elementos de la selección jueguen juntos regularmente con el equipo del momento, las Chivas de Guadalajara (Armando González, Roberto Alvarado, Raúl Rangel, Luis Romo y Brian Gutiérrez), puede ser un buen punto de partida para Aguirre.
El "Tri" abre el Mundial contra Sudáfrica en Ciudad de México, y luego debe medirse a Corea del Sur en Guadalajara y República Checa de nuevo en la capital. De terminar primero en su grupo, tendría un compromiso accesible en dieciseisavos de final, pero en octavos podría encontrarse con Inglaterra, uno de los favoritos para llevarse la copa, o Croacia, semifinalista en Catar.
Estados Unidos quiere llegar más lejos que nunca
Habitualmente cauteloso al fijar sus objetivos, Estados Unidos tiene esta vez grandes metas, que de momento llegan a los cuartos de final, pero la primera de ellas debe ser conquistar el fervor del público local, que sigue deshojando la margarita de qué camiseta ordenar por Amazon antes del 11 de junio.
A pesar del crecimiento de la MLS y de algunos buenos momentos vividos en el pasado reciente, el equipo masculino sigue sin despertar la identificación que el de mujeres convoca en la afición futbolística estadounidense. De hecho, la selección mexicana suele ser más popular que la de casa en las mediciones de opinión. El seleccionador Mauricio Pochettino, que antes dirigió a equipos como el Chelsea y el PSG, ha marcado la misión de "empezar a crear esa energía y sinergia tan importante entre el equipo y los aficionados".
Los resultados no han acompañado a los norteamericanos este año, con derrotas inapelables ante Bélgica y Portugal en la fecha FIFA de marzo, luego de haber ilusionado en la de noviembre con las victorias sobre Paraguay y Uruguay.
Dos costosas ausencias podrían pesar sobre los objetivos fijados. Johnny Cardoso se lesionó durante un entrenamiento con el Atlético de Madrid y tendrá que ser operado, con lo que queda fuera del Mundial, y Christian Pulisic, el mejor jugador estadounidense de todos los tiempos, no ha anotado en todo el año con el Milan, afectado por diversas dolencias musculares.

Pero en cambio otras figuras menos conocidas están brillando, como el delantero del Mónaco Folarin Balogun, cuarto en la tabla de goleadores de la Ligue 1 con 13 tantos esta temporada, o Ricardo Pepi del PSV, también cuarto entre los artilleros de la Eredivisie neerlandesa con 15 tantos.
La de Pochettino es probablemente la selección estadounidense que tiene a más hombres consolidados en ligas de primer nivel, como Weston McKennie con la Juventus en la Serie A o Gio Reyna con el Borussia Mönchengladbach de la Bundesliga.
Estados Unidos debuta con Paraguay en Los Ángeles, en un partido para el que no se han terminado de vender todas las entradas y el propio presidente Donald Trump ha dicho que no pagaría 1.000 dólares por una boleta para ir a verlo. Luego enfrenta a Australia en Seattle y cierra con la Turquía de Arda Güller y Kenan Yildiz, de nuevo en Los Ángeles. Un resbalón en su grupo podría dejar a la selección norteamericana en el camino de Alemania, pero incluso si queda de líder los dieciseisavos podrían depararle enfrentamientos complicados con equipos como Ecuador, Costa de Marfil, Japón o Senegal.
Canadá, esperando a Alphonso Davies
Canadá viene de una auspiciosa presentación en la Copa América 2024, donde llegó hasta semifinales y obligó al máximo esfuerzo a la Argentina de Lionel Messi para decidir el duelo.
En los Mundiales de fútbol, su primer gol lo convirtió recién en Catar 2022 y jamás ha ganado un partido, pero cuenta con una generación inusitadamente talentosa, encabezada por el lateral del Bayern Múnich Alphonso Davies y el delantero de la Juventus Jonathan David.
Sus expectativas marchan al ritmo de la recuperación de Davies, que solo ha jugado seis partidos de titular esta temporada en la Bundesliga, y volvió a lesionarse en el partido de vuelta de la semifinal de la UEFA Champions League ante el PSG. El entrenador de la selección de Canadá, Jesse Marsch, cree que el capitán jugará el Mundial, aunque es poco probable que esté listo para el debut del equipo.

Canadá abre con Bosnia y Herzegovina, la selección que sacó por tercer Mundial consecutivo a Italia, y luego se mide a Catar (al que ya derrotó en un partido amistoso en 2022) y Suiza, un equipo basado en posesión ante el cual los norteamericanos podrían desplegar su arma principal, la presión.
Luego, un cruce benévolo significaría evitar la perspectiva de duelos con Noruega, Croacia o Colombia en dieciseisavos.
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