La estabilidad de una nación se construye en la solidez de su base productiva. Es en el tejido invisible, pero vital, de su clase media donde se asienta el verdadero potencial de transformación. En este contexto, las actividades de vinculación comercial se alzan como un mecanismo estratégico para abordar uno de los retos estructurales más persistentes de la República Dominicana: la informalidad.

Durante décadas, la informalidad ha servido de refugio a quienes, por falta de oportunidades, educación o acceso a financiamiento, encontraron en la economía paralela la única vía de sustento. Pero esa informalidad, si bien provee una subsistencia inmediata, a la larga socava la productividad, limita la innovación y perpetúa la exclusión social. No se trata, por tanto, de erradicar al trabajador informal de la noche a la mañana, sino de construir paso a paso las condiciones para que transite de forma natural hacia un modelo de inclusión, estabilidad y crecimiento.

Aquí es donde los espacios de vinculación comercial cobran un protagonismo determinante.

Crear espacios que permitan la conexión entre productores, emprendedores, distribuidores, consumidores e instituciones no solo dinamiza la economía, sino que genera un efecto dominó que impacta positivamente en toda la estructura social. La vinculación comercial no es solo una transacción puntual; es la creación de una red de apoyo y reciprocidad económica. Y en una red bien tejida, el valor se multiplica, el riesgo se reduce y las oportunidades se maximizan.

Una microempresa o un emprendedor que accede a canales de comercialización formales, que entra en contacto con suplidores estables y mercados más amplios, da su primer paso hacia la formalización. Y cuando se formaliza, puede acceder a crédito, puede crecer, puede contratar, puede innovar. Así se nutre la clase media. Así se fortalece el tejido productivo nacional. Así crece la República Dominicana.

Este tipo de vinculaciones no ocurren de manera espontánea. Requieren de una visión estratégica y de entornos propicios. Requieren de la creación deliberada de ecosistemas comerciales que integren actores diversos, con reglas claras, con incentivos bien definidos y con un marco institucional que premie la transparencia y la competencia justa. Requieren, en definitiva, de políticas públicas orientadas a fomentar la articulación productiva, como las venimos desarrollando en la actualidad.

Los países que han logrado avanzar con paso firme hacia la consolidación de una clase media robusta han entendido que el desarrollo no es una suma de individualidades, sino una obra de todos. La República Dominicana, con su ubicación estratégica, creciente sofisticación industrial y apertura a la inversión, cuenta con todo lo necesario para convertirse en el ejemplo regional que no solo habla de crecimiento económico, sino que lo traduce en bienestar tangible para sus ciudadanos.

La vinculación comercial es el vehículo idóneo para lograr el fortalecimiento de todo el aparato productivo nacional. Cuando un productor local se integra a una cadena de suministro nacional o internacional, cuando un emprendedor logra colocar sus bienes o servicios en plataformas organizadas y competitivas, reduce su vulnerabilidad y aumenta su capacidad de contribuir activamente al desarrollo del país.

Es también, en última instancia, una apuesta por la democracia. Porque no hay democracia sólida sin ciudadanos empoderados, sin una clase media que participe, que proponga, que defienda sus derechos y que asuma responsabilidades. La formalización no es solo un asunto económico, es un pilar de la institucionalidad.

República Dominicana tiene ante sí una oportunidad histórica. Consolidar su papel como líder del Gran Caribe exige no solo mirar hacia el exterior, sino fortalecer hacia dentro. Y para ello, es indispensable que se comprenda que el dinamismo económico, la inclusión productiva y la cohesión social comienzan con algo tan básico, pero tan poderoso, como conectarnos mejor entre nosotros. La vinculación comercial es más que una herramienta: es una estrategia de nación.

Octavio Landolfi

Servidor Público

Internacionalista. Licenciado en Relaciones Internacionales con Maestrías en Educación. Especialista en Geopolítica y Desarrollo de Mercados.

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