Los lioneses cuentan una sensación de división, casi abstracta, pero que también se explica de forma geográfica. Lyon, reconocida por su cultura culinaria tradicional, está dividida físicamente por dos ríos, uno de ellos, el Saona, donde los barrios Croix Rousse y Vieux Lyon o Viejo Lyon, se miran cara a cara.
“En Lyon solemos decir que existe la colina que trabaja”, relata la activista de izquierda Sylvine Buffaron, quien explica que la colina de la Croix-Rousse, es conocida históricamente como la colina de los trabajadores, de los obreros y los tejedores de seda. “Aún hoy sigue siendo considerada el barrio de la izquierda, donde los neofascistas pueden venir a romper vitrinas, locales sindicales, bares, oficinas de voluntarios, de lugares de solidaridad. Por lo tanto, un barrio que puede ser blanco de ataques”, asegura Buffaron.
Enfrente está el barrio de Fourvière, en los alrededores del Vieux Lyon, “que históricamente se le llamaba la colina que reza, y allí efectivamente, la extrema derecha lo ha convertido en un bastión porque, probablemente, esa historia les decía algo, así que se la han apropiado. Pero, en realidad, desde el principio, hay mucha gente que no está de acuerdo en la colina de Fourvière con esa historia que se estaba escribiendo y ha habido muchos comerciantes que se organizaron y lucharon contra la implantación de estos grupos en el barrio”, indicó Buffaron.
Uno de esos comerciantes es el maestro relojero Philippe Carry. “En 2010 vimos aparecer el primer grupúsculo de extrema derecha radical, pero en el Vieux Lyon siempre ha habido algo de eso, desde hace mucho tiempo, desde los años 70. Sin embargo, cuando llegó ese grupo, que se llamaba “Les Identitaires” (Los Identitarios), atrajo a otros grupúsculos. Y al final, en pocos meses, llegamos a tener cinco grupúsculos diferentes, solo en el Vieux Lyon. Porque competían entre ellos para adueñarse de un barrio. Porque decían que, como era un barrio histórico, el barrio histórico de Lyon, debía pertenecerles”, explicó Carry, agregando que los vecinos, como él, se rebelaron. “Dijimos que no, que este barrio no les pertenece porque la historia es de todos”, agregó.
Estos grupos mayoritariamente de extrema derecha han sido disueltos poco a poco, amparados por una ley de 1936, que se creó en respuesta a las manifestaciones violentas de extrema derecha de la época. Los bares, gimnasios o cafés asociados, también han sido cerrados.
“Decidí hablar más fuerte y no les gustó”
Mientras sonaban las diferentes manecillas de los relojes de su local, Carry recordó que sufrió un ataque en 2017. “Conseguimos que cerraran las salas al mismo tiempo de la disolución, como la de los Remparts. El último grupo que se disolvió fueron ellos. Al cabo de siete años decidí hablar aún más en la prensa. No les gustó que dijera que sus actos eran oscurantistas. En aquella época, se usaba ese término para referirse a los islamistas que cometían atentados. Se decía que era oscurantismo. Pero a ellos no les gustó. Así que vinieron una noche, una semana después del artículo, y me rompieron toda la vitrina. No pudieron entrar en mi casa porque la puerta es blindada, pero lo intentaron. Se fueron contra mi taller y rompieron toda la vitrina. Eso es un acto terrorista”, indicó.
El portal Rue 89 ha documentado 102 acciones violentas entre 2010 y 2025 en Lyon contra personalidades de izquierda o por motivos de raza, cometidos por la extrema derecha. En cuanto a los fallecidos, la investigadora Isabelle Sommier ha documentado 8 muertos por razones ideológicas desde 2022. Sin embargo, la muerte de Quentin Duranque, primera en estos años de un miembro de la derecha radical y aún bajo investigación, dio un giro, al punto de llevar a cabo un minuto de silencio en la Asamblea Nacional.
Quienes han estado en la mira de acusaciones con la muerte de Duranque, es la Jeune Garde, un grupo antifascista, disuelto en 2025 y que contaba máximo 200 militantes, según documentó el periódico Le Monde.
Buffaron asegura que se trata de un grupo de autodefensa popular ante la violencia de la extrema derecha. “Antes de que se llevara a cabo un trabajo serio, sobre todo por parte de la Jeune Garde, había muchas más agresiones. Así que hay un efecto de autodefensa sobre el terreno y si hablamos de violencia, no se pueden poner estas violencias en el mismo plano. La autodefensa de los antifascistas se produce como reacción a la violencia inicial de los neofascistas de hoy. Por lo tanto, se produce como reacción. Si no hay violencia fascista, no hay violencia en reacción por parte de los antifascistas”, aseguró.
¿La seguridad dejó de estar en manos del Estado en Lyon?
¿Es habitual crear una autodefensa en una ciudad? ¿Acaso la seguridad no debería estar exclusivamente en manos del Estado, según las leyes francesas? El investigador, especialista de extrema derecha europea, Arsenio Cuenca, asegura que “desde un punto de vista legal nadie tiene potestad para organizarse y prevenir ataques violentos o incluso pasar a la acción”. Sin embargo, el reconoce que el ambiente de violencia de Lyon hacía difícil contar con las fuerzas del orden para defenderse de estas agresiones.
Varias personalidades académicas o políticas, le apuntan la responsabilidad a las autoridades. Una falla del Estado, al permitir la propagación de dichos grupos extremos. Dice el diputado del partido de izquierda radical La Francia Insumisa, Cyril Guinet. “Creo que Lyon ha estado abandonada durante mucho tiempo por el Estado ante los grupos facciosos de extrema derecha. Les han dejado vía libre durante años, y siempre se ha dicho que Lyon era, en cierto modo, el laboratorio de la extrema derecha europea. Y creo que hoy en día, bueno, estamos pagando esa falta de voluntad política para acabar con los grupos racistas, xenófobos y antisemitas que tienen su base en nuestra ciudad”, indicó.
En un mercado, mientras hacía campaña para su segundo mandato, el alcalde ecologista Gregory Doucet asegura que en la administración local lo han hecho todo. “Desde el inicio de mi mandato, hemos emprendido una acción muy decidida contra los grupúsculos de extrema derecha. He ordenado el cierre de locales y la disolución de grupos. Hemos movilizado todos los recursos a nuestro alcance, es decir, la policía municipal y nuestro sistema de videovigilancia, para identificar a los miembros de la extrema derecha. ¿Por qué? Porque eran los autores de agresiones extremadamente violentas contra personas extranjeras o que ellos suponían extranjeras. Por ejemplo, hemos tenido casos de estudiantes extranjeros que han sido agredidos. También se produjeron agresiones homófobas, sobre todo en algunos barrios de la ciudad; pienso, en particular, en la zona del Viejo Lyon. Por eso quisimos actuar con firmeza contra la extrema derecha”, afirmó.
Doucet dice que lo que alimenta todo este clima de violencia son los discursos de odio, porque antes de la violencia física, ya hay una violencia verbal instalada. Una violencia que sienten en el día a día Julie estudiante de psicología de la Universidad Católica: “Ya no se vota por una causa; de hecho, se vota para bloquear al otro. Y eso crea una división aún mayor en un pueblo o en una ciudad. Me parece una pena porque eso divide aún más a la gente y genera mucha más agresividad. Porque unos no están de acuerdo con los otros, pero hay que darse cuenta que el humano nunca estará de acuerdo fundamentalmente con todo”, señaló con aires de decepción.
“Hay que aprender a convivir todos juntos, si no, nunca saldremos adelante”
En las colinas de la Croix Rousse, vive Caroline, quien suele dar su voto a la izquierda y aunque confía que los grupos de extremos son una minoría, dice estar cansada de esa dinámica. “Es decepcionante. Seguimos en una época en la que intentamos expresarnos mediante la violencia, y ¿para qué sirve eso?, ¿qué sentido tiene? A mí, eso me, me enfurece. Mi enfado la expreso votando. Quizás eso sea lo que haga que las cosas cambien, y no lo que está pasando ahora mismo en las calles de Lyon. La división social está ahí, pero vivimos con ella. Hay que aprender a convivir todos juntos, si no, nunca saldremos adelante”.
Dicho sentimiento también lo comparte Pierre, quien por el contrario suele votar a la derecha: “Creo que lo mejor es dejar de encasillar a la gente y unirnos. En Francia no tenemos un espíritu de consenso. Hablamos de temas como la cultura, la ecología, el desarrollo económico, la vivienda o la seguridad. Son temas que no pertenecen ni a la izquierda ni a la derecha. Corresponde a los partidos de quienes tienen sensibilidades diferentes, ideologías diferentes, pero que también deben movilizarse en torno a todos estos temas. Y hoy en día, si eres de derecha, te centras en la seguridad; si eres de izquierda, te centras en la cultura; pero yo soy de derecha y para mí, la cultura es esencial, al igual que la vivienda. Todos estos temas deben ser abordados por todos los partidos políticos”, enfatizó.
A Lyon la han llamado “capital de la resistencia francesa” por su papel durante la segunda guerra mundial contra la ocupación Nazi, pero ahora también le dicen “capital de violencia política” por los hechos de violencia ideológica, con una fuerte implantación de grupúsculos de extrema derecha y grupos antifascistas y aunque nadie niega su existencia, en las calles de Lyon, la gran mayoría de sus habitantes se sienten lejanos a esta realidad.
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