La actividad emprendedora global atraviesa un momento de expansión, pero con debilidades estructurales que ponen en riesgo su sostenibilidad. Así lo plantea el informe del Monitor Global de Emprendimiento (GEM) 2025/2026, que analiza el comportamiento de 53 economías en 2025.
Según el estudio, millones de personas optan por emprender en un contexto marcado por la incertidumbre económica, los cambios tecnológicos y las tensiones globales. Sin embargo, advierte que el verdadero desafío ya no es crear empresas, sino lograr que sobrevivan y crezcan.
Dentro de las causas es la persistente brecha entre emprendimientos nacientes y empresas consolidadas. Aunque en varias economías más de uno de cada cuatro adultos está iniciando un negocio, la proporción de empresas establecidas sigue siendo considerablemente menor, lo que evidencia dificultades en financiamiento, acceso a mercados y desarrollo de capacidades.
En este sentido, América Latina y el Caribe aparece como una región con alta intensidad emprendedora. Países como Brasil, Chile, México, Ecuador y Guatemala figuran entre las economías analizadas, muchas de ellas con niveles elevados de actividad temprana.
Sin embargo, esta dinámica suele estar impulsada por la necesidad más que por oportunidades de innovación. El propio informe señala que, en economías con presión sobre los ingresos, como ocurre en varios países de la región, los emprendimientos tienden a concentrarse en sectores de baja escala y menor margen de crecimiento.
A esto se suma el impacto de la transformación digital. Aunque herramientas digitales ya forman parte del ecosistema emprendedor, la adopción de inteligencia artificial sigue siendo desigual. En la mayoría de las economías, solo una minoría de emprendedores espera que la IA tenga un rol clave en sus negocios en el corto plazo, lo que abre una nueva brecha global.
El informe advierte que esta diferencia podría consolidar una economía de dos niveles: por un lado, emprendedores con acceso a tecnología avanzada y capacidad de escalar; por otro, negocios limitados a modelos tradicionales con menor productividad.
A pesar de estos retos, una parte creciente de los nuevos negocios incorpora objetivos sociales y ambientales, y la participación de jóvenes y mujeres continúa en aumento, especialmente en economías de ingresos medios.
Sin embargo, el estudio señala que solo 16 de las 53 economías evaluadas cuentan con condiciones suficientemente favorables para desarrollar negocios de manera sostenible, destacando la importancia de políticas públicas, educación y acceso al financiamiento.
En ese sentido, el caso latinoamericano refleja tanto el potencial como las limitaciones del fenómeno. La región destaca por su dinamismo emprendedor, pero enfrenta desafíos estructurales que impiden convertir esa energía en crecimiento económico sostenido.
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