Es un miércoles por la tarde en Envigado, en los suburbios de Medellín. Bajo el sol, una treintena de adolescentes se entrenan, en pequeños grupos, sobre el césped de la cancha municipal. Estos jóvenes hinchas del fútbol forman parte del Envigado Fùtbol Club. Algunos practican estrategias de ataque delante de la portería. Otros perfeccionan su técnica de control del balón.
La escuela Envigado Futbol Club está considerada como un centro de excelencia educativa. “talentos detectados, tenemos muchos”, dice Carles Vidal Barbosa, quien se encarga de la formación de los jóvenes. Este español dejó un club de tercera división en Valencia hace ocho años para instalarse en Colombia.
“Actualmente, formamos a 233 jugadores. Su objetivo es, por supuesto, jugar al fútbol en el circuito profesional y en Europa. Es muy difícil, no todos lo logran, ¡evidentemente! Pero creo que el 80% de los alumnos pueden aspirar a entrar en el circuito profesional. La edad promedio de los jugadores en primera división es de unos 20 o 21 años. A menudo son jugadores de la escuela y, a veces, jugadores que ya han pasado por distintos equipos profesionales a nivel mundial y que regresan a casa para reforzar el equipo del centro y ayudar a los nuevos alumnos a progresar”, indicó.
En este campo del complejo deportivo El Dorado, varios aspirantes se han convertido en estrellas del fútbol en Europa y Colombia. “Aquí está el campo histórico de Envigado donde se entrenaron todos los jugadores emblemáticos: James Rodríguez, Juan Fernando Quintero, John Jáder Durán, Mateo Zuribe y muchas otras celebridades hoy activas en el fútbol profesional internacional”.
El Fenómeno James Rodríguez
Entre las estrellas más famosas de este club está James Rodríguez. En su época, la cancha no tenía césped.

James Rodríguez tenía 13 años cuando se unió al club en 2004. A los 16 años, el zurdo entró en el circuito profesional. Su ascenso ha sido fulgurante. Después del club Envigado, estuvo en el FC Porto en Portugal, en el AS Mónaco, en el Real Madrid y luego en el Bayern de Múnich. Su transferencia a España en 2014, por 80 millones de euros, sigue siendo la cantidad más alta jamás pagada por un jugador colombiano. Hoy hace parte de un club mexicano.
Juan Carlos Grisales Zapata, su ex preparador físico, que sigue en el cargo, recuerda perfectamente este talento excepcional. “No todos los días uno se cruza con un nuevo Platini. No todos los días se encuentra un Tigana, un Maradona o un Pelé. Pero en esta generación del 2000, James era un niño muy disciplinado, leal, con buen comportamiento y con ganas de salir adelante. Cuando llegas a Envigado, llegas con una motivación clara: aprovechar una oportunidad. Porque aquí se les da una oportunidad de cambiar su vida. Llegan con talento y nosotros les ayudamos a trabajarlo. Les damos las bases que necesitan para convertirse en profesionales. Los preparamos para que luego, en Europa, puedan continuar su evolución, porque la segunda formación se hace allá, junto a la élite del fútbol”, indicó Grisales.
Al igual que todos los jóvenes aspirantes del club, James Rodríguez recibió una formación personalizada a su llegada. “El principio de la individualidad es fundamental. Cada alumno necesita algo diferente. Trabajamos eso desde muy temprano. Existe lo que se llama la pirámide fundamental del desarrollo locomotor del atleta. Reúne las capacidades motrices, de percepción, de coordinación, condicionales y psicomotrices. Sobre estas bases, se establecen las necesidades de cada jugador”, explicó.
Uno de los aspirantes actuales del club se llama Lucas Rendón. El joven de 15 años comenzó a jugar al fútbol a la edad de 4 años. Se unió al Envigado Fútbol Club a los 9 años. “Soy un jugador muy rápido, al que le gusta mucho rematar al arco. A veces me gusta desequilibrar a los demás porque ese es mi estilo de juego. Para ser sincero, la formación es muy difícil, porque hay que hacer muchos sacrificios, muchísimos sacrificios. A veces uno tiene ganas de relajarse, pero como debemos ser disciplinados, tenemos que decir no; por ejemplo, rechazar salidas con los amigos. Al principio es difícil acostumbrarse a este estilo de vida. Es muy exigente, incluso en el colegio son muy estrictos con las salidas y cosas así”, cuenta el joven.
Una de las grandes pruebas para el club es el torneo organizado en forma de festival. Durante casi una semana, decenas de clubes colombianos de todo el país se enfrentan entre sí. Es en cierto modo “una copa de los clubes”.
La familia, un rol clave para los jóvenes
El ambiente en las tribunas del estadio del Polideportivo Sur de Envigado es más animado que en un partido profesional. En las gradas, que pueden acoger hasta 11.000 espectadores, los padres animan a sus hijos cantando

Entre los padres más atentos está Daniela Gómez y toda su familia. Llevan una camiseta con el nombre del pequeño prodigio de la familia Juan Diego Gómez. Cada camiseta está personalizada: “Madre de Juan Diego Gómez, Tía de Juan Diego Gómez, Tío de Juan Diego Gómez… “ Se agrupan en la barandilla de las gradas como un segundo equipo de aficionados.
“Con el equipo del club, mi hijo entrena tres veces por semana y nosotros pagamos clases personalizadas los otros dos días. Y los fines de semana siempre está en la cancha, siempre tiene partidos. Así que toda la semana y el fin de semana son fútbol. Mi hijo ya es un futbolista profesional. Todos lo apoyamos: aquí está su hermana, mi madre viene a verlo, su tío, los primos… todos estamos aquí para apoyarlo… Sí, sí, sí, los padres siempre están muy presentes y los tíos, mis amigas, todo el mundo lo apoya mucho porque él vive solo para el fútbol y ha demostrado que está decidido a convertirse en jugador profesional”.
Esta dedicación a sus hijos se refleja en todos los clubes de capacitación colombianos. Porque el sueño de éxito, riqueza y primera liga europea hace vibrar a cientos de jóvenes colombianos. Y no importa la ciudad, el barrio o los medios financieros de la familia.
En los barrios populares, el fútbol es también el deporte rey. A unos 30 minutos de Envigado, en el barrio Florencia al norte de Medellín, el entrenamiento de fútbol también está en pleno apogeo. Estamos en el cancha de fútbol del Inder, un organismo público que gestiona las estructuras deportivas de la ciudad de Medellín. Gracias a él, el club de fútbol AFI dispone de un estadio para entrenar a sus jugadores.
Este barrio popular es conocido por sus problemas de violencia relacionados con el tráfico de drogas. Recientemente fue clasificado entre los diez barrios que concentran la mayor parte del mercado de cocaína, marihuana y drogas sintéticas en Medellín.
Pero también es el barrio natal de uno de los arqueros más famosos del país: René Higuita. Un estadio lleva su nombre y se ha erigido una estatua en su honor. Higuita es reconocido como uno de los mejores porteros en la historia del fútbol sudamericano. El guardameta colombiano también es famoso en todo el mundo por su “tiro del escorpión”, una acrobacia espectacular que empuja la pelota con los talones. Lo hizo en un partido amistoso contra Inglaterra en Wembley en 1995. En el campo de fútbol de Florencia, los jóvenes jugadores lo tienen todos en mente.
Geronimo Briñez tiene 12 años. Este joven portero es tan talentoso que ha recibido una beca para poder jugar al fútbol. Su club, el AFI, se hace cargo del 50% de la cuota mensual. “Me gustaría jugar en la Champions League, en el Mundial por supuesto y en otras ligas de toda Europa. Me gustaría ser una estrella y mostrarles a los demás que nunca es demasiado tarde para lograrlo. Seguir el camino de mis ídolos me motiva a jugar mejor y me impulsa a entrenar más. Además, me siento en forma y debo ser aún más disciplinado y entrenar más, todos los días, para triunfar”, dice el joven.
Su entrenador Alexander Ramos está convencido de su talento. Alexander es también el director del club AFI. Este venezolano se mudó a Colombia hace ocho años. Y en seis años, su club ha duplicado el número de inscritos. Cuenta con 320 niños. “Gerónimo Briñez es un chico con cualidades excepcionales, un arquero que entiende el juego. Solo con verlo y observarlo, se nota que reúne todas las condiciones de un muy buen jugador. Aunque es un guardameta con un perfil poco habitual porque no es muy alto. Pero tiene corazón y talento. Es increíble y las maravillas que hace este pequeño en el arco son dignas de un gran jugador”, indicó.
La madre de Gerónimo, Liliana Marcela Restrepo, está sentada en las gradas conversando con otras mamás. Ella inscribió a sus tres hijos en el club de fútbol de Florencia hace seis años. Y por lo tanto pasa casi toda la semana en este campo. A pesar de los considerables sacrificios financieros, sigue apoyando a sus hijos.
“Para mis hijos, a veces tengo dificultades para pagar la mensualidad del club o los gastos de transporte para un partido, pero nos las arreglamos. Hacemos concesiones: pagamos el arbitraje, porque cada partido hay que pagarlo, pero no el transporte. A veces no tengo los medios, pero me organizo con otros padres. Organizo muchas rifas y eso me permite salir adelante. Los padres son solidarios. Me ayudan, por ejemplo llevándome en su coche para ir a un partido. A veces he tenido que ir caminando de un barrio a otro por falta de recursos. Le pregunto a mi hijo: “Vamos al partido, pero solo podremos pagar el arbitraje y tendremos que ir caminando, ¿o no vamos?” Él siempre elige caminar. Me dice: “No mamá, debemos pagar el arbitraje porque el profesor tiene que cobrar, ¡vive de eso!” Entonces caminamos de un barrio a otro, a menudo durante una hora”.
Luis Díaz en Alemania, Richard Ríos y Luis Javier Suárez en Portugal, Dávinson Sánchez en Turquía, Juan David Cabal en Italia, Gustavo Puerta en España… El fútbol colombiano se exporta cada vez más al extranjero y detrás de este éxito, hay todo un país.
Desde el popular barrio Florencia hasta los prados del Bayern de Múnich o de la Juventus, el camino es largo y lleno de obstáculos. Pero para los jóvenes colombianos, el sueño europeo nunca ha sido tan accesible.
Compartir esta nota