En el año de 1924, el doctor Ramón Báez, rector de la Universidad fue separado del cargo por una decisión judicial que llevó a la rectoría al doctor Octavio del Pozo. En 1924 el doctor Báez publicó un libro exponiendo sus logros y argumentos de los 10 años transcurridos desde la transformación del Instituto Profesional en la Universidad de Santo Domingo.
Separado por decisión del Consejo Nacional de Educación de la rectoría de la Universidad — medida controvertida ante los tribunales de la República — el Dr. Báez reúne en estas páginas los datos que demuestran la labor universitaria realizada de 1914 a 1924, fieles exponentes de los empeños con que ese primer centro docente concurrió al desenvolvimiento de las fuerzas intelectuales del país. El desarrollo cultural alcanzado se acredita en el campo de las ciencias por los numerosos graduados en todas las facultades y la población universitaria que desfiló por las austeras aulas que en otros tiempos granjearon para esta ciudad el merecido renombre de Atenas del Nuevo Mundo. Este libro no es de combate, sino la exposición entusiástica de quien un día, como jefe del Estado, cristalizó el restablecimiento de la Universidad, promulgó el Código de Educación y tuvo la honra de dirigirla durante dos lustros. Acepte la generación presente este esfuerzo como alto testimonio de la devoción y eficiencia que puso el cuerpo de catedráticos de la Universidad de Santo Domingo durante la década señalada, por contribuir a la transformación moral del pueblo dominicano.
El Dr. Ramón Báez, en su calidad de presidente provisional de la República, promulgó dos decretos fundamentales que dieron vida a la Universidad de Santo Domingo. El primero, de fecha 16 de noviembre de 1914, transformó el Instituto Profesional — creado por resolución ejecutiva del 31 de diciembre de 1866 — en Universidad de Santo Domingo, fijando el 29 del mismo mes para su instalación solemne. El secretario de Estado de Justicia e Instrucción Pública, J. B. Peynado, quedó encargado del cumplimiento del decreto. El segundo decreto, del 24 de noviembre de 1914, donó a la Universidad un área de terreno de 14 962 metros cuadrados en el lugar denominado "La Generala", obtenida por el Estado en octubre de 1911, señalando el 27 de febrero siguiente — aniversario de la Independencia Nacional — para colocar la primera piedra del edificio. Los secretarios de Estado de Hacienda y Comercio, Dr. S. B. Gautier, y de Justicia e Instrucción Pública, J. B. Peynado, quedaron encargados de la ejecución.
En su discurso, el Dr. Báez evocó la historia de la primera universidad de América: la Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, cuya intensa labor conquistó para la Primada de América el glorioso dictado de Atenas de las Antillas. Cuba, Venezuela y Puerto Rico recibieron su saludable influencia. Numerosa juventud de las Antillas y de Costa Firme acudió a sus aulas, y aun después de creada la Universidad de Venezuela en 1721, muchos estudiantes se presentaban a Santo Domingo para recibir sus grados, considerando honrosos los títulos que ella libraba. Recordó también cómo en 1815 el Dr. Valera, con la colaboración del ilustre Dr. José Núñez de Cáceres, restauró la antigua Universidad de Santo Tomás de Aquino, hasta que la invasión de Haití la hizo desaparecer. Desde entonces, las interminables luchas — la Independencia, las contiendas civiles, la gloriosa guerra de Restauración — apenas permitieron echar las bases de la enseñanza académica, hasta que el Instituto Profesional fue establecido por el reglamento del 31 de diciembre de 1866 y confirmado por la ley orgánica del 12 de julio de 1882.
En ese momento existían 6 facultades y 82 estudiantes inscritos, y fue la base para lo que es hoy la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
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