Es difícil pasar por alto el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos e Irán. Más allá de su dimensión geopolítica, este acuerdo entre Washington y Teherán también tiene importantes consecuencias económicas. La reacción de los mercados no se ha hecho esperar. Los inversores han acogido con entusiasmo esta perspectiva de distensión, lo que ha hecho que bajen los precios del petróleo y suban las bolsas.
El razonamiento es sencillo. Menos tensiones en Oriente Medio significan menos riesgos para el suministro mundial de petróleo, por lo tanto, un barril más barato y, a la larga, una inflación que se ralentiza. Pero este optimismo sigue siendo moderado. Porque el acuerdo sigue siendo parcial, frágil y está sujeto a numerosas condiciones políticas y técnicas. En otras palabras, los mercados han asimilado la idea de una tregua, mientras que la vuelta a una situación totalmente normal aún está lejos de ser un hecho.
¿Por qué el petróleo sigue siendo el epicentro de las tensiones inflacionistas?
Todo gira en torno al petróleo. El estrecho de Ormuz, por el que transita casi una quinta parte de la producción mundial, sigue siendo una arteria esencial para el abastecimiento energético de numerosos países, especialmente en Asia.
Cuando aumentan las tensiones en esta región estratégica, los precios del crudo suben rápidamente. Y este aumento acaba extendiéndose progresivamente a toda la economía: el transporte, la industria, la logística o incluso la alimentación ven cómo aumentan sus costes.
El efecto suele producirse con retraso. Incluso cuando los precios del petróleo empiezan a bajar, la inflación tarda varias semanas, o incluso varios meses, en ralentizarse realmente. Por eso, la actual caída del crudo no garantiza un retroceso inmediato de la subida de los precios.
China podría reavivar las tensiones en torno a los precios
Según varios analistas, la inflación podría incluso mantenerse más alta de lo previsto debido al papel que desempeña China. Durante la crisis, la ralentización de las importaciones chinas de petróleo iraní contribuyó a limitar la presión sobre el mercado mundial de la energía. Esta menor demanda ha actuado como amortiguador de los precios.
Pero si se confirma el acuerdo entre Washington y Teherán y Pekín vuelve a comprar más crudo, la dinámica podría invertirse rápidamente. La demanda repuntaría, el mercado petrolero se tensaría de nuevo y podrían reaparecer las presiones inflacionistas. La paradoja es, por tanto, real. Una tregua diplomática podría, a medio plazo, sostener los precios de la energía. Desde el punto de vista financiero, la noticia es tranquilizadora. Desde el punto de vista macroeconómico, parece mucho más matizada.
Si los flujos energéticos se reanudan en un mercado que sigue estando tenso, la caída del precio del petróleo podría ser limitada y la inflación resultar más persistente de lo esperado. Y es que los precios nunca responden tan rápidamente a los anuncios diplomáticos. Incluso cuando un conflicto se apacigua, deja tras de sí huellas duraderas: una energía más cara, mayores expectativas inflacionistas, cadenas de suministro debilitadas y bancos centrales obligados a mantener una política monetaria prudente.
El peor escenario parece alejarse hoy en día. Pero la vuelta a una economía plenamente estabilizada aún no está garantizada. Sin duda, ese es el sentido de esta secuencia: el conflicto se atenúa, pero la inflación podría sobrevivir varios meses más.
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