El mundo corporativo tiene un problema de espejo: se ve más seguro de lo que está. Un estudio global de Deloitte reveló que el 78% de las organizaciones sufrió al menos una brecha de ciberseguridad durante 2025, mientras que el 85% afirma confiar plenamente en su estrategia de protección digital. La contradicción no es menor: solo el 70% ha implementado acciones concretas de preparación, lo que deja expuesta una brecha de 15 puntos porcentuales entre percepción y ejecución que, en el mundo de las amenazas digitales, puede costar millones.
¿Por qué las empresas creen que están protegidas cuando los datos dicen otra cosa?
La quinta edición del informe Global Future of Cyber de Deloitte —elaborado con la opinión de 1,058 líderes de negocio y tecnología en 43 países— retrata una madurez estratégica que aún no se traduce en capacidad operativa real.
Más de la mitad de las organizaciones (54%) ha integrado la ciberseguridad en sus planes estratégicos, y el 76% de los directores de seguridad de la información (CISO) reporta tener acceso directo a la alta dirección. Los presupuestos crecen: el 85% de las empresas aumentó su inversión en el último año y el 88% prevé hacerlo de nuevo en los próximos doce meses.
Sin embargo, la confianza declarada no se traduce automáticamente en resiliencia. "Las organizaciones han avanzado significativamente en la construcción de estrategias, obtención de presupuesto y alineación con la alta dirección. Sin embargo, el reto actual consiste en transformar esa confianza en capacidades operativas que permitan responder con agilidad a amenazas cada vez más sofisticadas", advierte el informe.
¿Qué tan grave es una brecha de ciberseguridad hoy?
El impacto de los incidentes parece estar disminuyendo —aunque no desapareciendo. El porcentaje de organizaciones que reportó consecuencias negativas importantes cayó de 64% a 52% respecto al año anterior, y las afectaciones operativas bajaron de 66% a 58%.
La lectura optimista es que las empresas responden mejor. La lectura crítica es que el 78% de las organizaciones sigue siendo vulnerada, y que una de cada dos todavía sufre consecuencias significativas cuando ocurre un incidente.
En términos de amenazas, el ranking sigue dominado por los clásicos: ransomware, malware y exfiltración de datos. Pero emerge con fuerza una categoría nueva: el uso adversario de la inteligencia artificial, que ya figura entre las principales preocupaciones de los equipos de seguridad consultados.
¿Qué papel juega la inteligencia artificial en la ciberseguridad de 2026?
La IA está redefiniendo el campo de batalla en ambas direcciones: como herramienta de defensa y como arma de ataque.
El 76% de las organizaciones ya trabaja con proveedores que incorporan capacidades de inteligencia artificial en sus servicios de seguridad. Cerca de tres cuartas partes han actualizado sus programas internos para aprovechar el análisis avanzado de amenazas y la supervisión automatizada.
Pero esa misma tecnología está siendo weaponizada. Los actores maliciosos utilizan IA para automatizar ataques, personalizar phishing a escala industrial y evadir sistemas de detección tradicionales. El estudio no lo dice con eufemismos: el uso indebido de la IA ya es una amenaza de primer orden.
¿Por qué las empresas dependen cada vez más de terceros para su seguridad?
El ecosistema de ciberseguridad se está externalizando aceleradamente. El 74% de las organizaciones aumentó el número de socios tecnológicos de seguridad durante el último año, y el 85% prevé seguir ampliando esa red en los próximos cinco años.
Esto refleja la complejidad creciente del entorno digital: ninguna organización puede cubrir sola todo el espectro de amenazas. Pero también introduce nuevos riesgos: más proveedores significa más superficies de ataque, más dependencias y más puntos de falla potencial en la cadena de suministro tecnológica.
¿Cuál es el mayor obstáculo que enfrentan las organizaciones para estar realmente seguras?
La escasez de talento especializado sigue siendo el principal cuello de botella. No es un problema de dinero —los presupuestos crecen— sino de capital humano: no hay suficientes profesionales formados para operar los sistemas, interpretar las alertas y responder a los incidentes con la velocidad que las amenazas actuales exigen.
Luis Artavia, socio líder de asesoría y consultoría de Deloitte, ofrece una hoja de ruta: "La transformación digital funciona mejor cuando se aborda como un proceso progresivo. Primero, la organización construye una base sólida: procesos claros, datos confiables y estructuras bien definidas. Luego, desarrolla consistencia operativa: cultura, liderazgo y disciplina. Finalmente, integra tecnologías avanzadas como la IA para escalar capacidades".
El informe de Deloitte llega en un momento en que los gobiernos de América Latina y el Caribe —incluida República Dominicana— avanzan en marcos regulatorios de protección de datos y ciberseguridad, aunque con rezago respecto a la velocidad de las amenazas. La región enfrenta además una escasez estructural de profesionales en seguridad informática, lo que amplifica la brecha entre estrategia y ejecución que el estudio identifica a nivel global.
Para las organizaciones dominicanas, el dato más relevante del informe no es el porcentaje de brechas —que puede parecer lejano— sino la advertencia sobre la distancia entre confianza y preparación real: creer que se está protegido sin haberlo verificado operativamente es, en sí mismo, un factor de riesgo.
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