Debemos reconocer que el presidente tomó la decisión a tiempo, frente a la situación que se produjo, y que aún no ha terminado, pues siguen las amenazas de la empresa, sus aliados y socios. Sin embargo, en esa batalla de San Juan está todo el país. No podrán explotar la mina en RD.

Aunque el mandatario debió proyectar a futuro inmediato los siguientes acontecimientos de las próximas jornadas que se avecinaban. De esa manera, el impacto político que se produjo, causado por el levantamiento popular, nacional e internacional, pudo haber sido menor. Todavía no se ha medido la dimensión de los efectos de ese evento. Podría ser mayor de lo imaginado.

Llama poderosamente la atención que mientras el presidente aguardaba para tomar la decisión pertinente sobre el caso, imprudentemente, un día antes del hecho, uno de sus funcionarios relacionados con el área en cuestión, es decir, la posible explotación o no de la mina de oro en San Juan, declaraba a la prensa que el presidente esperaba el informe de la "comisión" para iniciar la altamente conocida, "bondadosa" y "beneficiosa" operación para extraer el codiciado mineral. Nada más imprudente. Los asuntos de Estado no se manejan de esa manera.

Es altamente sospechoso que la empresa sugiera que la Academia de Ciencias de la República Dominicana forme parte de la comisión creada para explotar la mina de oro en dicha provincia, cuando esta prestigiosa institución ha estado presente en todas las luchas en las que el país ha estado luchando por la defensa de sus recursos naturales. Esperemos a ver qué ocurre.

Debemos reconocer el papel de la Comisión Ambiental de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) por sus aportes técnicos y científicos sobre la realidad hídrica de la zona y las consecuencias derivadas, si ocurriera la explotación del oro en Romero y otras áreas aledañas concesionadas a dicha empresa.

Un día después del desarrollo del más reciente evento, la prensa nacional recogió la verdadera dimensión de este hecho cívico que la historia registrará en sus páginas.

El pueblo dominicano ha hecho una lectura correcta del primer y segundo evento cívico y social ocurrido recientemente en San Juan de la Maguana. En ambos casos, el pueblo se convocó a sí mismo. No se puede definir de otra manera, ¿pues qué sería de esta provincia sin la producción agropecuaria y sin sus ríos? Esto es también válido para todo el suroeste del país.

Por esa razón, y no otra, fue que toda la nación dominicana se puso de pie, desafiante e invencible, para luchar en favor de su propia defensa. El mensaje está claro. Las acciones mediáticas deben apuntar para otro lugar.

Mientras los dominicanos, tanto los que vivimos en nuestro terruño como los hermanos nuestros de la diáspora, nos sentimos convocados e invitados, en un acto lleno de coraje y patriotismo, a integrarnos a las actividades cívicas, legales y justas para hermanarnos como compatriotas y marchar en una sola dirección por el bien común, no solamente de una provincia y una región heroicas, sino por la dignidad y solidaridad de todo un pueblo.

En la lucha de San Juan estuvo, está y estará la lucha justa de toda la nación. Esa es la lectura de todos los dominicanos. Y en esto hay que destacar la valentía y solidaridad de la diáspora dominicana. Esa es la lectura que muchos de los funcionarios del Gobierno en el Palacio Nacional, y fuera de él, debieron hacer frente a los hechos ocurridos en esa provincia del sur.

Yo estoy entre los dominicanos y dominicanas que queremos que el presidente Luis Abinader termine bien su obra de gobierno. Así lo hicimos con el Dr. Leonel Fernández, Hipólito Mejía y Danilo Medina. Ningún ciudadano normal aspiraría a que un gobierno, no importa el color de su partido, fracase en su gestión al frente del Estado. De suceder, también él fracasó, y fracasó el país.

Rafael Nino Féliz

Educador

Nacido en El Cachón, Barahona. Graduado de Licenciado en Educación con mención en Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo UASD. Se desempeñó como técnico de varios departamentos del Ministerio de Educación. Director de Organización de la Oficina de Desarrollo de la Comunidad (ODC). Director de la Dirección de Bienestar Estudiantil; Tesorero General y dos veces Vicerrector de Extensión. Actualmente docente en las cátedras de Teorías y Crítica de la Literatura y Letras Básicas. Ha publicado más de diez libro de poesía.

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