Xi Jinping no había visitado Egipto desde hacía diez años. Esta visita se produce unos días después de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) y unas semanas antes de su encuentro con Donald Trump, previsto para finales de septiembre. El reto para Pekín: prolongar la demostración de influencia exhibida en Bishkek y consolidar sus vínculos con El Cairo.

Al término de la cumbre, desde el lado chino se hace sobre todo un balance político. Xi Jinping presentó a la OCS como uno de los nuevos centros de poder de un mundo multipolar. La imagen más impactante sigue siendo la de los líderes de China, Rusia e Irán reunidos por primera vez desde los ataques contra Teherán, señala nuestra corresponsal en Pekín, Clea Broadhurst.

El presidente chino también busca fortalecer el papel del grupo en materia de seguridad, comercio y nuevas tecnologías. Sin embargo, la OCS no es una alianza militar y sus miembros tienen intereses divergentes. A pesar de todo, Pekín se impone como el principal motor de este foro, que reúne a casi la mitad de la población mundial.

En El Cairo, esta estrategia continúa en otro ámbito: el de un país que durante mucho tiempo se consideró uno de los socios privilegiados de Estados Unidos en la región.

El juego de las alianzas

Las conversaciones se centrarán en la guerra en el Medio Oriente y en las sanciones estadounidenses contra los socios de Irán, a quienes China compra gran parte de su petróleo y cuyas empresas o bancos podrían verse afectados.

Washington, hasta ahora aliado privilegiado de los países de la región, se encuentra ahora debilitado por su enfrentamiento con Irán. La visita de Xi Jinping se produce, por lo tanto, en un Medio Oriente en plena reconfiguración, mientras surgen dos ejes rivales, destaca Jean de Gliniasty, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS), en una entrevista con RFI.

“El eje Turquía-Pakistán-Arabia Saudita ha firmado un pacto de defensa. Se está convirtiendo en un salvavidas, pero también es mucho más que eso para países que se sienten abandonados por Estados Unidos en lo que respecta a la protección frente a Irán. Hay un segundo eje que comienza a surgir: el de Bahréin, los Emiratos Árabes Unidos e Israel. Porque es el bando capaz de proporcionar protección, armamento, capacitación, misiles, etc. En este contexto, la visita de Xi Jinping tomará un giro un tanto particular porque, evidentemente, a los chinos no les conviene que Egipto se sume al bando que aún está muy estrechamente respaldado por los estadounidenses”.

Esta cuestión, señala el diplomático, estará necesariamente en la agenda de las conversaciones bilaterales entre China y Egipto.

Pero la rivalidad entre Pekín y Washington no se libra solo en el ámbito diplomático. También es económica y tecnológica. Se hablará, en particular, de inversiones en torno al Canal de Suez, en los sectores del transporte, la energía y la inteligencia artificial.

La batalla chino-estadounidense por los centros de datos

La visita de Xi Jinping también es una oportunidad para que Pekín presione a Egipto a fin de que acepte una propuesta de Huawei, el gigante tecnológico chino, para la construcción de un centro de datos gigantesco.

Si se concreta el acuerdo, será la primera vez que se exporte un centro de datos chino de tal magnitud, explica nuestro corresponsal en El Cairo, Alexandre Buccianti. Para Pekín, esto constituiría una cabeza de puente para expandir su inteligencia artificial en África y en el mundo árabe.

Por otra parte, Egipto ocupa una posición estratégica en el ámbito de las comunicaciones mundiales, ya que los cables submarinos de transferencia de datos entre Europa, el Medio Oriente y Asia pasan por Egipto. China ya coopera con El Cairo en materia de tecnología de la información, a través de ayudas estatales y acuerdos comerciales.

Sin embargo, este proyecto podría chocar directamente con los intereses estadounidenses. Estados Unidos, principal rival de China en materia de inteligencia artificial, se prepara para presentar una contrapropuesta a Egipto con un consorcio que incluye, entre otros, a Nvidia, AMD y Microsoft.

Washington ejerce presión a través de los acuerdos de cooperación estratégica que otorgan a Egipto una ayuda militar y económica de dos mil millones de dólares al año.

Egipto se encuentra así en una posición delicada: busca diversificar sus alianzas sin romper con Washington. Pekín, por su parte, se presenta como una alternativa a las potencias occidentales, basada en las inversiones y la no injerencia.

RFI

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