Siguiendo el eco de pensamientos inspirados en movimientos que llegan desde una sabiduría antigua, como susurros de las profundidades de lo subterráneo (del underground) y articulados desde la raíz, existe una premisa ancestral muy antigua que dicta: "Si queremos sobrevivir en la Tierra, necesitamos unir nuestras raíces a otras raíces".
Me gusta encontrarme abriendo la fisura y entrando en ese poder de lo subterráneo, que es también colectivo.
De nuevo me sitúo en el paisaje de la Bienal de São Paulo, esta vez escuchando y observando las manifestaciones colectivas de la energía creativa, en movimiento…
Vilanismo, colectivo masculino participante en esta bienal, llamó desde lo ritualístico y lo insurgente… y yo, atendí.
Este conjunto de villanos son artistas negros que desafían estructuras desde la esencia. La figura central en este movimiento es "el villano".
Entonces, ¿quién sería el villano? Desde la semántica: sería un redireccionamiento en el sentido dado a la palabra acusadora y deslegitimante para hacerla enaltecedora, y desde lo simbólico, el Vilanismo es una hermandad de artistas comprometidos, villanos, hombres negros que, partiendo de diferentes recorridos artísticos y académicos, además de un estudio de la historia intelectual negra universal, se sitúan frente al espejo brasileño y se ven reflejados allí como esas figuras exuberantemente articuladas, atentas, sofisticadas, delicadas y altamente educadas que años atrás sería inconcebible ver sin la apertura a los títulos universitarios, especializaciones y privilegios que trae el acceso a la educación.
Dentro del proceso de autoconocimiento y autoconstrucción, los villanos van en búsqueda de los linajes y las prácticas ancestrales, que parecen encontrarse en la historia transatlántica como referente inicial para esta resignificación del arquetipo del villano. Sobrepasando obstáculos personales y colectivos, creando su historia a partir de nuevas maneras de ver, de sentir y de ser parte del mundo como masculino.
Esta hermandad de hombres negros afavelados (provenientes de las periferias de la ciudad) son, entre muchas cosas más, la manifestación encarnada de las políticas públicas, ley de cuotas raciales, consolidadas en Brasil durante el gobierno de Dilma Rousseff en 2012, como manera de enfrentar el racismo estructural en la educación brasileña. Estas medidas fueron creadas para corregir desigualdades históricas, expandiendo el acceso de negros, pardos, indígenas y personas de bajos recursos a la educación superior. No obstante, los debates sobre las acciones afirmativas fueron iniciados durante el gobierno de Lula da Silva en 2003-2010. Por lo tanto, es dentro del mismo gobierno, en 2004, que se creó el programa Universidad para Todos (ProUni), que ofrecía becas en universidades privadas para estudiantes de bajos recursos, incluyendo criterios raciales. De la misma manera, la ley de cuotas de 2012 obligó a las universidades públicas federales a reservar 50 % de sus plazas para estudiantes de escuelas públicas, con subcuotas para estudiantes negros, pardos, indígenas y personas de renta reducida, según la proporción racial del estado.
Así, se fue creando acceso a la educación para comunidades que antes no eran consideradas como receptoras de estos derechos. No obstante, São Paulo fue uno de los estados más reticentes a adoptar cuotas raciales, mostrando así la fuerza de los prejuicios raciales en la ciudad.
El perfil del "villano", en esta narrativa social excluyente, es sustentado y alimentado por los medios que refuerzan el estereotipo del negro como marginal, criminal, sensualizado o sumiso.
De esta manera, el ciclo de racismo se basa en que la presencia del negro en la ciudad sea vista como incómoda, como algo que necesita ser vigilado, controlado o eliminado.
En una ciudad como São Paulo, esto es aún más evidente, pues la segregación espacial y la vigilancia policial refuerzan la idea del negro como amenaza urbana. Según la antropóloga Lélia Gonzalez, el racismo brasileño opera por medio de la omisión (invisibilizando la presencia y las contribuciones de la población negra), la negación (rechazando la existencia del racismo, sustentando el mito de democracia racial brasileña) y por medio de la naturalización de la inferioridad del negro (que acepta esta premisa como parte normal e inevitable de la sociedad).
Es a partir de ese disfraz de normalidad, de esa naturalización, que el negro se transforma en villano simbólico. Por lo tanto, se torna enemigo público, desde el símbolo. A partir de esta construcción social.
De conformidad con este escenario donde el cuerpo joven, negro, urbano, es un reservorio histórico de tantas proyecciones dirigidas e intencionadas hacia él, ¿cómo se vivirá y cómo se gestionará el cotidiano desde ese mismo cuerpo, hoy?
Yo solo imagino cómo tendría que blindarse somática, emocional, psíquica y físicamente para sobrevivir… aún más para florecer en medio de tanto concreto y tanta hostilidad.
Y, aun así, imagino cómo desde su soledad puede estar lleno de fragilidades y acompañado por el miedo de no ser lo suficientemente fuerte para seguir.
Y, sin duda viviendo, recordando que ante todo, él no puede titubear.
"Él puede ser de todo, puede abandonar a su novia, ser descarado, pero nunca puede ser débil, él tiene que ser fuerte": Conceição Evaristo nos alerta sobre la soledad del hombre negro.
Consecuentemente, es a partir de ese lugar de fragilidad, de reconocerse y permitirse ser vulnerable que Vilanismo, colectivo masculino de artistas, florece.
Fue durante la pandemia en 2021 que el germen de crear algo en código plural que reconociera, valorara y dignificara sus versiones de masculinidad comenzó a emerger, como fruto natural de solidaridades nacidas para sortear la vida y para ir más allá de ella.
En el Vilanismo, el cuidado mutuo resalta como principio de preservación, y este a su vez ramifica otras prácticas colectivas, como actividades construidas en base a la comunidad inmediata, en esa construcción de un movimiento masculino, reclamando su lugar, su derecho a la ciudad, un espacio donde su naturaleza sea reconocida, aceptada y respetada.
Altamente conscientes y críticos, los villanos nos explican que, en su habitar la africanidad ancestral, las hermandades se posicionan, desde siempre, como un dispositivo tecnológico ancestral, una tecnología de la compañía!
La unión a través del riesgo, su lema: "El riesgo nos une"!
Autoafirmándose, dueños de sí, de su historia, de su narrativa en construcción, estos quilombolas o cimarrones contemporáneos, guiados por sus mitologías personales en constante movimiento y transformación, y acompañados por la fuerza ancestral en cada acto cotidiano de cuidado, solidaridad y apoyo mutuo… cohesión, pertenencia y celebración de las singularidades, en respuesta y/o a pesar del desamor estructural y rechazo histórico del que han sido blanco. Resistencia masculina a su manera, con el arte como vehículo en reivindicación de la experiencia comunal de los quilombos y ‘medicina’ ante estructuras sociopolíticas en necesidad de mudanza.
Es aquí y ahora que el villano abre la fisura para dejarnos ver, sentir y soñar más claramente otras versiones de masculinidad negra. Redireccionando el sentido del arquetipo, el villano es escritor de su historia, en sus propios términos, a su manera, siendo símbolo vivo y en movimiento, desde y hacia lo colectivo, donde se alimenta, refugia y sustenta.
Este nuevo territorio de producción epistemológica se proyecta desde la 36.ª Bienal de Arte de São Paulo como centro de operaciones y alianzas. La instalación de Vilanismo llamada "Os meninos não sei que juras fraternas fizeram" / "Los muchachos, yo no sé qué juramentos fraternos hicieron", tomada de la historia de la escritora Conceição Evaristo "A gente combinamos de não morrer" / "Nosotros acordamos no morir", es la expresión de esa colectividad de resistencia, frente a la violencia estructural contra la población negra, articulada en forma de taller artístico e intelectual, donde cada uno de ellos une su creación al todo: esculturas, fotografías, pinturas, collages, performances, mueblería, dibujos y más… caminan juntas con esa fuerza noble que las sustenta, encontrando su lugar en esos cuestionamientos, mostrando la importancia fundamental del arte como arma contra la opresión.
Iluminados bajo la obra a Exú, dueño y regente del movimiento y la transformación desde la mitología yoruba, además de guardián de las encrucijadas, mensajero entre lo humano, lo divino, entre lo visible y lo invisible. Dinámico y disruptivo, Exú es el principio ancestral insurgente, libertador y creativo; que en otros lugares de la diáspora africana, como Cuba y Haití, se conoce como Legbá, adaptándose a la religiosidad afrodescendiente de la Regla de Ocha y el Vudú. Exú fue el primer orixá creado y es el responsable de abrir los caminos…
El villano, desde esta resignificación a partir del Vilanismo, es ese ser que va más allá de sí mismo, como si se tornase un ecosistema, alimentándose del desenvolvimiento habilidoso de características ancestrales asignadas a Exú, manifestadas también en figuras simbólicas contemporáneas como el trickster —astuto, ambiguo, liminal, transgresor, juguetón, provocador— y el MC (maestro de ceremonias en la cultura hip hop), que juega con el lenguaje creando y organizando mundos desde la palabra.
El villano cultiva los afectos masculinos de amistad, intimidad y colaboración creativa.
Él florece en su ecosistema que, a su vez, florece de sí y se vuelve colectivo, en el Vilanismo, manifestando posibilidades de habitar el mundo desde la identidad masculina, impregnándonos de la fuerza que proyecta con su actuar, para que sigamos creyendo en el futuro.
¿Podremos vernos reflejados en la piel del villano?
¿Podremos aceptarlo, entenderlo, respetarlo?
¿Conseguiremos soñar sueños inclusivos que valoren lo diverso y lo diferente?
¿Crearemos conciencia en nosotros mismos para no participar en las sombras colectivas que arrastran la belleza de la vida, creando violencia, separación, exclusión y racismo?
El arte es un buen camino para seguir cuestionándonos… y sus puertas están abiertas para dejarnos ver la diversidad del mundo, a través de fisuras como la creada por el Vilanismo… tocando nuestra sensibilidad, inspirándonos a afirmarnos en la vida, como ellos lo hacen…**
**Referencias
Martínez, A. (2025). Entrevista con Vilanismo. São Paulo: Archivo personal del colectivo Vilanismo. Romo, A., & Dennis, J. (2024). Entrevista con Vilanismo. São Paulo: Archivo personal del colectivo Vilanismo.
Gonzalez, L. (1988). Racismo e sexismo na cultura brasileira. In L. Gonzalez, Primavera para as rosas negras (pp. 9–25). Rio de Janeiro: Zahar.
Fundação Bienal de São Paulo. (2025). Catálogo da 36ª Bienal de São Paulo: Movimentos do Imaginário. São Paulo: Fundação Bienal.
Evaristo, C. (2014). A gente combinamos de não morrer. In C. Evaristo, Olhos d’água (pp. 45–52). Rio de Janeiro: Pallas Editora.
Brasil. (2012). Lei nº 12.711, de 29 de agosto de 2012. Dispõe sobre o ingresso nas universidades federais e nas instituições federais de ensino técnico de nível médio. Diário Oficial da União.
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