Una a una, las bolsas mortuorias son descargadas del camión. Hacen falta varios hombres para levantar los cuerpos y colocarlos sobre una mesa improvisada, instalada en una granja, lejos de las miradas y de los combates. Rusos y ucranianos son tratados aquí con el mismo respeto.
El trabajo con los muertos es una labor silenciosa. Nadie habla mucho. Esta mañana, una decena de cuerpos son examinados por Oleksiy Yukov, vestido con uniforme militar y con el casco puesto.
“Se trata del cuerpo de un soldado de la Federación Rusa. Eso es lo que indican su uniforme y su equipo militar. Lamentablemente, no se encontró ningún signo personal de identificación, ni tampoco documentos”, comenta.
“Agotamiento emocional”
Oleksiy Yukov y su equipo, una decena de militares, recorren el campo de batalla arriesgando la vida para sacar de allí los cuerpos de los soldados. En cuatro años, más de 3.000 cadáveres han sido recuperados del frente ucraniano, “con nuestras propias manos”, nos explica.
Pero hoy esa misión se ha vuelto casi imposible. “El arma más aterradora que he visto en esta guerra son los FPV, los drones”, dice. Estos drones kamikaze llevan una cámara que permite al enemigo seguir y atacar un objetivo a distancia. Hoy proliferan cerca de la línea del frente.
“El agotamiento emocional llega cuando no tienes la posibilidad de recuperar los cuerpos.
Cuando los ves, pero no puedes hacer nada. Simplemente no puedes salir de tu posición para ir a buscarlos y evacuarlos. Hay drones, el terreno está abierto, y entiendes que, si sales, no vas a volver”, prosigue el hombre.
Los drones dejan poco tiempo
Con una voz suave, apenas audible, Arthur, de 29 años, con la mirada oculta detrás de sus gafas de combate, nos detalla su trabajo: “En la línea de contacto, cuando es posible, un vehículo nos deja allí. Trabajamos una hora, una hora y media como máximo. Es muy poco tiempo. Si hay cuerpos, ni siquiera los metemos en bolsas: los cargamos directamente en el vehículo y nos vamos enseguida, para evitar los drones”.
Con la llegada de los drones, estas misiones han disminuido en un 90%, nos cuenta Dmitro, el conductor del camión. La mañana avanza. El sol ya ha salido. A cada cuerpo se le asigna un número antes de ser enviado a una morgue, en el oeste del país.
Los ucranianos serán devueltos a sus familias; los rusos serán intercambiados por cuerpos de soldados ucranianos. Oleksiy se pregunta si esta no será una de las últimas veces que todavía pueda ir a buscar a los muertos en el frente del Donbás.
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