Una reciente decisión judicial en Estados Unidos encendió las alarmas sobre el uso de inteligencia artificial en contextos legales. ¿De qué se trata el caso Heppner y por qué es relevante? Acento conversa con Ricardo Guell, Socio de Deloitte Legal.
El caso United States v. Heppner es un punto de inflexión importante. Un imputado utilizó una plataforma pública de inteligencia artificial para analizar su situación legal y generar documentos que luego compartió con sus abogados. Cuando intentó proteger esos documentos bajo el privilegio abogado-cliente, el tribunal rechazó su pretensión.
El argumento central fue que la interacción con una herramienta de IA no constituye asesoría legal y que, al involucrar a un tercero —aunque sea tecnológico— se pierde la expectativa de confidencialidad.
Es un fallo que merece atención, pero también análisis crítico.
¿Por qué crítico? ¿La decisión tiene fisuras?
Sí, y es importante señalarlo. Existen argumentos razonables para sostener que el uso de herramientas de IA podría asimilarse al de otros terceros necesarios para la prestación del servicio legal: peritos, traductores, plataformas de correo electrónico, procesadores de texto. Nadie diría que usar Gmail o Word implica perder el secreto profesional. Entonces, ¿por qué sería diferente con la IA?
Además, el análisis sobre la expectativa de confidencialidad es debatible. Hay que considerar cómo las personas realmente usan estas plataformas y cómo los "terceros" aprovechan la información que reciben. Y hay que tener presente que la decisión podría ser apelada, lo que abre la posibilidad de que tribunales superiores delimiten estos conceptos con mayor precisión. El caso Heppner no es una regla definitiva, pero sí una señal clara.
¿Cómo se traduce esto al contexto de República Dominicana?
El riesgo aquí es eminentemente práctico. En República Dominicana el uso de la inteligencia artificial en el ámbito legal ya es una realidad cotidiana, pero aún no contamos con marcos claros de regulación ni lineamientos formales. Eso traslada el riesgo directamente a las personas, a las organizaciones y a sus asesores, señala Guell.
En la operación diaria de muchas empresas ya es común que colaboradores usen herramientas de IA para resumir contratos, analizar cláusulas o redactar comunicaciones legales. Sin políticas internas claras, eso puede implicar que información sensible —términos comerciales, estrategias de negociación, datos personales— esté siendo compartida con terceros sin que la organización lo sepa ni lo controle.
¿Qué preguntas deberían hacerse las empresas dominicanas hoy?
Hay tres preguntas fundamentales que muchas organizaciones aún no han abordado de forma estructurada, destaca Guell. Primera: ¿qué tipo de información puede compartirse en estas plataformas? Segunda: ¿se están utilizando versiones públicas o entornos controlados? Y tercera: ¿existen políticas internas que regulen su uso en contextos legales o contractuales?
Si una empresa no tiene respuestas claras a estas tres preguntas, está operando con un riesgo que no ha sido gestionado.
¿Cómo están respondiendo las organizaciones más avanzadas a estos desafíos?
Las organizaciones que van a la vanguardia ya están adoptando marcos de gobernanza que les permiten aprovechar los beneficios de la IA sin comprometer la confidencialidad ni la gestión de riesgos legales. "Eso implica políticas internas claras, capacitación de equipos y protocolos específicos para el uso de estas tecnologías en funciones legales", precisa el especialista.
La inteligencia artificial no debe entenderse como un sustituto de la asesoría legal. Es una herramienta poderosa, pero que requiere estructura, criterio y supervisión profesional.
¿Cuál es su mensaje final para los operadores jurídicos y las empresas de la región?
Que el caso Heppner, más allá de su resultado concreto, nos recuerda algo esencial: el secreto profesional es un pilar del ejercicio de la abogacía, y su protección exige que seamos cuidadosos con cada herramienta que incorporamos a nuestra práctica. La tecnología avanza más rápido que la regulación, y en ese espacio intermedio es donde se generan los riesgos.
Mi mensaje es simple: aprovechen la IA, pero háganlo con una estrategia bien definida.
Ricardo Guell es Socio de Deloitte Legal, especialista en derecho comercial y corporativo, fusiones y adquisiciones, reestructuraciones corporativas y financiamiento. Cuenta con más de 19 años de experiencia asesorando a clientes en Costa Rica y la región, y lidera las prácticas legales de Nicaragua y Honduras. Es Licenciado en Derecho por la Universidad de Costa Rica (UCR), con especialidad en Derecho Notarial por la Universidad Fidelitas y una Maestría en Derecho (LLM) de Tulane University.
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