La crisis en el estrecho de Ormuz y la guerra en Irán, que está muy lejos de haber concluido son un caso de escuela de la encrucijada que enfrentan los europeos. Por un lado, se les cierra las puertas de las discusiones, pero por otro lado Estados Unidos cuenta con sus viejos aliados para garantizar la seguridad del estrecho, aunque el presidente estadounidense apostaba por una intervención más tangible, cuando países como Italia y España se negaron a que sus bases militares fueran usadas por aviones estadounisenses de camino hacia Irán. ¿Qué enseñanza les deja a los europeos esta crisis que está muy lejos de estar resuelta?
"Hay un impacto directo comercial para Europa, pero también hay un impacto más amplio más fundamental de la resiliencia del orden internacional. Se discuten cosas que nunca hemos hablado, por ejemplo, poner una tarifa en el estrecho de Ormuz es algo que no se hablaba", explica Laura Lisboa, investigadora en Defensa, doctorante en el centro de estudios internacionales en Sciences Po.
"Y el problema más fundamental para Europa es que existe un orden internacional, que favorece a los europeos, y que se está destruyendo", analiza, agregando que la imprevisibilidad de Trump deja desorientado a un bloque, que además debe manejar sus chantajes porque estima que sus aliados no hacen lo suficiente y no pagan lo suficiente; olvidando que en la precedente cumbre de la OTAN sus miembros acordaron dedicar al menos 5% de su PIB al presupuesto de defensa de aquí al 2035 y olvida, de igual manera, que en enero amenazó con hacerse con Groenlandia.
Estados Unidos, el aliado que no es de fiar
"El chantaje es algo nuevo que no esperábamos. Es muy difícil porque hay presupuestos que en Europa no eran discutidos, como las garantías de seguridad de los Estados Unidos. Pensábamos que siempre serían aliados, pero hoy hay incertidumbre y creo que importa comprender que este fenómeno no viene solo de Trump y Obama. En 2010 se hablaba de que la política exterior de los Estados Unidos no sería más solo centrada en Europa y en el Medio Oriente, sino en Asia, entonces, hay una tendencia más grande que empieza antes de Trump, de recentrar la política externa americana en otros puntos del mundo".
Ante este panorama, la UE y las capitales europeas intentan sacudirse su gran dependencia en armamento y en equipamiento militar hacia Estados Unidos. Desde el 2022, guerra en Ucrania, las compras hacia Estados Unidos han sido masivas. Un 34% de contratos van para Estados Unidos ; el F35 es símbolo de esta dependencia en mantenimiento de la tecnología.
"Son inversiones a muy largo plazo. Los países que compran, por ejemplo, armamento americano son dependientes de ellos para su utilización y su actualización. Entonces, hay que gestionar estas dependencias, pero hay que comprender que los tiempos de que estamos hablando son tiempos muy largos, con un gran impacto", subraya la investigadora.
El Scaf se estrella
Tiempos largos incompatibles con las urgencias de la época que tropieza con los fracasos de ciertas iniciativas europeas como el avión de combate común franco-alemán Scaf. Este avión tenía que remplazar el Rafale en Francia y el Eurofighter en Allemagne, de aquí al 2040. Pero Airbus y Dassault – los constructores y joyas de la industria armamentística europea- no llegaron a un acuerdo.
Paralelamente, otras iniciativas sí progresan. Noruega, miembro de la OTAN pero no de la UE es el noveno país que se asoció al plan de disuasión nuclear francés. Hace unos meses ocho países integraron esta iniciativa francesa: Reino Unido, Alemania, Polonia, Holanda, Bélgica, Grecia, Suecia y Dinamarca. Se trata de compartir información, participar en ejercicios conjuntos y apoyarse en Francia, que sí cuenta con disuasión nuclear. A esto se puede sumar una cantidad de iniciativas bilaterales entre países europeos así como entre países miembros de la OTAN y socios externos al bloque.
Si Europa y los miembros de la OTAN concuerdan en la necesidad de reforzar la defensa conjunta alejándose cada vez más de Estados Unidos, el método es el que difiere. No es sorprendente puesto que no es lo mismo enfrentar incursiones de drones rusos que poseer en el flaco este europeo un submarino a propulsión nuclear, como Francia. Para resarcir esas disparidades, Europa está impulsando una industria armamentística en acuerdo con los teatros de operación actuales, que exigen drones "baratos", ágiles y desechables sin descuidar la "alta costura" armamentística.
Los drones, el nervio de la guerra
"Especialmente en Ucrania estos drones son disruptivos en combate y son disruptivos porque son baratos, precisos y muchas veces pueden llegar a donde no se podría llegar una persona, por ejemplo en un avión. Y también presentan menos riesgos para las Fuerzas armadas. También hay otro motivo, creo, es que pueden hacer tareas que antes lo hacía armamento más pesado. Por ejemplo, si hay algo debajo del mar que hay que explorar ahora se puede enviar un dron sub acuático, pero antes teníamos que enviar un submarino que es muchísimo más caro y muchísimo más riesgoso. Pero claro, hay muchas cuestiones éticas en la utilización de estos drones: ¿Cuál es el nivel ideal de automatización? ¿Quién lo controla? ¿Quién se responsabiliza?"
Preguntas altamente políticas que no se resuelven únicamente desde las fuerzas armadas, que tienen también que ser operacionales en el terreno híbrido con ataques cibernéticos, injerencia en elecciones, desinformación, propaganda: "Hablamos de un fenómeno que se intensificó en los últimos 10 o 15 años a ataques diferentes de los ataques militares convencionales. Por ejemplo, un ataque convencional sería un país que envía un misil al otro en contexto de guerra. Pero en el caso de los ataques híbridos no es fácil atribuirlos y existen muchas líneas rojas. No es fácil comprende si se trata de un ataque deliberado, una provocación o un accidente. Por ejemplo, hace un mes cayó en un edificio residencial en Armenia un misil ruso se presupone que fue un accidente, pero no es fácil determinar y tampoco es fácil determinar qué respuesta es una respuesta proporcional".
Si la opinión europea está cada vez más convencida de la necesidad de soberanía y de independencia en materia de defensa, es válido preguntar si estará de acuerdo con un gasto que seguirá incrementando y si estas inversiones no se harán en detrimento de otras urgencias, como la climática. En el 2025, el continente gastó 739.000 millones de euros en Defensa, un 14% más que el año anterior y el doble que hace 10 años.
"Yo creo que ese es un debate muy importante en las capitales europeas, dice Laura Lisboa. Pero no hay forma de invertir en defensa sin gastar mucho. Pero no es tan importante cuánto gastar sino cómo gastar. Y hay que pensar en qué tipo de armamento y si ese armamento es interoperable, si se puede funcionar con lo que ya tenemos y con lo de los demás países de la OTAN. Y también comprender a qué países vamos a comprar porque una vez los armamentos comprados somos dependientes por 30 o 40 años."
#Escala en París también está en redes
Un programa coordinado por Julia Courtois y Jesica Brumec. Realizado por Steven Helsly y Stéphane Défossez.
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